¡Cambiemos de sistema político!

Opinión

No tengo nada en contra del presidencialismo como concepto.  Pero en varias de las constituciones de Guatemala, el diseño de los “frenos y contrapesos” ha sido tan deficiente —sobre todo en 1984-1985— que el sistema ha perdido, creo yo, toda credibilidad.  ¿Cuál es la alternativa? En mi opinión, un sistema parlamentario.

Una república con reyecitos

Opinión

América es el continente donde la República, desde sus respectivas guerras y movimientos independentistas, se adoptó como forma de gobierno en su máxima expresión.

Justificaciones de la corruptela

Opinión

En este momento crucial de la historia de Guatemala para rencontrar el camino correcto que nos conduzca a la reconversión del Estado, para tener un  patria como lo reza nuestra Constitución de la República en su Título I, Capítulo Único, que contiene el artículo 1 y 2, en donde se sintetiza el sentido filosófico de una nación libre, soberana e independiente que aún respeta los recordados postulados de la Revolución Francesa, cuyos principios de igualdad, fraternidad y libertad resuenan como estandarte para edificar las naciones civilizadas del planeta que garanticen el bienestar de toda su ciudadanía.

Reglas del juego versus posiciones ideológicas

Opinión

Creo que uno de los riesgos más grandes que enfrenta la sociedad guatemalteca en la actualidad es que sus élites, en cualquier punto del espectro político, es decir, sean de centro, de izquierdas o de derechas, piensan que una constitución es un instrumento para plasmar posiciones ideológicas del mismo modo como una ley o un conjunto de políticas públicas.

Abuso y límites constitucionales

Opinión

Una constitución existe para garantizar el ejercicio racional del poder. Toda la lucha del constitucionalismo, acá en América como en el resto del mundo, radica en conseguir, por medio de un documento, establecer las reglas y límites de las diversas instituciones que gobiernan al Estado, pero al mismo tiempo garantizar los derechos de sus habitantes.

La Constitución como farsa y como trinchera

Opinión

Los espacios se le reducen al presidente Jimmy Morales. Se derrumbaron las barreras artificiales, sobre todo las electrónicas y las de quienes pretendieron llevar el reclamo por la dignificación en el servicio público a una disputa entre izquierda y derecha. No es una confrontación ideológica, cuando lo único que se ha evidenciado con mayor preocupación es el atrincheramiento de quienes desde posiciones de poder intentan frenar el avance de la justicia.

Un gobierno que amenaza

Opinión

El presidente rodeado de militares y policías en un mensaje a la Nación advirtió: “La Constitución la defino yo”. Entendimos que empezaba la hostilidad manifiesta hacia la Corte de Constitucionalidad (CC). Días antes había proferido oprobios contra el procurador de los Derechos Humanos y el Tribunal Supremo Electoral, así que una raya más al tigre no era de espantar. Sin embargo, en otro de sus grotescos discursos y con su vice a la par criticó, de una forma inútil y mediocre, a la Universidad de San Carlos, lo que le causó ser declarado no grato, junto con el exrector. En 242 años esta pareja consiguió lo que nadie había podido obtener de la comunidad sancarlista. Por supuesto, la vergüenza es poca y si no hay plata de por medio no entienden los efectos de la determinación.

De instituciones y organizaciones

Opinión

El término “instituciones” figura de manera prominente en discusiones sobre desarrollo económico, política, gobierno, conflictividad y, en general, lo pertinente al acontecer social. Encuentro que es frecuente la confusión entre instituciones y organizaciones y es usual que se piense que estos términos son sinónimos, cuando no lo son. Se habla de la calidad de las instituciones, su fortalecimiento o reforma, cuando en realidad quizás se hace referencia a organizaciones. ¿La Corte Suprema de Justicia, el Congreso y el Ministerio de Finanzas son instituciones? La respuesta es no, son organizaciones, el resultado de determinadas instituciones. La Constitución Política de la República de Guatemala, en cambio, sí es una institución.