Los adultos influyen en cómo los niños aprenden a comer

El gusto por una alimentación saludable se adquiere en casa. Los padres y adultos se convierten en un modelo a seguir para las nuevas generaciones.

En algún momento comienzan a tomarles el gusto: zucchinis, zanahorias y otras verduras deberían formar gran parte del menú de los niños. (Foto Prensa Libre: Bodo Marks/dpa)
En algún momento comienzan a tomarles el gusto: zucchinis, zanahorias y otras verduras deberían formar gran parte del menú de los niños. (Foto Prensa Libre: Bodo Marks/dpa)

Cada vez hay más indicios de que el comportamiento alimentario de las personas está fuertemente influido por la imitación, sobre todo en las edades más tempranas de la niñez.

A los tres o cuatro meses, el niño empieza a ver con los dos ojos y a tomar consciencia de su entorno. Por eso, esta es la fase en la que los pequeños comienzan a imitar a sus padres.

Si el niño observa que la madre y el padre comen verduras y frutas, la probabilidad de que más tarde haga lo mismo es muy alta. Sin embargo, los niños también imitan las costumbres alimenticias negativas.

Por otra parte, se cree que el comportamiento alimentario de las personas se aprende aún antes, en el vientre materno. Esto se debe a que lo que come la madre llega al bebé en forma de líquido amniótico.

Por eso, muchos especialistas creen que tiene sentido que las mujeres embarazadas acostumbren a sus hijos desde temprano a los alimentos y aromas sanos.

Pero no todo depende de la madre. Padre y madre deben comprometerse con la alimentación de su hijo, y no recién cuando éste comienza a asistir a un centro educativo.

En busca del equilibrio

La nutricionista Sandie Palacios, de Nutrejerssa explica que “es importante que padres, así como hermanos mayores en la adolescencia enseñen a los niños a comer saludable, de lo contrario si se consumen únicamente alimentos altos en grasa saturada, grasa o sodio se fomenta que los niños adquieran esos hábitos que no aportarán nada”.

“La familia enseña al niño al aprendizaje y cultura de incluir opciones sanas en su diario vivir”, agrega.   En casa se sugiere tener alimentos que aporten las vitaminas, minerales y otros nutrientes esenciales.

Los niños deberían probar ya en los dos primeros años de vida una gran diversidad de sabores. (Foto Prensa Libre: Mascha Brichta/dpa)

Palacios insiste que es mejor aprender hábitos sanos desde las primeras edades.  El adulto también puede cambiar su manera de comer en busca de más salud, pero llevará un poco más de trabajo el aprendizaje.

Hace énfasis que comer saludable incluye diversidad de alimentos, es decir que el plato sea lo más variado posible. Que se mezclen vegetales, carbohidratos -como arroz, papa o pastas-, así como proteínas que se encuentran en las carnes. En general es incluir todos los grupos de alimentos y comerlos en las raciones recomendadas.

Este paso es esencial porque el niño aprende, al mismo tiempo que llega a su organismo, lo que ayudará en su crecimiento y desarrollo físico e intelectual.  Esta alimentación también ayuda a prevenir enfermedades a corto y largo plazo.

Otro punto son los horarios de las comidas.  “Es importante fomentar en familia a tener cinco tiempos de comida y en especial en los niños que todo el tiempo están activos”, agrega Palacios.

Ofrecer distintos alimentos 

Precisamente en los primeros dos años es importante que los padres amplíen el gusto de sus hijos. Cuando los niños conocen ciertos alimentos sanos desde pequeños, la probabilidad de que más tarde les gusten y quieran comerlos es alta.

Por eso mismo no hay que tener miedo a servirles algunas verduras menos usuales como berenjenas. También es importante que los padres no reemplacen las verduras por frutas.

Cuando el niño rechaza una verdura o fruta, muchas veces ayuda hacerla puré o mezclar pequeñas cantidades con la comida. Aunque al principio las rechacen, hay que seguir ofreciéndoles verduras y frutas. En algún momento, el niño supera la resistencia inicial y le terminan gustando.

Palacios también sugiere involucrar a los niños en los procesos de planificación de los menús para seleccionar opciones sanas.  Involucrarlos en las compras también es un gran incentivo, aunque por la pandemia esta actividad se evite por ahora.

Las frutas con poca azúcar son ideales para los niños más pequeños. (Foto Prensa Libre: Andrea Warnecke/dpa).

Enséñeles a preparar sus propias refacciones para que ellos también sientan que toman parte al construir un menú con alimentos que gustan, por supuesto incluyendo opciones saludables.  Cocinar en familia es otro momento que ayudará al aprendizaje.

En familia compartan durante los tiempos de comida.  De preferencia eviten comer mientras ven televisión porque esto no permitirá que se concentren en los alismentos y disfruten de ese momento para descubrir sabores y aromas.

Evitar sobrepeso

Algunas frutas, como los bananos y las uvas, son muy dulces. Por eso, es mejor que los padres den a los niños frutas con poca azúcar, como manzanas, ciruelas o fresas.

¿Qué más es importante? Sólo se debería comer en los horarios de comida -desayuno, almuerzo, meriendas, cena- y no entre comidas. Muchas veces estas pequeñas refacciones que se van intercalando entre las ingestas son las que más calorías tienen y pueden llevar al sobrepeso.

Otro consejo para evitar el sobrepeso en los menores: servirles porciones poco abundantes. Si el niño no está satisfecho, siempre se le puede servir un poco más.

Motívense en familia también a ejercitarse.

No usar la comida para tranquilizar o consolar

Nunca se debería calmar a un niño que llora con comida, ya que puede llevar a que desarrolle el hábito de comer por frustración.  Una situación típica es esta: una mamá le da a su hijo de un año que llora un trozo de chocolate. De esta forma, logra a corto plazo que se calme. ¿Pero qué se puede esperar a largo plazo?

Con esta acción, la madre enseña a su hijo a relacionar las situaciones de estrés con lo dulce, por lo que, más adelante, el niño probablemente copiará este esquema.

Está claro que esto no significa que los padres ya no puedan dar nada dulce a los niños. Pero no deben usar los dulces como premio o consuelo. El camino intermedio sería no prohibir los dulces por completo, sino dar a los niños pequeñas cantidades.