Cómo y a dónde acudir para prevenir el suicidio

En el último mes se han registrado seis intentos de suicidio en la Ciudad de Guatemala, conducta desencadenada por la desesperación de personas que no han encontrado una salida a sus problemas, fatal decisión que deja unos 800 mil muertos cada año en el mundo, pero que se puede prevenir con la ayuda idónea.

“Hablar del suicidio aún es un tabú en Guatemala, a pesar de que es la tercera causa de muerte en el país”, expone Karen Hastedt, directora y fundadora de la Asociación Ama Vida, que informa, educa y previene el suicidio. La edad promedio de las personas que se quitan o intentan quitarse la vida está en un rango de 19 a 45 años, añade Hastedt, pero últimamente se ha reportado casos de niños de 6 o 7 años.

El suicidio no discrimina edad, género, posición social o etnia. Según el informe La salud de los adolescentes y jóvenes en la región de las Américas, publicado por la OPS/OMS en el 2018, el suicidio es la cuarta causa de muerte en la región. Ocho de cada 10 decesos de hombres ocurre entre los mayores de 20 años, mientras que en mujeres, tres de cada 10, en el mismo rango de edad.

De acuerdo con los resultados de la Encuesta mundial sobre salud escolar del 2015, cuyos datos recoge el referido informe de la OPS/OMS, el 21.4 por ciento de las estudiantes mujeres en Guatemala consideró seriamente suicidarse en los últimos 12 meses, y de los hombres, el 11.5. Mientras que el 19.9 por ciento, del primer grupo, quiso quitarse la vida una o más veces durante el mismo período, del segundo, el 12.6.

Según la OMS, el suicidio es la segunda causa de defunción entre personas de 15 a 29 años en el mundo. El 75% de estas muertes ocurren en países con ingresos bajos. Los plaguicidas, el ahorcamiento y las armas son las formas más habituales empleados por el suicida.

El Instituto Nacional de Ciencias Forenses de Guatemala no tiene tipificado el suicidio como tal, pero según el reporte de las causas de muerte en el país durante el 2018, aparecen registrado 486 fallecimientos por ahorcadora (asfixia por suspensión) y 208, por intoxicación por exposición o ingesta de plaguicidas.

Causas más comunes

“Cuando una persona enfrenta problemas y no cuenta con las herramientas o apoyo necesario, puede mostrar una ‘visión de tunel’; es decir, su atención se enfoca únicamente en el problema y no ve otra salida. Las personas con depresión o con problemas muy serios que intentan el suicidio no quieren acabar con su vida, quieren acabar con el sufrimiento, dolor o angustia que sienten”, refiere la psicóloga Wendy Acevedo.

“La depresión es la mayor causa de suicidio, pero también pueden deberse a otros trastornos mentales como trastorno bipolar, esquizofrenia o un cuadro de psicosis”, explica Acevedo.

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Según la OMS, muchos suicidios se producen impulsivamente en momentos de crisis que menoscaban la capacidad para afrontar las tensiones de la vida, tales como problemas financieros, las rupturas de relaciones o los dolores y enfermedades crónicas.

Además, las relaciones con conflictos, desastres, violencia, abusos, pérdidas y sensación de aislamiento también están vinculadas al suicidio.

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Señales de alerta

El entorno cercano del posible suicida, especialmente familiares y amigos, deben prestar especial atención a ciertas señales que indican que la persona está considerando acabar con su vida, entre estas, mostrarse desesperanzada o con desinterés de realizar actividades que antes disfrutaba, idealizar el suicidio como única manera para salir adelante de sus problemas, manifestar reacciones impulsivas, comentar la estructuración de un plan para cometer el suicidio, aislarse, consumir alcohol o drogas o tener historial familiar de suicidio, expone Hastedt.

“Generalmente, las personas lo expresan de alguna manera con comentarios frecuentes como ‘quisiera morir en este momento’ o ‘quisiera desaparecer y no volver a sentir’, pero muchas veces lo tomamos a la ligera y no damos importancia a lo que la gente expresa”, advierte Acevedo.

Del mal manejo de la frustración y al no encontrar apoyo emocional, se desencadenan los intentos de suicidio, explica Marco Antonio Garavito, director de la Liga Guatemalteca de la Higiene Mental. “El suicida no lo hace de la noche a la mañana. Tiene una larga conversación consigo mismo antes de tomar la decisión final. El sentido de vida es algo que el humano difícilmente pierde, por lo que hay necesidad que reciba apoyo”, añade.

Prevención

Según la psicóloga, lamentablemente la salud mental en Guatemala es escasa y no hay recursos para brindarla a la población. Por esta razón, en muchos casos no se nota cuando la persona estaba llegando al borde. Sería ideal no  estigmatizar a las personas que van al psicólogo o psiquiatra, porque probablemente esto ayudaría a que se pueda prevenir, añade.

Hay que escuchar a las personas cuando nos cuentan un problema, no minimizarlos sino tratar de escuchar y comprender. Muchas veces eso es suficiente para que la persona se sienta mejor, explica Acevedo.

“El problema es más grave de lo que pensamos. El Ministerio de Salud debe considerar el suicidio como problema de salud pública y destinarle políticas y recursos”, dice Garavito. “Si llega al hospital un joven o muchacha que intentó suicidarse, se le atiende, pero no se le da seguimiento. No hay tratamiento con enfoque humano”, afirma.

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No debemos ignorar las amenazas de una persona; a veces se piensa que es por manipulación, pero aún si esa fuera la situación, ¿por qué lo hace?; es decir, algo hay que no está bien. “En esos casos, es bueno referirse al psicólogo o psiquiatra para darle la atención apropiada. No hay que dejar que personas deprimidas se aíslen, pues esto promueve la aparición de la ideación suicida”, recomienda la psicóloga.

“A pesar de los problemas que tenga la persona que quiere suicidarse, sí hay salida. Deben tener confianza en las personas que están a su alrededor, buscar ayuda porque no están solos. En la página Aférrate a la vida siempre hay alguien para escucharlos. Así como han salido adelante otras veces, si están atravesando nuevamente por problemas, también van a salir adelante”, dice Hastedt.

A dónde acudir

Hastedt y Acevedo indican que las universidades donde hay carreras de Psicología tienen centros de práctica donde los costos de consulta son muy bajos. Así mismo, en los hospitales estatales se brindan servicios de psicología y psiquiatría. Hay profesionales privados que trabajan tarifas especiales para personas de bajos recursos.

En la página de Facebook de la Asociación Ama Vida, identificada en esa red social como Aférrate a la vida se les apoya de diferentes formas. Mediante el chat, se les pide que cuenten lo que les está pasando y, muchas veces, esto es suficiente para que se sientan mejor y decidan darle una nueva oportunidad a la vida”, dice Acevedo.

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“Una vez, un joven estaba con un cuchillo en la mano, y luego de dos horas de hablar con él, me dijo que no se acordaba en qué momento había soltado el cuchillo para poder escribir más rápido y renunció a la idea suicida. En otras ocasiones, se les refiere a algún centro o profesional. Es más complicado cuando son de otros países, pues no siempre tenemos claros los lugares a donde acudir”, expone la psicóloga.

Según Acevedo, el equipo de psicólogos de Ama Vida le piden a las personas que los contactan que le den una oportunidad a la vida,  y tratan de ganar tiempo, mientras se les proporciona apoyo profesional.

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“Nosotros damos un apoyo inicial, a través del chat, pero se les busca ayuda directa pues no siempre esta manera de comunicación es suficiente, y si se sienten cómodos de esa forma, les damos seguimiento”, agrega Acevedo.

También se puede acudir a la Liga Guatemalteca de Higiene Mental, donde se atiende a personas por un costo bajo, en la 12 calle A 0-27, zona 1. Teléfonos 2232-6269 o 2238-3739.

“No se debe juzgar a las personas que cometen suicidio, pues no sabemos sus razones, su historia o su contexto. Dos personas bajo la misma situación, pueden actuar de maneras muy distintas”, recomienda Acevedo.

En el caso de que una persona presencie el intento de suicidio de otra, Acevedo refiere que hay que acercarse a ella pero no demasiado, preguntarle por qué lo quiere hacer, tratar de ganar tiempo al decirle que puede escucharla, y que puede buscar otra salida, prestarle atención real y evitar comentarios como “eso no es nada” o “eso no vale la pena”, mientras llegan los servicios de emergencia.

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