Cristianismo transcultural

Opinión

Las religiones, en cuanto realidad social, están estrechamente vinculadas a una cultura.  O al menos así ha sido con las religiones más antiguas.  El antiguo yahvismo del pueblo de Israel anterior al exilio en Babilonia y su sucesor, el judaísmo que se configuró a la vuelta del exilio en el siglo V a.C., eran religiones ligadas a un pueblo entendido en sentido étnico y nacional.  Todavía el judaísmo contemporáneo, en alguna de sus formas más conservadoras, mantiene ese acento nacionalista.

La alegría cristiana

Opinión

El cristianismo es una religión triste, dicen sus críticos.  Y a veces, algunos que se dicen cristianos viven su religión en una actitud de tristeza.  Esto pudo ser más frecuente antes que ahora.  Pero ni antes ni ahora la tristeza es constitutiva de la fe cristiana.  Más bien lo contrario es cierto.  Los hombres y mujeres verdaderamente santos transpiran alegría.  El evangelio es, literalmente, un buen anuncio que produce alegría en quien lo escucha y lo acoge.  El libro de los Hechos de los Apóstoles da testimonio constante de la alegría que dejaba el anuncio del evangelio en quienes lo recibían en los inicios de la expansión de la fe cristiana.

Universalismo cristiano

Opinión

La historia de la Iglesia cristiana comienza con la persona y la obra de Jesús de Nazaret.  Pero el libro de los Hechos de los Apóstoles destaca un acontecimiento singular, a partir del cual los seguidores de Jesús comenzaron a predicar y a reunir seguidores.  Consistió en una experiencia espiritual del grupo de discípulos, que se supo y se sintió inundado de una fuerza divina venida del cielo.  Ellos comprendieron que era la comunicación del Espíritu Santo, concedida por Jesús.  La experiencia los despojó del miedo y del temor, los dotó de valentía y ardor, de modo que desde ese mismo momento comenzó el anuncio del Evangelio y la formación de la Iglesia.

El cristianismo 500 años después

Opinión

El 31 de octubre se cumplieron 500 años desde la fecha de la llamada Revolución Protestante, cuando Martín Lutero protestó en Alemania contra la corrupción y el abandono de los principios cristianos en Roma, sobre todo varios papas y su intromisión en la vida política. Este monje benedictino,  personaje poco conocido en Guatemala a causa de la generalizada falta de cultura histórica, logró el rápido apoyo político de los príncipes alemanes de la época, cuya meta era independizarse del papado romano. Muy pronto comenzaron a florecer en ambos bandos los oscuros intereses de todo tipo, y se inició una etapa de casi dos siglos de guerras donde el fanatismo religioso a causa de interpretaciones propias provocó millones de muertos.