“Padrectomía”: cuando la madre no le permite al padre ver a sus hijos

La padrectomía va de la mano con la alienación parental, que consiste en hablar mal de uno de los progenitores para que los hijos lo rechacen. Esta es una práctica que en Guatemala no está regulada.

Los niños tienen derecho de conocer y convivir con su padre siempre que no represente ningún riesgo. Foto Pixabay.com
Los niños tienen derecho de conocer y convivir con su padre siempre que no represente ningún riesgo. Foto Pixabay.com

La padrectomía ocurre cuando la madre busca sacar a la expareja de la vida de los hijos en común, lo cual puede traer problemas emocionales y psicológicos tanto en el padre como en los hijos. En otros países esta práctica está regulada legalmente, pero en Guatemala no es así.

Jaime, un joven mexicano de 38 años que prefiere no dar su apellido, contó a Efe que no ve a su hijo hace casi 15 años, cuando se divorció de su expareja Liliana, con quien determinó que podría ver al pequeño Guillermo dos veces por semana, pero luego cuando Jaime iba por el niño la madre lo escondía o le decía que no podía verlo hasta que llevara dinero.

“A veces sí llevaba lo que pedía, ropa o zapatos, otras no podía porque no tenía un trabajo fijo, ella sólo me dejaba estar en la puerta un rato. Mi mamá le pedía permiso para tenerlo en su casa sin decirle que iría yo de visita, pero luego se dio cuenta y ya no quiso dejarlo”, narra Jaime, quien no podrá festejar el Día del Padre.

Su expareja dejó de contestarle las llamadas. Meses después supo que se habían mudado a Tijuana sin avisarle. Tiempo después, cuando pudo hablar con el entonces adolescente, este lo rechazó reclamándole que lo había abandonado.

“No podemos desequilibrar un reclamo de esta índole pensando en que por ser hombre o mujer tiene que ser beneficiado, se tiene que ponderar lo principal, que es el bienestar del menor, pero sí son más demandas de convivencia de hombres contra mujeres”, señala Rosario Castellanos, directora del área familia de la Procuraduría social de Jalisco (oeste de México).

Sin embargo, en Guatemala no está regulada esta figura de la padrectomía, afirma el abogado Ricardo Echeverría.  Lo único que puede hacer un padre ante esta situación es solicitar “Medidas de seguridad” para obligar a que la madre le presente al niño, pero lo cierto es que la ley no sanciona la figura de la madre en estos casos.  Por ello, pueden pasar años antes de obtener un resultado positivo, afirma Echeverría. En ocasiones son los hijos cuando, al crecer, buscan a su padre y lo logran conocer.

Muchas veces la venganza y el coraje hacen que las madres escondan a los hijos y les hablen mal de su padre con lo cual se afecta principalmente a los niños.

En nuestro país existe una “discriminación positiva”. Acá la ley es muy protectora de los derechos de la madre y la mujer. La ley contra el femicidio y otras formas de violencia contra la mujer tiene estas figuras: 1) la violencia contra la mujer, que puede ser psicológica -atropellos de palabra, insultos-; física -golpear, empujar, escupir-; 2) violencia sexual, y 3) violencia económica que va en contra del detrimento en patrimonio.  Al hombre se le pondera en menor medida por el historial de machismo, explica Echeverría.

En México, la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes dicta que el menor no debe ser separado de su padre o madre contra su voluntad, incluso si hay carencia de recursos económicos, y debe mantener contacto directo con ambos progenitores en el caso de una separación o divorcio.”La ley determina que la autoridad judicial es la única que puede suspender o restringir una convivencia, ya sea por alguna causa excepcional o por la existencia de violencia intrafamiliar, pero en muchas ocasiones es capricho o peleas entre las parejas y ponen al frente a los hijos para defender una causa que no le corresponde al menor”, apunta.

Es común que el padre decida no actuar legalmente por razones económicas, pero son cada vez más los que interponen una demanda de convivencia en México.

Sin embargo, allí se topan con que la madre interpone todo tipo de recursos legales o se esconde en otro estado para no hacer frente a esa responsabilidad.

“La venganza o “el capricho” contra el excónyuge convierte a este proceso en una lucha de poderes, incluso muchas mujeres acusan violencia intrafamiliar, “aunque no la acrediten” para hacer que el juicio se alargue indefinidamente, expone Castellanos.

Víctor García tiene cerca de dos meses que no ve a sus hijas de 3 y 2 años. Ni el cumpleaños de la menor hace unos días, ni la celebración del Día del Padre  convencieron a Alejandra, su ex pareja, de permitirle verlas.

Contó a Efe que desde que se separaron hace 18 meses, iba a verlas poco tiempo por su horario de trabajo, luego consiguió un mejor empleo y establecieron un día de visita por cuatro horas, aunque a veces ella se negaba a dejarle a sus hijas.

Los problemas surgieron cuando tuvo menos ingresos y no pudo cumplir con la cuota de alimentos semanal. El padre pudo verlas un par de veces antes de que ella evitara por todos los medios que compartieran tiempo.

Ahora evalúa acudir al juzgado a demandarla, pero sabe que será un proceso largo y seguirá sin ver a sus hijas.

La padrectomía y la alienación parental podrían traer consigo cansancio emocional, ansiedad o depresión, tanto en el padre demandante como en los menores, explica la psicóloga Guadalupe Covarrubias, coordinadora de la Clínica de atención psicológica integral de la Universidad de Guadalajara.

“Depende mucho de la edad del menor y la madurez del padre, entre más grande sea el niño busca de manera natural al padre ausente. En el adulto hay un cansancio emocional por la necedad del otro, pero continúa la pelea y se vuelve un círculo vicioso y puede caer en una depresión, en enojo y frustración de no encontrar una respuesta positiva”, explica. EFE

 

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