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Sweet land of liberty

Antonio Mosquera Aguilar http://registroakasico.wordpress.com

Al pie de la estatua de la libertad se encuentra el poema de Emma Lazzarus *1849 +1887. En su final se lee: ¡Dadme a vuestros rendidos, a vuestros pobres!/ Vuestras masas hacinadas anhelando respirar en libertad./ El desamparado desecho de vuestras rebosantes playas/ enviadme a estos, los desamparados,/ sacudidos por las tempestades a mí/ ¡Yo elevo mi faro, a la par de la puerta dorada!

En la década de 1830 arribaron más de medio millón de viajeros a Estados Unidos, provenían de Gran Bretaña, Irlanda y Alemania. A partir de 1840 se sumaron suecos, noruegos y holandeses, y después de 1850 provenían de toda Europa y se estiman en dos millones. La fiebre del oro hizo que viajaran chinos y mexicanos a California. De 1855 a 1890, la oficina migratoria de New York había atendido a ocho millones de personas. Entre 1892 a 1954 ingresaron 12 millones de extranjeros, la mayoría era retenida en la isla Ellis, donde se ofrecía atención médica, un curso rápido de inglés e historia. En los últimos tiempos, los números de quienes ingresan se cuentan en millones, cubanos, mexicanos y centroamericanos, principalmente. Sin embargo, siempre ingresan europeos y asiáticos.

La migración hizo grande a EE. UU. Gente dispuesta al trabajo honrado. Los del África fueron esclavizados. Los nórdicos califican de protesta el abandono del país. Los trabajadores impulsaron muchas luchas sociales, pero fueron reprimidos. En el siglo XX se había conseguido consolidar una base industrial amplia, abastecedora de la creciente población rural. La expansión de los campesinos europeos en las grandes llanuras fue épica. Dotados con nueva tecnología agrícola, desplazaron a los cazadores recolectores nativos. Muchas veces, con actos de genocidio.

Las concentraciones urbanas fueron un aliciente para la naciente industria. Al final se impuso el desarrollo industrial sobre las plantaciones esclavistas. Jamás se abandonó el mar. Al inicio la relación fue con el rico Caribe y Europa. Después alcanzó el Asia. Se proclamó la libertad de comercio, algunas veces excesiva, pues incluía drogas. Como la segunda guerra del opio, en China.

El ejército de EE. UU., fundado en la guerra de independencia, 1775 a 1783, se consolida con la guerra de secesión 1861 a 1865. Siempre está en hostilidades. Al inicio, en la expansión territorial; y después, en todo el mundo. Los inmigrantes y sus hijos han sido la carne de cañón, pues proveen una interminable reserva humana dispuesta al sacrificio.

La tendencia bélica de su élite gobernante se puede notar en el cambio de la canción patriótica al himno actual. La inicial Mi país reunión de todos, dulce tierra de libertad, cedió su lugar en 1931 a Bandera tachonada de estrellas. A la primera se le habían añadido estrofas, algunas de protesta. Por lo que se prefirió al segundo, porque alude a prevalecer en medio de la batalla. Los inmigrantes han llevado a esa bandera en batallas victoriosas antes y, ahora, de dudoso resultado.

La declinación se debe a malos dirigentes. Cuando la grandeza surgió de la migración, negarla supone la decadencia. Los culpables son un grupo de supremacistas blancos. Se olvida la afirmación de la nación como crisol de razas. Actualmente son superados en productividad en muchas partes del mundo y por su vecino México. Se agrede a los vecinos que podrían integrarse en un gran territorio continental donde se podría compartir el bienestar social en el futuro, cuando se homogenizaran las condiciones económicas. Un continente de repúblicas como se afirma en la tergiversada frase de Monroe: América para los americanos.

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