Mujeres que destacaron en la conquista y colonización de América

Las primeras europeas que arribaron al Nuevo Mundo cumplieron roles importantes.

Retrato de Beatriz de la Cueva, "la Sin ventura", quien fue esposa de Pedro de Alvarado. A la muerte de este asumió como gobernadora de la Provincia de Guatemala. Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL.
Retrato de Beatriz de la Cueva, "la Sin ventura", quien fue esposa de Pedro de Alvarado. A la muerte de este asumió como gobernadora de la Provincia de Guatemala. Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL.

Bien sabida es la historia de los  hombres que arribaron a tierras americanas, a finales del siglo XV y principios del XVI. Pero, ¿qué es de las mujeres?
Según el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo, en 1502 llegaron las primeras españolas a América, en la expedición que hizo fray Nicolás de Ovando en La Española (actuales República Dominicana y Haití).
Algunos historiadores, sin embargo, afirman que Cristóbal Colón, desde el Descubrimiento (1492), vino  con varias mujeres en sus navíos.
Con información más precisa vuelve a aparecer Fernández de Oviedo, quien  menciona la emigración de ibéricas en 1509, en compañía del virrey Diego Colón. Indica que ahí venía la virreina doña María Álvarez de Toledo y Rojas y, con ella, “algunas dueñas e doncellas hijasdalgo (…) eran mozas (que) se casaron en esta ciudad y en la isla con personas principales e hombres ricos de los que acá estaban, porque en la verdad había mucho falta de tales mujeres de Castilla”.
Algunas eran las hermanas Juárez, hijas de Juan Juárez, a quienes el cronista consideraba “bonicas”. Una de ellas, Catalina, se casó con Hernán Cortés. También venían en esa embarcación María de Cuéllar, quien contrajo nupcias con Diego Velásquez, conquistador de Cuba.
“La Corona española estimuló la emigración familiar para evitar que los conquistadores se mezclaran con las nativas, para mantener la pureza de sangre y la garantía de una continuidad cultural”, consigna el documento La mujer en la Colonia, de M. Ángeles Vásquez, publicado por el Centro Virtual Cervantes.
Desde entonces, la emigración creció. Venían de todos los estratos sociales: hidalgas,  soldaderas, amas de casa y hasta sirvientas negras, esclavas o libres, e incluso, delincuentes. Por supuesto, también había parientes o criadas de los conquistadores, así como viudas y solteras que preferían probar fortuna en América.
Tantas mujeres estaban viniendo al Nuevo Mundo que, el 23 de mayo de 1539, la Corona dejó de otorgar licencias a las solteras: “porque esto queda a nos reservado”, decía el decreto. Años antes (1515), se indicó que las casadas debían acompañar a sus maridos o que, si querían pasar hasta América, debían constatar que tenían pareja en estas tierras y que aseguraran que iban a hacer vida maridable.

Inhóspito

El mundo recién descubierto era inhóspito; de hecho, los primeros ibéricos debieron vivir en bohíos y, por tanto, sin comodidades. La sociedad, además, estaba desorganizada.
En cualquier caso, las mujeres tuvieron que aprender a ser  “mandonas”, algo que no podían ser en la España del siglo XVI.
Aquí, aunque también estuvieron relegadas a un segundo plano, tuvieron más funciones. Como dueñas de la casa, se encargaron de asumir la representación social del marido cuando este se ausentaba, así como ordenar  a los criados.
Cuando sus esposos morían, quedaban como propietarias de la encomienda y con las obligaciones de cobrar tributos, hacer trabajar a los indígenas y adoctrinarlos. Con el tiempo, lo normal era que se volvieran a casar y traspasaran las encomiendas a sus nuevas parejas.
Asimismo, las amas de llaves y familiares de los curas tenían la responsabilidad de que la vivienda fuera “un modelo para los indígenas”.
Por supuesto, no todas lograron tener una mejor vida. Muchas desempeñaron oficios como cocineras, tejedoras, vendedoras y, según el historiador chileno Luis Vitale, algunas se dedicaron a la prostitución.

Retrato de doña María Tadea González Manrique del Frago Bonis, marquesa de San Jorge de Bogotá. Óleo sobre tela de Joaquín Gutiérrez (1775).

Dispersión

Muchas eran las vicisitudes de América en aquellos tiempos, por lo que Santo Domingo (La Española) era el lugar más cómodo para ellas, al menos hasta el primer cuarto del siglo XVI.
Con el tiempo se poblaron otras localidades. Primero Cuba, después México por su clima más benigno. De ahí se extendieron en otras direcciones, como Guatemala y el resto de Centroamérica. “La gran cantidad de conquistadores y el escaso número de castellanas motivó un enorme grado de mestizaje; muchas de estas mestizas de primera generación figuraron como ‘españolas’ en Perú y Quito”, consigna el libro Mujeres en Indias: mujeres soldado, adelantadas y gobernadoras, de Carmen Pumar Martínez.
Según la investigadora, el primer contingente importante de féminas que arribó a Guatemala lo hizo con Beatriz de la Cueva, segunda esposa del adelantado Pedro de Alvarado.  Según las crónicas de la época, vino acompañada de “20 doncellas para casar”.

Aguerridas

Algunas mujeres se salieron del estereotipo de sumisas y tomaron un rol protagónico. Durante la Conquista, algunas se sumaron a las filas del ejército, como Inés Suárez, compañera de Pedro de Valdivia, quien, en 1537 se embarcó y participó en las batallas en Chile. También está el caso de María Estrada, la mujer soldado de México, y la aventurera donostiarra Catalina de Erauso, la monja alférez.
El Nuevo Mundo también elevó a la categoría de gobernadoras a Aldonza Villalobos y a Beatriz de la Cueva.
Villalobos —y por un tiempo su mamá, doña Isabel Manrique de Villalobos— dirigió los rumbos de la Isla Margarita (actual caribe venezolano), entre 1527 y 1575. Durante su mandato, la isla pasó de ser nada a una próspera colonia, bastante rica, por cierto, a causa de la explotación de perlas.
El caso de Beatriz de la Cueva es el más conocido en la historia de nuestro país. Era originaria de Úbeda (Jaen), que hoy es parte de la Comunidad de Andalucía. Se casó con Pedro de Alvarado, luego de que este enviudara de Francisca de la Cueva, su hermana.
Doña Beatriz y el Adelantado llegaron a Guatemala en 1539.
Alvarado, en una expedición de conquista en México, murió el 4 de julio de 1541.
El 9 de septiembre de ese año, De la Cueva fue nombrada gobernadora, cargo que aceptó de buen agrado, firmando la toma de posesión como “la sin ventura doña Beatriz”, convirtiéndose en una de las pocas mujeres con ese cargo en la América colonial.
De la Cueva, sin embargo, estuvo al mando poco tiempo, ya que uno o dos días después, Santiago de Guatemala fue destruida por una correntada de lodo y piedras que bajó del volcán de Agua. Fue un triste final para ella y su séquito de doncellas.
Otras fuentes consultadas: Biblioteca de la Academia de Geografía e Historia de Guatemala: Status de la mujer en Centroamérica, de Manuel Rubio Sánchez / Hemeroteca PL / El País: Ellas también hicieron las Américas.

De armas tomar

– Doña Luisa Xicontencatl, según el historiador Adrián Recinos, fue la primera mujer extranjera de abolengo que llegó a la Provincia de Guatemala. La primera mestiza de alto estrato social fue su hija, Leonor.
– Isabel Barreto fue la única almiranta de Felipe II. En 1595 estuvo al mando de una expedición que  partió de Perú en busca de las islas Salomón, donde había un supuesto reino de oro y piedras preciosas.
– Entre las armadoras estuvo la sevillana Francisca Ponce de León, quien fletó su nave San Telmo a Santo Domingo, 17 años después del Descubrimiento.
– María Escobar fue la primera en importar y cultivar trigo en América. Mencía Ortiz fundó una compañía para enviar mercancías a las Indias, en 1549.