Diálogo con María Teresa Martínez y sus 300 obras de teatro

“Con permisito, con permisito”, estas palabras son de la actriz María Teresa Martínez en un comercial de televisión en el que se abría paso para observar con detalle una exposición de ropa interior para caballeros que se transmitió en la década de 1980.

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María Teresa  Martínez heredó  de su padre, Alberto Martínez, la tradición de presentar la obra de teatro  Don Juan Tenorio. (Foto Prensa Libre: Edwin Castro)
María Teresa Martínez heredó de su padre, Alberto Martínez, la tradición de presentar la obra de teatro Don Juan Tenorio. (Foto Prensa Libre: Edwin Castro)

CIUDAD DE GUATEMALA- Ella es también la abuelita que en otro comercial salta como una niña con mucha energía en una cama. También es la seño Evelyn, la directora de una escuela pública despintada —como la mayoría en nuestro país— a la que una maestra increpa. La actuación en televisión es solo una de las facetas de esta actriz de teatro que comenzó su carrera artística en 1943.

Prensa Libre conversó con la actriz esta semana antes de uno de los ensayos de la obra de teatro Don Juan Tenorio, un clásico del Día de Todos los Santos y de la conmemoración de los fieles difuntos. Martínez subió a escena el drama el pasado viernes, en el Teatro de la UP.

Junto al actor Herberth Meneses (1990), en El escondido. (Foto Prensa Libre: Archivo)

Alguien hizo sonar levemente la campana que anuncia las tres llamadas previas al comienzo de una obra. “No la toquen, es mala suerte”, dijo con autoridad la actriz.

¿A qué edad comenzó a actuar?

Tenía 7 años. El primer papel fue el del personaje de Mayolí, de El Monje Blanco, una obra española en verso. Mi papá, Alberto Martínez, me dio la oportunidad. Él y sus compañeros actores ensayaban en la casa. Yo miraba que hablaban de diferentes maneras, se peleaban y se reían. Mi papá me explicaba que era para presentar las escenas en un teatro, y yo quise probar.

¿Cómo aprendió el libreto?

Mis diálogos los aprendí de memoria. A esa edad yo no sabía leer, en esa época no había kínder, ni nada de eso, uno ingresaba a la escuela hasta cumplir 8 años. Mi hermano mayor tuvo la paciencia de enseñarme el parlamento línea por línea.

¿Cuándo llegó su primer papel protagónico?

Cuando tenía 15 años, en la obra Retazo, del dramaturgo italiano Darío Niccodemi. Es la historia de una niña pobre, pero muy inteligente. La historia cita: ella no es muy grande para ser una mujer, ni muy pequeña para ser una niña; no es suficiente para llenar un vestido y es mucho para caber en una blusa: es un retazo.

¿En cuántas obras ha actuado?

Pasan de 200, talvez 300, no llevo la cuenta. De algunas obras no guardo ni las notas de prensa.

¿Recuerda en forma especial alguna obra?

Sí, Pluma en el viento, de esa obra me enamoré. Mi personaje tenía un monólogo precioso, en verso. El cura, otro de los personajes que representaba mi papá, da una lección de vida hermosa. Antes las obras trataban temas como la decencia, la honra, el honor, esas cosas que se han ido perdiendo. La obra trata de una mujer que es calumniada y su reputación se ve destruida. De ahí el nombre de la obra, porque la honra es como un puño de plumas que se las lleva el viento y cuesta mucho juntarlas, siempre quedará una en el viento.

¿Qué hace antes de salir al escenario?

Trato de llegar con bastante tiempo de anticipación. Pongo en mi mesa de maquillaje la foto de mi papá, una estampa de Santa Teresita de Jesús y otra de Jesucristo. Oro, les pido que me ayuden: a mi papá, que me dé su experiencia, su seguridad, su serenidad en el escenario; a Santa Teresita, que no me abandone nunca, aquí la llevo —enseña una medalla—, y a Jesús le pido que ilumine mi mente, que desenrede mi lengua, que me aclare la garganta y que no suelte mi mano hasta estar delante del público. Por eso entro siempre al escenario con la mano cerrada, porque voy agarrada de Jesús.

¿Cree usted en fantasmas?

En fantasmas directamente no creo. Sí creo que puede haber una conexión entre nosotros y un ser de luz. Por ejemplo, he sentido la presencia de Santa Teresita desde que era chiquita. Se me manifiesta con un olor a rosas. Cuando tengo una angustia clamo a ella, y si todo va a salir bien me llega ese agradable olor. Lo he sentido últimamente que he pasado por mucho dolor, mi hermano falleció en septiembre del año pasado, cinco meses después murió mi hermana con la que viví mucho tiempo, hace tres años quedé viuda. Ha sido golpe tras golpe y he logrado superarlo, con mucha fe.

En la obra Eva y Adán, en el Teatro del IGA (década de 1990). (Foto Prensa Libre: Archivo)

¿En qué época le hubiera gustado vivir?

Soy feliz viviendo en la actual. Siento que en otros tiempos ha habido mucha ingratitud, mucha muerte innecesaria, y a pesar de que estamos viviendo una época muy difícil por la inseguridad, en otras épocas han matado por nada a la gente, por ejemplo en las guerras mundiales o en los primeros tiempos del cristianismo. Toda la vida ha habido crímenes despiadados en nombre de la paz, de la fe, de Dios, de la patria.

¿Todavía hay tenorios en el mundo?

Tenorios hay muchos, pero caballeros hay menos. Abundan los tenorios de esos que consideran que mientras más mujeres tengan son más hombres, pero caballeros hay menos.

¿Cuál es el enemigo del arte en Guatemala?

No hay lugares donde trabajar, no hay estímulos. Otro rubro difícil es la publicidad, es tan cara que los actores no pueden pagarla. El Gobierno debería preocuparse por construir o habilitar salitas para que estuvieran al servicio de quienes nos gusta trabajar en teatro.

Educa desde las tablas

María Teresa Martínez ha actuado toda su vida en obras de alto nivel literario, que mueven a la reflexión y al cuestionamiento social. Para ella el teatro es una forma de sentir y expresar lo que creemos, pensamos o deseamos.

 

26 de abril de 1949, Martínez (al centro), en la obra El príncipe Juanón. (Foto Prensa Libre: Archivo)

DATO

En el año de 1943 María Teresa Martínez empezó su carrera artística.

COMENTARIO

“Los actores deben poner el  alma en cada personaje”. María Teresa Martínez,   actriz de teatro.

PERFIL

María Teresa Martínez Nació en 1936.

Hija de  Alberto Martínez Bernald y Amanda Ramírez Corzo, originarios de Santiago Atitlán, Sololá.

Es la tercera  de cinco hermanos, de los que solo uno vive.

Es ministra extraordinaria de la Eucaristía desde hace dos años.

Ha recibido innumerables reconocimiento nacionales e internacionales por su calidad y trayectoria artística.

1950, obra Tierra Baja, junto a su padre, el actor Alberto Martínez.(Foto Prensa Libre: Archivo)

Otras facetas -La actriz confiesa que:

Bailó mucho   tango,  mambo  y rock, pero prefiere el ritmo “chic to chic”. No le  gusta el reggaetón.

Uno de  sus libros preferidos es El dictador y yo, de Carlos Samayoa Chinchilla.

Su platillo  favorito es la lasaña.

Le gustaría  volver a Asturias, España, tierra de sus abuelos paternos.

No  practica  mucho deporte porque el teatro  absorbe su tiempo.

A los 12 años actuó con Gloria Ponce Colindres, en Tierra Baja.(Foto Prensa Libre:Archivo)