¡Ese no era mi plan! Cómo negociar el futuro con la pareja

Hijos, ¿sí o no? Pasar un tiempo en el extranjero, ¿sí o no? Nos mudamos en el próximo año a un apartamento más grande, ¿sí o no? Las preguntas y decisiones, cuando se está en pareja, son infinitas. A veces, coincidimos sin pensarlo con nuestra media naranja. Otras, no. ¿Cómo podemos manejar las diferencias, que pueden llegar a poner en jaque la pareja?

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Pareja
Hablar de los planes futuros es indispensable en toda relación sentimental. (Foto Prensa Libre: Servicios)

No es una pregunta menor. Nuestra idea de cómo vivir o de qué quisiéramos hacer en el futuro depende en gran medida de cuál sea la idea que tiene nuestra pareja del plan. “Por supuesto que nuestras decisiones impactan en la vida de nuestras parejas”, explica la terapeuta de parejas Sabina Lennarz.

“En las parejas jóvenes, es decir, que tienen poco tiempo de estar juntas, el futuro suele ser un tema muy frecuente”, comenta la terapeuta Sigrid Sonnenholzer. “En esa etapa es habitual hablar de los deseos de cada uno. Con el tiempo, el tema suele quedar relegado”. En muchos casos se debe a que las parejas hablan menos sobre ellos, quizás guiadas por la falsa impresión de que ya saben qué es lo que quiere el otro.

“Hablar sobre el futuro tiene mucho sentido en cualquier etapa de una pareja”, explica Sonnenholzer. Hay terapeutas como Miriam Junge que incluso recomiendan tener un encuentro agendado, una vez por mes, para conversar sobre los planes y deseos de cada uno.

Pareja y economía
El ahorro en la pareja está relacionado con la buena administración de la economía del hogar. (Foto Prensa Libre: Servicios)

Suena muy fácil, pero no a todos les gusta hablar sobre el futuro. Hay personas que incluso hacen todo lo posible para evitarlo y le rehuyen a más no poder. Intentar tacharlo de la lista o esquivarlo no es una solución. Cuanto más tiempo deje pasar una pareja sin hablar o sientiéndose ignorada en sus planes y deseos, más fuerte será probablemente el estallido que se producirá de pronto, sin previo aviso.

¡Mucho ojo!

¿Y qué podemos hacer si, una vez que hablamos del futuro, nos damos cuenta de que cada uno tiene una idea bastante distinta? “El primer paso es decir abiertamente dónde uno está, qué idea tiene”, asegura Lennarz. Si uno no se imagina una vida con hijos o no tiene ganas de invertir en un apartamento para los dos, debería decirlo con claridad. El segundo paso consiste en que cada uno comente qué lo lleva a tener esa posición. Sonnenholzer apunta que cuando hablamos de los planes a futuro solemos decir o delinear dónde está para nosotros el sentido de la vida, y ese es un tema poco negociable.

Si una pareja se dice abiertamente cuáles son sus motivos, puede llegar a encontrar puntos de partida para lograr un consenso. Puede que al hablar uno descubra que el otro no quiere saber nada de tener una familia, no porque rechace en forma generalizada a los niños, sino tal vez porque tenga miedo de asumir esa responsabilidad. Puede que saber eso permita comenzar a trabajar el tema y decidir, por ejemplo, no abalanzarse a tomar semejante decisión.

Pareja e hijos
Hablar acerca de formar o no una familia es una de las pláticas que deben tenerse en pareja. (Foto Prensa Libre: Servicios).

Los consensos son muy difíciles de lograr cuando se generan cruces de “sino esto, entonces…”. Algunas decisiones son más fáciles que otras. Cambiar de trabajo o dejar un apartamento siempre se puede, pero tener hijos es una decisión para toda la vida. Si una de las partes quiere tener hijos sí o sí y la otra no, la única solución es separarse. “A veces perder la pareja es una pérdida menor que la pérdida que nos puede generar no cumplir un deseo tan grande como ese en nuestras vidas”, resume Lennarz.

Adaptarse y asumir la idea de nuestra pareja aunque no la compartimos, no es buena idea. “El momento crítico se da cuando una de las partes de la pareja no se siente vista”, apunta la especialista. “Cuando una de las partes relega totalmente sus deseos o necesidades, a la larga puede tener problemas psíquicos”.

Por eso es importante plantearse la siguiente pregunta: ¿Puedo ser realmente feliz si renuncio a ciertas perspectivas de futuro? Si la respuesta es “no”, es bueno evaluar a fondo si la relación que uno está llevando tiene sentido.

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