Convivencia y satisfacción: La importancia de comer en familia

Compartir los tiempos de comida con sus seres queridos puede mejorar su salud mental y reforzar el equilibrio emocional de todos los miembros.

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Es importante incluir a todos los miembros de la familia durante los tiempos de comida.
La alimentación nos remite al hecho de estar vivos y en presente. (Foto Prensa Libre: Shutterstock)

¿A quien no le gusta comer? Una pregunta que difícilmente generará respuestas negativas puesto que este acto, más allá de ser una necesidad básica para adquirir nutrientes, se trata de una conexión que puede detonar emociones positivas a manera individual y colectiva.

Ya sea para honrar los placeres en vida -como los romanos con sus bacanales, que consistían en grandes fiestas en honor al dios Baco- o la muerte misma -como los mayas y el festejo del Hanal Pixán, mediante el cual se rinde homenaje a los difuntos con la preparación de platillos- la alimentación también interpreta a la vida.

“Tomar los alimentos nos hace conectar con el hecho que estamos vivos y en presente”, expresa la psicóloga clínica con énfasis en psicoenergía y espiritualidad, Silvia Cordón.

La psicóloga comenta que a la hora de comer experimentamos sentimientos de satisfacción tanto físicos como emocionales ya que, al recibir la energía de los alimentos nos llenamos de vitalidad y nos relajamos.

Silvia comenta que aquello que ingerimos también puede remitirnos al pasado: “En general el alimento nos recuerda la nutrición, el cariño y atención de los seres que nos han cuidado. Nos remite a cómo se vivía la alimentación en familia”.

Lo anterior explicaría por qué muchas veces durante una comida, al estar acompañados de seres queridos -sean familiares e incluso amistades-, podemos experimentar “una subida energética”, según la psicóloga.

Compartir desde el hogar

Alimentarse en comunidad es un hecho intrínseco a las personas. “El momento de la comida ha sido una especie de ritual en comunidades, tribus y clanes cuyos miembros se sentaban muchas veces alrededor del fuego para compartir”, señala Cordón.

La modalidad varió con la aparición de los mobiliarios, pero el espíritu se mantuvo intacto. Con el paso del tiempo, la expresión “reunirse alrededor de la mesa” reivindicó la importancia del encuentro entre personas de un mismo núcleo.

“Ha sido un ritual de convivencia, de celebración y de conexión para ponernos en contacto con los demás”, explica la psicóloga.

Pero las cosas han cambiado. De acuerdo con Silvia, durante décadas se ha visto una “pérdida de consciencia” respecto al tema por distintas razones: padres de familia que trabajan en horarios distintos y que, por ende, comen en horarios variantes con su familia; y también por la segmentación en cuartos en los hogares donde muchos miembros prefieren comer solos.

La alimentación es un alivio físico y espiritual.
Al comer junto a otras personas, se crea un espacio de convivencia emocional desde el placer alimenticio de cada uno. (Foto Prensa Libre: Shutterstock)

Silvia comenta que durante el último año ha sido notoria la cantidad de casos psicológicos en los que pacientes se sienten cada vez más desconectados de sus familias, aun viviendo en el mismo lugar. La especialista comenta que la pandemia por covid-19 ha tenido mucho que ver con este fenómeno.

“La gente no se da cuenta de cómo se sienten sus familiares porque no hay un espacio de encuentro para saberlo o preguntarlo”, explica.

Ante ello, sugiere que las personas dentro de las casas promuevan espacios de reunión sin escatimar las diferencias de edad o de intereses.

“Si estamos conviviendo en un mismo espacio, es necesario el momento de encuentro. Puede alivianarnos problemas emocionales y hacernos sentir acompañados”, agrega la especialista. Una forma de propiciar estas reuniones es llevando a cabo el denominado ritual para sentarse a la mesa.

El ritual

No existe una fórmula específica o mágica para lograr la mejor convivencia en familia. Esto depende de la creatividad y las circunstancias de sus integrantes, pero compartir los alimentos puede ser una ruta para lograrlo.

Para trazar la meta hacia ese ideal, la psicóloga Cordón sugiere tomar en cuenta lo siguiente:

Apoyar en la preparación: Al tratarse de alimentos que todos los miembros comerán, es recomendado que quienes tengan disponibilidad de tiempo se sumen a la elaboración. Esto propicia el involucramiento, así como la atención en los detalles y la creatividad para presentar los platillos.

Establecer el momento: Los miembros encargados de las familias pueden llegar a un acuerdo que defina a qué hora será la comida en la que todos los miembros deben estar para compartir.

El ritual de comer en familia inicia desde la preparación.
Preparar los alimentos en conjunto puede ser beneficioso y estimulante para los miembros de la familia. (Foto Prensa Libre: Shutterstock)

Definir qué tópicos pueden abordarse: Al tratarse de un momento importante para el sistema corporal, es necesario que las personas coman de manera tranquila puesto que influye en la buena digestión.

Los tiempos de comida pueden acompañarse con diálogos livianos que fortalezcan la unión entre los presentes. Se sugiere hablar de intereses comunes, planes a futuro y novedades de las jornadas de cada persona.

También deben identificarse los tópicos que resulten incómodos para los miembros, con el fin de evitarlos y disminuir la posibilidad de una comida desagradable. La psicóloga sugiere no hacer regaños o hablar de temas delicados que puedan causar molestia y tristeza.

Garantizar que todos convivan: Es importante que todos los presentes en la mesa aporten a la conversación, puesto que en ese momento se busca el autoconocimiento del núcleo familiar. En dado caso un miembro no llegue al ritual y coma luego, alguien puede acompañarlo para conversar.

Otras consideraciones

Cordón menciona que los encargados de las familias son los responsables de hacer del ritual de sentarse a la mesa un hábito. Por esa misma razón, es necesario que den el ejemplo y que también eviten ciertos factores que interfieran en la convivencia.

Por ello debe limitarse atender llamadas telefónicas, utilizar dispositivos electrónicos e incluso ver televisión.

Los dispositivos móviles causan distracción durante la ingesta de alimentos. (Foto Prensa Libre: Shutterstock)

“Entre más conscientes estemos de la comida podremos beneficiar nuestra salud. Hay personas que por estar concentradas en los celulares no se enteran de lo que comieron o que no pueden determinar cómo les supo el alimento”, comparte Cordón.

Asimismo, es recomendable no escuchar noticias o información que pueda resultar negativa. En su lugar puede escucharse música que estimule y relaje a los comensales.  “Es vital hacer del momento de comida algo sagrado”, dice la psicóloga.

Digestión: La otra cara del ritual

La digestión de la comida consiste en un proceso en que los alimentos son ingeridos, procesados y transformados por el aparato digestivo y que da como resultado la absorción de nutrientes y la producción de energía.

La nutricionista María José Aguilar comenta que una buena digestión inicia con una forma lenta y ordenada de masticar la comida durante un rango de 20 a 30 minutos. Además, se debe contemplar que los alimentos sean masticados entre 10 y 40 veces para que sean bien procesados y el organismo absorba todos los nutrientes.

Aunque no se trata de una regla general, María José indica que masticar tantas veces los alimentos ayudará a que el sistema procese las señales de saciedad. De lo contrario, si se comen porciones grandes y de manera rápida, es probable que la digestión se vea entorpecida. Esto provocará que el organismo no se sienta satisfecho e incluso puede provocar malestar inmediato.

Una buena digestión inicia desde el buen procesamiento de los alimentos. (Foto Prensa Libre: Shutterstock)

La nutricionista invita a los adultos a crear consciencia en cuanto a la importancia de la digestión en ellos y también hacia los pequeños. Esto puede llevarse a cabo durante los momentos en que se comparte la comida en familia.

A propósito de ese encuentro, Aguilar menciona que las personas deben ser cuidadosas cuando comen y hablan, ya que no a todas las personas se les facilita el proceso. Por un lado, hay quienes padecen gastritis, reflujo o gases intestinales y, por ende, deben ser más precavidas mientras dialogan e ingieren.

“Es necesario prestar atención a no comer de manera acelerada y masticar bien durante la convivencia. Se debe lograr el equilibrio entre esas dos cosas y recordar que, en efecto, la alimentación es un enlace entre las familias”, concluye la especialista.