Música orquestal guatemalteca sobrevive en tiempos del covid-19

Distintos músicos guatemaltecos convierten la sala de sus hogares en el escenario desde el que interpretan a un público digital, a pesar de la distancia que implica el confinamiento provocado por el nuevo coronavirus.

Con el cierre de espectáculos públicos, músicos de orquesta han tenido que realizar nuevas dinámicas para la interpretación musical. (Foto Prensa Libre: Unsplash)
Con el cierre de espectáculos públicos, músicos de orquesta han tenido que realizar nuevas dinámicas para la interpretación musical. (Foto Prensa Libre: Unsplash)

Guatemala está confinada. Escuelas, centros de convivencia, iglesias, y muchos espacios más se encuentran en cuarentena desde marzo por la explosiva llegada del covid-19 al país.

Aunque una gran cantidad de instituciones han cerrado las puertas, sus propósitos se refuerzan con el ímpetu de quienes las integran.

Con el repentino silencio de los teatros y la poca claridad de cuando se reabrirán los espacios culturales, miembros de instituciones como la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) o el Conservatorio Nacional de Música redefinen el rumbo de los espectáculos de música orquestal.

El hogar como escenario y aula

Mónica Ortiz interpreta violoncello en la Orquesta Sinfónica Nacional desde 2012 y asegura que el confinamiento nacional la hizo sentirse como una estudiante nuevamente, pues hace años no solía experimentar tantos períodos libres como ahora.

Además de componer y practicar para las presentaciones que realiza de manera virtual junto a sus compañeros de orquesta, Ortiz suele ocupar los ratos libres para continuar con su formación académica y la de otros.

Mónica varía sus jornadas entre la realización de vídeos interpretando música, las cátedras que recibe de una maestría en gestión cultural, así como también en la formación de estudiantes a través de sus lecciones de violoncello.

La intérprete dice que ha logrado desempañarse en los distintos campos que permean la música orquestal gracias a las distintas plataformas de comunicación digital. “La tecnología está a favor de uno”, expresa.

La violonchelista reconoce que los músicos se deben al público; razón por la que se suma al compromiso de la OSN por generar clips musicales para llegar a un público virtual.

“Tenemos que ir innovando para que la situación varíe”, expresa Mónica.  Al igual que ella, los integrantes de la Sinfónica Nacional continúan resistiendo desde la música, gracias a Internet.

Dentro de la OSN también se desempeña Telma Díaz, primera fagotista mujer en la institcución, desde 2001. Aunque la cuarentena le ha sido compleja de llevar, cuenta que ha balanceado sus responsabilidades familiares con las del trabajo, y que juntas conllevan su pasión por la música.

Cuando no graba vídeos para la OSN, dedica su tiempo a incursionar en partituras más allá de lo tradicional. Asegura que desde hace unas semanas comparte un concierto dominical para sus contactos en redes sociales, en los que se puede apreciar un sonido variado, pero clásico.

Desde Vivaldi y transcripciones al fagot de Bach, hasta versiones de Alejandra Guzmán y Luis Miguel, Díaz se hunde en un repertorio ecléctico cada semana, que según dice le provoca emoción y nervios en cada “presentación”.

Además de su participación en la OSN, Telma impulsa el proyecto audiovisual Días de música que además se transmite en TV Usac. En la plataforma se llevan a cabo interpretaciones musicales y a la vez, se presentan datos teóricos e históricos del hacer musical.

La fagotista asegura que continuará interpretando en línea y desde casa el tiempo que dure el confinamiento. Mientras tanto, expresa que su mayor anhelo cara a la nueva normalidad, es compartir junto a sus compañeros de orquesta, y sobre todo con el público.

Ósmar Meliá es otro músico que ha decidido manifestarse desde el confinamiento. Toca el piano e imparte clases del instrumento en el Conservatorio Nacional de Música desde hace nueve años.

A partir de marzo de este año, se se ha propuesto interpretar las partituras de distintos compositores “no tan reconocidos”. Más allá de los autores afamados, Ósmar ve en el descubrimiento musical un constante estímulo.

Durante el confinamiento, Meliá ha aprovechado esa nueva incursión musical para compartirla en su perfil de YouTube, donse evoca piezas de autores como Enrique Solares o Manuel Martínez Sobral.

Ese ímpetu por descubrir nuevos universos es transmitido por parte del pianista a sus 30 alumnos del Conservatorio Nacional.  “Hay que incursionar en música no tan conocida”, dice.

Ósmar también disfruta componer, y la cuarentena ha sido una época propicia para ello. Recientemente colocó su música en la plataforma Spotify.

Entre el desempeño profesional y la pasión, Meliá encuentra el balance para sobrellevar esta coyuntura mundial. Después de semanas en casa interpretando, componiendo y estudiando, asegura sentirse preparado para volver cuanto antes al Conservatorio.

Así como Ósmar Meliá y Telma Díaz, hay muchos otros miembros de orquestas e instituciones culturales que anhelan experimentar las reacciones de un público en una sala o teatro.

A dos meses del inicio de la cuarentena en el país, no se conocen propuestas por parte del gobierno de Alejandro Giammattei para la reactivación del sector cultural y de entretenimiento.

Augurios para orquestas en tiempos del covid-19

Luis Mijangos, violinista y presidente del consejo directivo de la Orquesta Sinfónica Nacional comenta que, con el cierre de los espectáculos, la institución se quedará sin llevar a cabo sus ocho temporadas anuales (entre ellas, la oficial, la popular, la estudiantil y la navideña). Esto equivale a 45 presentaciones.

Aunque la OSN no depende económicamente de su taquilla -ya que los integrantes son renglón estatal 011- el pago por las presentaciones va dirigido a un bono de sostenibilidad para la orquesta y sus integrantes. A pesar de ello, los miembros deben continuar con labores y por eso lo han hecho desde casa, asegura Mijangos.

Por esa razón, los miembros de la Sinfónica se organizaron para llevar a cabo temporadas virtuales en las que se comparte información de los distintos instrumentos, así como su interpretación a través de canales virtuales

Este plan se puede ver en distintos vídeos alojados en Facebook y YouTube, donde se aprecia a los integrantes dando individuales y grupales. Uno de ellos es la interpretación de la pieza  Luna de Xelajú, del compositor Paco Pérez.

“Estas ideas son para mantenernos activos y con el afán de que la orquesta no sufra en el futuro, ya que, al no tener presencia musical por ahora, buscamos activarnos para darle a la población arte, música y cultura”, establece Mijangos.

Las propuestas buscan crear conciencia en la población acerca del valor musical para que, en una nueva apertura, las personas lleguen a espectar a la Orquesta.

Con el cierre de espacios culturales como la Sala Efraín Recinos, no se sabe cuándo regresarán las orquestas a los escenarios. (Foto Prensa Libre: Facebook CCMAA)

Para Ernesto Calderón, fundador y actual director de la orquesta sinfónica de la Escuela Superior de Arte de la Universidad de San Carlos, hay un augurio complejo para la música de este tipo.

Explica que la iniciativa privada que apoya estos espacios, está volcada actualmente en la recuperación económica y “no ve hacia el financiamiento del arte como un proyecto”.

Aun así, Calderón destaca que el futuro de las orquestas puede estar en la autogestión. Sugiere que al igual que otros países, la actividad cultural y de espectáculos puede irse abriendo con previsiones como establecer butacas de por medio donde se sentarían las personas, así como dar conciertos al aire libre.

Al igual que Mijangos, opina que es importante reforzar el interés de las personas hacia el trabajo de las orquestas con el objetivo de “crear público” para cuando, los espacios culturales también puedan abrir sus puertas.