Compras por impulso: consejos para no caer en la tentación

¿Cómo hacer para no sucumbir ante la tentación cuando son tantas las promociones y ofertas maravillosas con las que uno se topa en todos lados?

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Compras por impulso: consejos para no caer en la tentación
Los productos adquiridos no son más que un sucedáneo de los deseos y sueños no cumplidos. Foto Prensa Libre: Pixabay

Justamente eso es lo que propone el nuevo Día de no comprar nada, que se alza en países como Alemania en contra de los días de ofertas, para generar consciencia sobre los recursos, el medio ambiente y el cambio climático.

¿Cómo se hace para no comprar nada?

“En realidad muy poca gente compra artefactos que son totalmente imprescindibles”, dice la psicóloga Nadja Tahmassebi, quien asegura que los seres humanos, en lugar de comprar por necesidad, compran por lo que les dicta la emoción.

A los clientes les gusta aprovechar cuando ven que hay algún tipo de rebaja o cuando hay poca disponibilidad de algún producto atractivo. Al comprar, se activa el centro de recompensa del cerebro y, como consecuencia, se secretan por un momento hormonas de felicidad.

El problema es que “todas las formas de recompensa inmediatas y a corto plazo son peligrosas porque pierden efecto si ocurren muy a menudo”, dice Tahmassebi. Es decir, si una persona compra todo el tiempo prendas de ropa, secreta cada vez menos hormonas de la felicidad. Y eso, a su vez, la lleva a consumir cada vez más. Sin embargo, la regla es que, para que no decaiga el efecto agradable, la recompensa debe ser sorpresiva y poco frecuente, afirma Tahmassebi.

El consumo solo es un paliativo para otras necesidades insatisfechas

Por otra parte, es necesario ser consciente de que si una persona va con mucha frecuencia de compras para satisfacer necesidades como el ansia de reconocimiento o la necesidad de cariño, no será más feliz, según la terapeuta. Aunque el armario de los zapatos reviente de colores y maneras, no representará una satisfacción a largo plazo.

La psicóloga señala que los productos adquiridos no son más que un sucedáneo de los deseos y sueños no cumplidos. Si una persona siente la necesidad de ser querida, no recibirá cariño de un par de zapatos nuevos, y no importa con qué artículo se consuele cada uno. “Por lo general los productos son intercambiables”, dice Tahmassebi, que recomienda que cada cual intente reconocer sus verdaderos deseos y cumplirlos.

Con hambre y sed es más fácil caer en la tentación

¿Pero cómo hacer en el momento concreto para no caer seducido ante esos sucedáneos? Es muy simple: al salir de compras, solo hay que llevar el dinero justo y necesario para adquirir lo que figure en la lista. No hay nada que comprar que no esté en dentro de lo planificado, aconseja Tahmassebi.

Las personas son particularmente vulnerables ante los impulsos de compra cuando las necesidades más básicas no están satisfechas. Está claro que cuando uno va al supermercado con hambre o con sed, compra más alimentos que cuando no siente apetito. Al ir con hambre o sed, el autocontrol se vuelve más complicado. La regla básica es: mejor ir al supermercado con el estómago lleno.

Otro punto es el funcionamiento del shopping online. Si uno está muy expuesto a publicidades de productos fantásticos, es más probable que quiera consumir más, explica la terapeuta. En esos casos, cuando uno ya está dentro de la web de compras, vale la pena cerrarla y volverse a preguntar si es algo que uno necesita o si tal vez será que uno se está dejando llevar por algo del momento.

Porque lo cierto es que los vendedores, las tiendas y los supermercados diagraman su diseño justamente para “invitar” a los clientes a comprar. Hay iniciativas ciudadanas que tienen muy en claro qué trucos aplican: colocan carteles de precios en colores que sugieren ser de ofertas aunque no sea así; ofrecen comprar varias unidades haciendo que parezca una oportunidad imperdible, cuando en realidad no es necesariamente más económico; y anuncian liquidaciones de mercadería “del día” o por un tiempo limitado (“hoy liquidamos todo”) pero luego las mantienen por un tiempo.

Los caracteres impulsivos son menos resistentes

Algunas personas tienen un mejor manejo de sus impulsos ante determinados estímulos, ya de nacimiento. En cambio, los impulsivos suelen tener una menor capacidad de autocontrol, indica Tahmassebi. ¿Hay alguna buena noticia para ellos? Sí. Todos pueden aprender a resistir una tentación.

¿Cómo se hace? Dejando pasar el impulso que lleva a comprar una y otra vez. Lo importante es realmente trabajar contra lo que uno siente por dentro. “No es lo mismo no comprar algo que de por sí no me resultaba muy atractivo”, dice Tahmassebi.

Dicho sea de paso, la terapeuta afirma que existe toda una gama de alternativas para activar el centro de recompensa, como por ejemplo cuidar los contactos sociales, interactuar con animales o hacer algún esfuerzo físico o mental.