Escenario de vida

Un tren al Mirador

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El Mirador y su cuenca, localizada al norte de Petén, es donde encontramos las pirámides más grandes en masa del planeta, y las primeras supercarreteras construidas en nuestro globo terráqueo que conectan con miles de templos alrededor de las ciudades mayas recientemente descubiertas.

El doctor Richard Hansen, que ha trabajado incansablemente en el sitio por más de 40 años, insiste en declararlo como “área silvestre de conservación”. Esto implica un cambio legal actual, pues el área está ocupada por concesiones forestales que han detenido de forma exitosa los incendios y han cuidado el bosque que todavía está en pie.

El modelo de las concesiones ha ganado premios internacionales, pues se vende madera certificada y controlada, y es hoy por hoy una barrera natural para detener invasiones al Mirador. A pesar de ello, El Mirador sigue siendo amenazado con caza furtiva, tala ilegal y robo de piezas por el lado mexicano. Esta situación nos deja pensando.

El doctor Hansen reconoce el trabajo de los concesionarios, pero propone que dejen fuera el manejo forestal y solo se concentren en cultivar productos no maderables, como el chicle, xate, pimienta entre otros. Sin embargo, dejar de lado el manejo forestal les implicaría un serio desgaste en la economía, lo que el arqueólogo afirma que recompensaría. Lo ideal sería que ambos trabajasen de la mano para buscar juntos las soluciones.

Si usted aún no conoce El Mirador, no sabe lo que se pierde. Si le gusta la aventura viajará dos días y medio a pie y con mulas, todo en medio de la selva y acampará durante estrelladas noches para finalmente llegar a las majestuosas pirámides. Los monos aulladores le recibirán gozosos. Luego le espera la travesía de regreso, por otros dos días y medio.

Si no puede viajar a pie por algún impedimento físico, tomará un helicóptero —si se lo permite su presupuesto— y si no, simplemente tendrá que ver esta maravilla por fotos o en video. Construir una carretera en medio de la selva sería un total disparate por las invasiones, el saqueo y la deforestación, tal y como lo hemos podido ver en la Laguna del Tigre.

No obstante, si ha viajado a Machu Picchu verá que los turistas llegan fascinados por medio de un tren. ¡Así que soñemos! Imaginemos un tren de bajo impacto, pero con seguridad, con vagones que contengan asientos y mesitas cómodas para la gente mayor. Tendría aire acondicionado y hasta sanitarios. Por ende, imagino un tren formal llegando a estaciones colocadas en varios sitios arqueológicos con pequeños centros de visitantes y hasta hostales donde los turistas podrían pernoctar, antes de continuar con su viaje. Los boletos del tren los podríamos adquirir en el Aeropuerto de Flores, y nuestra visita dejaría buenos dividendos a Guatemala y a los comunitarios.

Sin embargo, el tren que sugiere el doctor Hansen es al estilo Disney. Un pintorezco trenecito con techo, y asientos al aire libre, operado a base de gas propano. El recorrido empezaría en Carmelita recorriendo muchos vestigios mayas en su ruta. Pero por las largas horas de recorrido y el calor, ¿no sería mejor un tren formal y arrancando desde Tikal donde la logística de transporte para los turistas ya está organizada? ¿Un tren de vapor que no contamine y que permita atender bien a los turistas y a la gente mayor que necesita comodidad para levantarse, mover sus piernas y comer?

El arqueólogo manifiesta que nos queda el último tramo de bosque tropical lluvioso de América Central —1.6 millones de acres en el sistema, 810 mil acres en el lado de Guatemala— siendo un refugio para la flora y fauna tropical. ¿Le apostamos al tren?

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