Historia de Guatemala: Premio Príncipe de Asturias de las Letras a Augusto Monterroso

Escritor guatemalteco, considerado como el maestro del relato breve, recibe el Premio Príncipe de Asturias a las Letras, considerado el Nobel español.

Momento en que el entonces príncipe Felipe de Borbón entrega el
diploma de Las Letras a Augusto Monterroso. Foto: Archivo Premios Príncipe de Asturias
Momento en que el entonces príncipe Felipe de Borbón entrega el diploma de Las Letras a Augusto Monterroso. Foto: Archivo Premios Príncipe de Asturias

Mucho se ha dicho de la obra y el legado de Augusto Monterroso, cuyo centenario de nacimiento se conmemora este año. Su relato El dinosaurio es un desafío, una sátira y también una enigmática metáfora. “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Pero su creación va más allá. Sus cuentos y ensayos, en libros como La oveja negra, La letra E, La Vaca o Movimiento perpetuo han sido traducidos a más de 12 idiomas. Por ello fue reconocido con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2000, anunciado en junio y entregado el 27 de octubre de aquel año. En la ceremonia, Monterroso expresó su agradecimiento y dijo, entre otras cosas:

“En la prensa de estos días se ha dicho que en mí se premiaba no solo a un escritor centroamericano, sino también un género literario, el cuento, un género que ha venido siendo relegado por las grandes editoriales, por algunos críticos, y aun por los mismos lectores. Pues bien, no tiene nada de extraño que así suceda.

Premio Príncipe de Asturias
“Sin empinarme, mido fácilmente
un metro sesenta. Desde pequeño fui pequeño. Ni mi padre ni mi
madre fueron altos. Cuando a los
quince años me di cuenta de que
iba para bajito me puse a hacer
cuantos ejercicios que me recomendaron, los que no me convirtieron ni en más alto ni en más
fuerte, pero me abrieron el apetito”, contaba Augusto Monterroso en su biografía. Escena durante la recepción del Premio
Príncipe de Asturias de las Letras.
Le aplaude el entonces príncipe
Felipe de España. Foto Prensa Libre.

Las leyes del mercado son inexorables, y no somos los escritores de cuentos ni los poetas —hermanos en este negativo destino— quienes vamos a cambiarlas. Pero como decía el Eclesiastés refiriéndose a la Tierra, generación va y generación viene: más el cuento siempre permanece.

Como quiera que sea, es cierto que prácticamente toda mi obra ha consistido en el acercamiento a dos especialidades hoy alejadas de los reflectores y el bullicio, si bien nada modestas en cuanto a su prosapia: el cuento y el ensayo personal, variando en ocasiones de tal manera sus formas y sentido que algunos comentaristas hablan, refiriéndose a aquella, de transposición de géneros, cuando no de invasión de unos a otros. Algo se ha dicho también de la brevedad en esta obra, y, como si lo anterior fuera poco, del humor y la ironía en ella, haciendo que yo me pregunte: ¿de verdad cabrá todo eso en el reducido espacio que ocupa? Bueno, el campo de la literatura es tan amplio que en él caben hasta las cosas más pequeñas.

NUEVE MIL LIBROS DE MONTERROSO TIENEN SALA PROPIA EN LA UNIVERSIDAD DE OVIEDO
Escultura de Joan Miró que recibió Monterroso.
Foto Prensa Libre: EFE/J.L.Cereijido
ESPA—A MONTERROSO LEGADO

No he pretendido nunca erigirme en defensor del cuento común, o del cuento brevísimo, ni mucho menos en detractor de las novelas, cortas o largas, que me han deleitado y enseñado tanto desde Cervantes a Flaubert y Tolstoi y Joyce; es más, en diversas ocasiones he confesado que aprendí a ser breve leyendo a Proust. El cuento se defiende solo. Quisiera considerar también este Premio un reconocimiento a la literatura centroamericana, de la que, guatemalteco, formo parte”.Monterroso salió de Guatemala al exilio en 1954 y no regresó sino hasta 1996, cuando se le confirió el Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias. De espíritu sencillo y hablar suave, pero con gran fuerza expresiva en sus textos, dejó un legado que aún no se termina de comprender en su país. Murió en el 2003.

27 de octubre de 2000

SERIE HISTÓRICA (97)