Los amores de doña Bárbara

La vida de la  nieta de Bernal Díaz del Castillo revela los infortunios de una viuda en Santiago de Guatemala.

La viuda del Castillo vivió en una casa que hoy ocupa la sede del Museo de Arte Colonial.
La viuda del Castillo vivió en una casa que hoy ocupa la sede del Museo de Arte Colonial.

Una existencia azarosa, fruto de la adversidad y traiciones, fue la de doña Bárbara del Castillo (1603-1677), nieta del soldado español y primer cronista de la Conquista de Guatemala, Bernal Díaz del Castillo.

Dos veces enviudó y mantuvo amoríos en una época en donde ciertas libertades eran severamente señaladas entre la sociedad colonial de Santiago de Guatemala. Sin embargo, ella supo sobrevivir con ingenio y elegancia a cada uno de los obstáculos que la vida le presentó.

La historia de su vida salió a luz luego de las investigaciones del doctor en historia, el estadounidense Stephen Webre, quien dictó la conferencia: Nieta de la conquista: doña Bárbara del Castillo y los hombres de su vida, a inicios de julio en la ciudad de Antigua Guatemala.

“Ella fue un ejemplo de lo que vivieron las viudas de cierta élite social en Santiago de Guatemala del siglo XVII. Según la ley, la viudez era una condición que permitía adquirir los mismos derechos y autonomía de un hombre, pero era necesario aprovechar el apoyo social”, explica Webre, quien siguió los pasos de doña Bárbara a través de documentos rescatados en los antiguos libros de protocolos del Archivo General de Centroamérica (AGCA).

Deudas como herencia

Se conoce que el cronista Bernal Díaz del Castillo, al momento de su muerte en 1584, dejó muchos hijos y grandes deudas. El segundo de sus vástagos, Pedro del Castillo Becerra, se casó con Jacoba del Valle Corral, en 1603, y ese mismo año nació la primogénita, Bárbara, quien ya no conoció a su famoso abuelo.

Viuda atractiva

Como toda joven de la época, Del Castillo se casó pronto, a los 21 años, con el español Tomás Meléndez, quien era funcionario público. Se unieron en matrimonio el 17 de febrero de 1624, en la parroquia del Sagrario, como consta en las actas eclesiales. A los dos meses de casados, el joven enfermó y murió.

Según los relatos, la viuda era joven, rica y hermosa. Por eso no tardó mucho en encontrar el amor con don Antonio López de Catalayud, oidor de la Audiencia, con quien mantuvo una amistad ilícita y procrearon dos hijos. El primero en 1625 y el segundo en 1626.

López de Catalayud nunca formalizó su relación con la nieta del cronista. En 1627 se unió con doña María Magdalena de Castro, de 12 años —edad aceptada en aquella época—, con quien procreó dos hijas. La joven madre falleció a los 16 años.

En 1633, Catalayud se marchó a Sucre, Bolivia, con un nuevo cargo público y se llevó a los dos hijos de doña Bárbara, quien no volvió a verlos; y a las hijas que procreó con su difunta esposa.

De acuerdo con los hallazgos de Webre, más tarde se supo que el mayor se asentó en Madrid y el menor en Cuba.

“La expectativa en ese tiempo era que después de perder al marido, a pesar de ser sexualmente experimentada, la mujer abrazara de nuevo el celibato como comportamiento apropiado a ese estado”, anota el historiador.

“Para algunas viudas de familias acomodadas, especialmente si ya no se encontraban en edad fértil, esta condición podía significar ingresar a un convento”, agrega.

Acosada

Ese complejo escenario de la época, doña Bárbara debió agregar el acoso del fraile dominico José Félix Morán, a quien acudía a confesarse junto a su criada, hacia 1631. El hecho se documentó por los archivos de la Inquisición de México, que fueron encontrados por el historiador colombiano Gregorio Saldarriaga.

“El fraile le preguntó directamente si después de la muerte de su marido había tenido amantes”, refiere Webre.

Del Castillo no quiso denunciarlo, pero otras víctimas lo hicieron y los casos fueron acumulados en el expediente del Santo Oficio del fraile dominico, quien fue detenido en México, en 1632 y enviado de regreso a España.

Segundo matrimonio

Aunque se desconoce la fecha exacta, se sabe que la nieta del cronista se casó por segunda vez con don Martín Alfonso de la Tovilla, quien vino nombrado como alcalde mayor de la Verapaz. No tuvo hijos y enviudó por segunda vez (1654).

Sola de nuevo, los últimos años de su vida los pasó junto a su sobrina doña Bárbara de Polanco y su esposo, quien era descendiente de Pedro de Alvarado.

Esta pareja vivió en casa de Del Castillo, donde procrearon ocho hijos, quienes hicieron compañía a la hija del cronista español. La residencia estaba ubicada en lo que hoy ocupa la sede del Museo de Arte Colonial.

En 1676 dictó su testamento en el cual intentó dejar sus bienes a sus dos hijos, sin identificar sus nombres, por medio de su albacea don Esteban Medrano, quien murió cuatro meses después.

Durante los últimos años de su vida doña Bárbara ingresó a la Orden terciaria de los franciscanos.

“Seguramente conoció al Santo Hermano Pedro (1626-1667), quien hizo de guía espiritual. Fue el último hombre que la ayudó a transitar de la vida a la muerte, por lo que tuvo una recompensa celestial”, afirma Webre.

Del Castillo fue enterrada en la capilla de esa orden, en el templo de San Francisco el Grande, Antigua Guatemala.

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