Misión: vida en favor del planeta

Con el coronavirus se ha establecido cuánto una pequeña acción como el lavado de manos influye en la salud y en el bienestar propio y el mundo. Los expertos insisten que esto refleja cómo las prácticas de cada hogar podrían representar un cambio para el bienestar de todos.

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Sin cambios en los hábitos humanos en el 2050 podría existir más desechos que peces en el mar.  En esta fotografía voluntarios jóvenes de Semillas del Océano en la limpieza del área.  (Foto Prensa Libre: Semillas del Océano).
Sin cambios en los hábitos humanos en el 2050 podría existir más desechos que peces en el mar. En esta fotografía voluntarios jóvenes de Semillas del Océano en la limpieza del área. (Foto Prensa Libre: Semillas del Océano).

Luis Peñate, vice decano de la Facultad de Ciencias Ambientales y Agrícolas de la Universidad Rafael Landívar, URL, comenta que con la pandemia “vemos cómo todo está conectado en el mundo y por eso es que cada acción que tomemos en casa suma”.

Agrega que cualquier medida por pequeña que parezca forma parte de ese gran todo, si uso las hojas de ambos lados, ahorro papel, o tengo una bolsa reutilizable para las compras disminuyo una gran cantidad de bolsas de plástico, eso hace la diferencia”, agrega el ingeniero.

De igual manera, Peñate describe que estas experiencias se pueden llevar a otros niveles.  Por ejemplo, si la familia desea podría llegar a ser autosostenible en algunos aspectos y sembrar los propios alimentos y construir un huerto o tener crianza de animales.

Lorenzo Magzul, guatemalteco y catedrático en la Universidad de Victoria, en Canadá cuenta que en este lugar por la pandemia ha surgido la necesidad de replantear el tema de los alimentos a todos niveles.

En la ciudad de Victoria se produce únicamente el 12 por ciento de alimentos y el resto viene de Estados Unidos y México, “aunque no pasamos hambre si se pone en evidencia la dependencia de comida y la necesidad de practicar más la siembra de alimentos como lo están haciendo algunos de sus vecinos”, agrega.

“Nací y crecí en Patzún, Chimaltenango, así que desde que vine a este lugar hace más de 30 años siempre he tratado de sembrar algunos alimentos”, recuerda.  Actualmente en el balcón de su apartamento tiene tomates, kale, espinaca, acelga y albahaca.  “No importa el espacio siempre es posible hacer crecer algo y si se tiene la oportunidad de lugares más grandes podrían ser hasta árboles frutales”, menciona el profesor.

Peñate también expresa que esta experiencia es una gran enseñanza para la familia porque nos hace conscientes de cuánto tarda un alimento en llegar a una mesa, del proceso de la naturaleza de dar frutos y del trabajo del cuidado.  Un rábano, por ejemplo, llevará más de 20 días; la espinaca, un mes; mientras, un árbol de cítricos podría representar hasta dos años para obtener los primeros frutos.

En climas como Guatemala también se podrían tener plantas medicinales, zanahoria, frijol, bróculi, por mencionar algunos ejemplos.  El requisito para comenzar a cultivar es que el espacio tenga luz y agua de manera regular, según la especie.

Las otras formas de dar más al ambiente

Parte de una vida de estar más conscientes del ambiente requiere alimentarnos bien y buscar las opciones más sanas y disminuir el consumo de alimentos procesados o con demasiados químicos, dice Magzul.

Peñate comenta que parte de ello podría ser comprar con vendedores locales para apoyarlos, agricultores pequeños siempre que se compruebe que se cuentan con ciertos estándares de calidad.

En la URL la facultad en la que trabaja cuenta con un huerto para que los estudiantes practiquen la siembra y cosecha de distintos frutos.  El objetivo del Centro de práctica San Ignacio es que las frutas y vegetales orgánicos se vendan a la misma comunidad landivariana y además un porcentaje se comparte con la escuela vecina Futuro Vivo.

“Este proyecto va más allá y de la venta de estos productos se apoya al programa de becas de la institución”, comenta el experto.

Llevar una vida de apoyo al ambiente debe sumar el esfuerzo por desperdiciar menos alimentos. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación, FAO,  África, Europa y América podría alimentarse con la cantidad de comida que se tira cada año en el mundo.

Parte del huerto de la Universidad Rafael Landívar que es también un espacio para prácticas y apoyo de becas. (Foto Prensa Libre: URL).

Lo anterior traducido en cifras significaría 1,300 millones de toneladas de alimentos que van a la basura anualmente.  Entre los que más se desperdicia están las frutas y verduras, queso, pescado, pan, cereales, huevos y leche.

Los especialistas hablan que no desperdiciar es un trabajo en conjunto que comienza desde la siembra y producción, los procesos de distribución y llega hasta el momento que usted adquiere los productos y los lleva a su hogar.

Siempre, pero en especial durante la cuarentena es necesario poner en práctica la organización de compras de comida para evitar desperdiciar.

Planifique los menús y de un seguimiento a todos los alimentos que tiene en casa.  Utilice técnicas como el congelar o hacer conservas para mantener opciones y evitar salir lo menos posible. Compre los productos naturales lo más fresco posibles.

En la despensa también mantenga frijol, garbanzo y lentejas, que tienen un tiempo más prolongado de vida.  En el listado no olvide las pastas y enlatados.

Cuando es la hora de comer se recomienda poner los platillos en el centro de la mesa para que cada uno se sirva según su apetito.  De esta manera se evita que las personas dejen residuos en los platos, que terminen en la basura.

La conexión con toda Guatemala

Alerick Pacay, fundador y director de Semillas del Océano, comparte que la organización a la que pertenece trabaja en el uso sostenible de los océanos y la vida marina, en la que todos estamos involucrados.

En 2018, Semillas del Océano trabajó Informe de caracterización de basura marina en tres playas del Refugio de Vida Silvestre, en Punta de Manabique, Izabal.  Solo en una de las playas llegaron a encontrar 18 mil piezas de duroport.

Pacay comenta que este ejemplo solo es reflejo de que estamos conectados.  Este ejemplo preocupante es un muestreo de la desembocadura del Río Motagua. Éste es el más largo de Guatemala, con una longitud de 486 kilómetros cuya cuenca atraviesa 14 departamentos: Quiché, Totonicapán, Sololá, Chimaltenango, Sacatepéquez, Guatemala, Alta Verapaz, Baja Verapaz, El Progreso, Jutiapa, Jalapa, Chiquimula, Zacapa e Izabal.

Semillas del Océano trabaja con voluntarios en diferentes lugares de Guatemala. (Foto Prensa Libre: Semillas del Océano).

El río sufre de contaminación provocada por descargas de aguas residuales e industriales, desechos sólidos y procesos acelerados de deforestación que se dan a lo largo de toda la cuenca, explica Pacay.

“A nivel mundial debemos reflexionar como nuestras acciones están afectando y este encierro de la pandemia nos está enseñando eso, además de poner otra forma de vida de ahora en adelante, porque las empresas encuentran en el teletrabajo como una opción beneficiosa por disminución de costos y psicológicamente las personas no se enfrenten al estrés del tráfico y la contaminación”, agrega el ambientalista.

También comenta que el covid19 presenta una unión mundial por una sola causa y ese es el nivel de esfuerzo que necesita el tema ambiental, el dirigente expresa que “en el tema de los océanos además de los impactos negativos de la contaminación sobre la biodiversidad, existe una creciente preocupación por la salud humana como consecuencia de las sustancias potencialmente dañinas que se encuentran en sus aguas”.

“Este tipo de pandemias y virus como el coronavirus se pueden potencializar más si seguimos afectando el ambiente, depredamos ecosistema y destruimos el hábitat de los animales”, agrega.

Semillas del Océano tiene a lo largo del año una serie de programas de educación ambiental, de ciencia y acción comunitaria en la que participan voluntarios y donantes.

“Vamos a las escuelas para explicar estos temas, en la comunidad también hemos organizado algunas campañas de limpieza de ríos y playas y recogido con voluntarios más de 80 mil libras de basura”, dice.

Esta basura es procesada por medio de otra empresa para que no regrese a ningún basurero ni al ambiente natural.  “Cualquier tipo de material que nosotros desechemos incorrectamente como quemándolo, enterrándolo o tirándolo en lugares naturales puede ser perjudicial”, dice.

Pacay agrega que existe esperanza en las nuevas generaciones que están más conectadas con la naturaleza, “debemos de dejar de ver a los jóvenes como el futuro sino dejarlos actuar ahora, delegar en ellos y escuchar sus nuevas ideas sin desentendernos como adultos de nuestra responsabilidad”, opina.

La educación es fundamental para conocer cómo los pequeños gestos ayudan al planeta. (Foto Prensa Libre: Semillas del Océano).

Como sociedad Pacay invita a las personas a unirse a campañas que generen un cambio en la sociedad y motive a otros a acciones individuales que tengan un impacto positivo en el ambiente.

Peñate como reflexión final comenta que como seres humanos debemos estar conscientes que no somos eternos y estamos de paso por el planeta. “Somos como peces nadando en una gran pecera, en la que todo está conectado, así que lo más pequeño que hagamos tiene una huella…pensemos en que esta crisis del coronavirus nos convenza de que necesitamos un lugar con un aire más limpio, agua y todo lo necesario para mantenernos sanos y con bienestar y dejar como legado esto a las generaciones que vienen”, concluye.

El mapa para la sustentabilidad

Como han dicho los expertos las acciones constantes y la perseverancia logran cambios.  Decidir vivir en armonía y favor del ambiente hará que se aumente la prolongación de recursos, la responsabilidad de cuidar el ambiente y conservarlo.

El ideal es crear generaciones más responsables que aseguren una vida mejor ahora y para el futuro.  Si busca alcanzar esta forma de vida compartimos algunas ideas para contribuir con este cambio, recuerde que los pequeños cambios multiplicados por muchas personas harán una diferencia importante.

  1. Al momento de lavarse los dientes cierre la llave del agua. Esta pequeña acción hará que no desperdicie el vital líquido.
  2. Apague las luces si no las está utilizando. Esto permitirá un ahorro de energía.  Otro aspecto favorable es cambiar los bombillos a opciones ahorradoras.
  3. En casa piense en implementar paneles solares. Por ahora la primera inversión es alta, pero a mediano y largo plazo se tiene una reducción en gastos de electricidad.
  4. La regla de las 3R, reducir, reciclar, reutilizar es una manera de integrarse al orden y sistema. Al comprar vea los detalles, conozca las características del producto, vea si es reciclable y de preferencia adquiera aquellos que sean menos dañinos para el ambiente.
  5. Evite comprar productos con demasiados empaques. Prefiera aquellos con certificación ecológica
  6. En forma individual o en familia acérquense a programas educativos o creen un programa poyo de uso responsables de recursos para aprender o enseñar a otros estos aspectos.
  7. Convierta su basura orgánica en composta para la abonar la tierra de las plantas.
  8. Prefiera las baterías recargables. Si utiliza las más comunes póngalas en recipientes plásticos con aserrín seco para evitar que éstas lleguen a contaminar el suelo.
  9. Apoye y de seguimiento a las campañas de reforestación.
  10. En la actualidad inclínese por vivir o comprar en edificios y construcciones que están alineados con la vida sustentable. Esto incluye utilizar materiales nobles con el ambiente, así como integrar sistemas de ahorro.