Imaginar al país desde la zona 10

Opinión

Del hotel donde estaba no hay mucho que hablar. Dirigido hacia un público corporativo, es inevitable ver en sus nuevas instalaciones un toque plástico, del que no se libra ni con cirugía extrema. El abstracto maquilado, colgado en la pared; el jardín vertical artificial, que simula hojas frescas; y los toques de madera sintética en color rojo cerezo. No deja uno de imaginar que del mismo lote de esa madera salieron otros cargamentos para algún hotel de la misma cadena, en lugares como la misteriosa Yakarta, el alegre Río, o hasta Dubái, el millonario. Me toca esperar en el área de café a unos reporteros gringos. Por olas vienen estos días a buscar historias sobre la migración hacia sus países. La historia, en este caso, ya la tienen ubicada. Por cinco días iremos a las faldas de un volcán en San Marcos, donde una familia vive en muerte la separación por las políticas de Trump. Ciertamente, los años me han quitado la capacidad de tomar café. Ahora, en horas de la tarde, no acostumbro a más de uno. Pero ese día había llegado temprano. Una segunda taza fue en mudo la testigo de otra conversación frustrante con la gente en mi entorno, que —siento— no hace esfuerzo por conocer el país más allá de las burbujas a las que se limitan.