El Tintal, la ciudad preclásica de los canales.

Esta urbe de la Cuenca de El Mirador tuvo un gran foso que resguardó la zona donde vivió la élite.

La principal característica del sitio es el foso que rodea la zona que ocupó la élite. (Infografía Prensa Libre: Kevin Ramírez /Fares-Proyecto Cuenca Mirador).
La principal característica del sitio es el foso que rodea la zona que ocupó la élite. (Infografía Prensa Libre: Kevin Ramírez /Fares-Proyecto Cuenca Mirador).

Uno de los sitios monumentales de la Cuenca de El Mirador es El Tintal debido a  su arquitectura y a los vestigios de la alteración del paisaje que sus habitantes lograron en el Preclásico al dominar la ingeniería hidráulica al excavar  fosos y construir canales, reservorios y   un sistema de drenaje que distribuían las lluvias a los bajos o aguadas, es decir, bancos de agua característicos de las zonas pantanosas. Algunos de ellos, en invierno, aún proveen del líquido a los arqueólogos que en la actualidad investigan la zona.
La urbe posee edificios de más de 50 metros altura, calzadas internas y una  ruta de 20 km que la une con El Mirador, la cual es parte de una red más compleja que comunicaba a las primordiales ciudades. Tuvo, además de la principal, rutas  cortas entre sitios secundarios.
Localizada en el norte de Petén, El Tintal alcanzó su apogeo en el Preclásico tardío. Queda a 25 kilómetros al noroeste de la aldea Carmelita,  la última parada en el recorrido que se hace a pie hasta El Mirador. El sendero que se sigue hoy es el mismo del pasado, la diferencia es que hace casi dos milenios y medio en lugar de selva había un camino de 20 km recubierto de estuco que se elevaba hasta cinco metros sobre la topografía,  y variaba en su ancho de 10 a 40 metros.
Su apogeo fue del 250 a. C.  al 200, luego tuvo una segunda ocupación del 600 al 900, durante el Clásico tardío. El Tintal, al igual que Nakbé, fue uno de los asentamientos más tempranos en el área, en la que hay indicios de ocupación desde el 800 a. C. lo cual quiere decir que la sociedad de esa época, casi unos mil años a. C. ya estaba consolidada como una civilización.
Como referencia, en la Historia universal para el mismo tiempo, Roma apenas había sido fundada y no llegó a ser el eje de su imperio hasta el año 27. Para entonces, una intensa actividad económica y política se gestaba en las tierras bajas, con El Mirador como epicentro del Preclásico maya a través de extensos  senderos blancos, llamados sacbé debido a su color, que atravesaban pantanos y conducían a ciudades coronadas por pirámides de 30 a 50 metros de altura, o incluso de 75, como es el caso de La Danta, en El Mirador.

Las calzadas arquitectónicamente más extraordinarias que las pirámides. (Infografía Prensa Libre: Kevin Ramírez /Fares-Proyecto Cuenca Mirador).

 

Sacbés

Los senderos se construían por capas, empleando diversos materiales, la última era de estuco y tenía un grosor de 10 a 15 centímetros. Al erosionarse, debido a la carga hídrica, levantaban otra, sellando la anterior, esto fue común en los bajos, sobre los cuales los caminos eran más anchos, hasta 40 metros, precisamente para controlar las inundaciones. En las zonas altas y secas, los caminos eran más angostos.
Las calzadas, coinciden los expertos, fueron más extraordinarias que las pirámides debido a que atravesaban las aguadas, elevándose dos o cinco metros sobre el agua, y por su función  para  captarla.
Los sacbés se construían colocando en los bordes muros paralelos, el espacio era rellenado con rocas, cerámica, lodo y piedrín. Al alcanzar un metro de altura se colocaba una capa de estuco, se repetía el proceso hasta obtener el nivel deseado. La última era solo de cal.
El Tintal fue un aliado de El Mirador, un punto clave para administrar la zona, redistribuir productos, controlar el flujo de personas y la actividad comercial que se gestaba en el 200 a. C. Como referencia, el templo El Gran Jaguar de Tikal fue construido en el 600 de nuestra era, unos ocho siglos después del apogeo de la Cuenca de El Mirador durante el Preclásico, por eso, se dice que el origen de la civilización maya está en esta zona.

Aguada cerca del sacbé que de El Tintal conduce a El Mirador. (Foto cortesía de Ingrid Domínguez).

 

Rodeada de agua

En su cenit, hasta 400 mil personas habitaron El Tintal, que fue construida sobre una elevación natural de suelo cárstico en un área de 17 km cuadrados; fue el asentamiento de mayor dimensión en el sur de la Cuenca. Del sitio se preserva un área de 9 km cuadrados, que pudo albergar hasta 80 mil habitantes, en esta parte han sido identificadas unas 900 estructuras.
Además de conectar ciudades, sus calzadas canalizaban la lluvia hacia las aguadas, que fueron los recursos hídricos de una región que careció de ríos y lagos. Los habitantes hicieron un enorme esfuerzo para disponer de los bajos y lo lograron modificando el paisaje. Las zanjas que cavaron también tenían revestimiento de estuco.
La principal característica del sitio es el foso que rodea la zona que ocupó la élite, cuyos edificios fueron construidos sobre una pequeña elevación natural y estaban destinados a funciones administrativas y políticas. A esta parte, considerada el centro cívico, se le conoce como Mano de León, de la cual sobresalen dos acrópolis; en una hay una pirámide nombrada El Pavo, de 44 metros de altura y una base de 105 por 78 metros, presenta el patrón de una plataforma con tres cumbres, conocido como estilo triádico. Hay un juego de pelota, lo que denota su importancia  pues pocos lugares lo tuvieron ya que era símbolo de poder político notable.

El Juego de pelota de El Tintal está cubierto por la selva. (Foto cortesía de Greg Willis)

El largo  del canal fue de 2.2 km, su profundidad variaba hasta los ocho metros y tuvo hasta 15 de ancho. Los arqueólogos sostienen que su principal utilidad fue de defensa. Otros usos apuntan a la demarcación de un límite social y político, así como para el suministro de agua.
Los casos de sitios mayas cercados son pocos, otro que el Proyecto Cuenca Mirador ha investigado es   Xulnal, su canal podría ser más antiguo. En Campeche, México, se conoce Becán, otra ciudad preclásica que fue excavada en las décadas de 1960 y 1970.
El segundo de los tres puntos que sobresalen es Henequén, en el extremo norte, del cual partía el sacbé hacia El Mirador. El tramo entre este lugar y Mano de León contó también con una calzada de aproximadamente un kilómetro; era menos ancha, algo usual para las rutas internas, pues a medida que se aproximaban a un centro urbano se reducían para controlar el flujo. La tecnología de radar, empleada en el 2014, ubicó dos caminos más, uno hacia un suburbio del este, y otro que pudo conducir hacia el sitio El Pesquero. Diez años atrás, la exploración y mapeo se hizo usando brújula, por lo que no se pudo detectar la plenitud de las calzadas.
El tercer sitio que destaca queda en el este, se trata de un complejo religioso conocido como La Isla, que cuenta con una pirámide de 50 metros de altura llamada Catzín.
El radar dio con otra calzada interna, de casi un kilómetro, que atraviesa un bajo y lleva al complejo El Juleque, ubicado en el oeste. Las estructuras más altas de El Tintal tienen entre 30 y 50 metros de alto, otras varían de 10 a 15 y la mayoría está en el rango de 5 a 10.
Cerámica preclásica hallada en El Tintal. (Foto cortesía de Greg Willis).

 

Agricultores

Cerca del sacbé que une El Tintal con El Mirador está el caserío El Paraíso, en el km 107 de La Libertad, Petén, en donde se hallaron dos montículos piramidales. El sitio queda a siete kilómetros de El Mirador y en el Preclásico fue básicamente una comunidad agrícola. Ha sido poco explorado, pero eso podría cambiar a partir de las imágenes de radar obtenidas en noviembre del 2014 y enero del 2015.
La topografía del alrededor fue modificada para construir terrazas de cultivo. Debido a la pobreza del suelo petenero para las siembras usaron tierra extraída del fondo de los bajos, la cual pudo proceder de El Tintal. El Paraíso pudo ser vital para la subsistencia de El Mirador.

La serie de figuras rectangulares es evidencia de parcelas usadas en el Preclásico. (Imagen de radar de Proyecto Cuenca Mirador).

 El uso de radares, que por medio de tomas aéreas analizan el terreno sin la flora que lo cubre, da cuenta de numerosas parcelas   escalonadas y en cuya construcción emplearon rocas a manera de muro de contención.
En un tramo de un kilómetro, por ejemplo, se determinó la existencia de 23 parcelas que varían de ancho entre los 10 y 18 metros. Los antiguos habitantes aprovecharon también las elevaciones naturales en medio de las aguadas, es una técnica fechada 400 años a. C. que recuerda a las chinampas, el método de agricultura flotante usado por los toltecas en el Postclásico unos mil años después.
Otro dato que desveló el radar concierne a la crianza masiva del pavo ocelado. Se determinó que hay una serie de celdas o parcelas, aproximadamente medio centenar, que se presume fueron usadas como corrales para la domesticación del ave.
Dado que el pavo ocelado es original del centro de México, su crianza representa otra  muestra del intercambio comercial que  hubo en las tierras bajas. Este podría ser el caso más antiguo de domesticación de un animal en el Preclásico, entre le época media y tardía, unos 400 años antes de nuestra era.
La tecnología de radar que emplea el Proyecto Cuenca  Mirador se llama LIDAR y los arqueólogos comentan que su uso ha significado un avance de hasta 60 años en el mapeo de los sitios, pues antes para detallar dos kilómetros cuadrados eran necesarios tres meses, ahora necesitan de dos a tres semanas para cubrir 700 kilómetros.

Fuentes: Douglas Mauricio, técnico en Arqueología, especializado en reconocimiento, mapeo y excavaciones en los sitios El Tintal y El Mirador; Carlos Morales Aguilar, arqueólogo, coordinador del programa de mapeo y analista de información geográfica; Enrique Hernández, técnico en Arqueología. Los tres, miembros del Proyecto Cuenca  Mirador.