Prudencia: Una virtud para trabajar con los niños

Esta virtud puede enriquecer los vínculos interpersonales de los pequeños. Es importante que los adultos también la practiquen y la impartan con su ejemplo.

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Los niños suelen ser imprudentes debido a la honestidad y libertad que les caracteriza. (Foto Prensa Libre: Shutterstock)
Los niños suelen ser imprudentes debido a la honestidad y libertad que les caracteriza. (Foto Prensa Libre: Shutterstock)

La niñez es una etapa que presenta a los pequeños un abanico de revelaciones. Motivados por su curiosidad, es común que estos cuestionen todo aquello que les provoca interés.

Dentro de ese constante aprendizaje, también es habitual que hagan preguntas o realicen comentarios categorizados por muchos como “impertinentes” o “fuera de lugar”. No obstante, se trata de la habitual imprudencia de los pequeños asomándose.

Luisa Vidal, psicóloga especializada en consejería familiar, señala que la imprudencia es habitual en los niños, ya que sus personalidades son impulsivas y sinceras. “Dicen lo que piensan y no saben que sus comentarios pueden incomodar o herir a una persona”, expresa.

La también especialista en salud mental y experta en asesoramiento familiar, Helen Muñoz, agrega que dichas conductas impulsivas remiten a un sentido de libertad mediante el cual los niños ven la necesidad de decir todo aquello que piensan y sienten.

Luisa Vidal ejemplifica que la imprudencia de los pequeños, aún sin ser malintencionada, puede darse cuando estos apuntan a ciertos “defectos” o resaltan una particularidad del aspecto e identidad de otras personas.

Otras situaciones de imprudencia suelen presentarse cuando los niños escuchan un comentario impertinente de sus padres en casa y lo replican frente a otros adultos.

“Los niños son como pequeñas antenas que están pendientes de lo que ocurre a su alrededor. Suelen observar, escuchar y repetir todo”, comparte Helen Muñoz.

Pero ¿hasta qué punto pueden ser inofensivas las imprudencias en los niños? Las psicólogas entrevistadas coinciden en que se trata de una respuesta subjetiva, ya que las imprudencias pueden variar según los contextos y personas.

No obstante, resaltan que tanto la imprudencia como la prudencia están vistas en el marco de los límites.

Muchas veces los niños dicen lo que piensan y no saben que sus comentarios pueden incomodar a otras personas. (Foto Prensa Libre: Shutterstock)

Muñoz sostiene que los niños en edades comprendidas dentro de la época de preprimaria no se privan de la información que necesitan expresar, así como tampoco saben guardarla.

Esto se debe al proceso mental infantil y al hecho que los pequeños no tienen conciencia de los límites, esas reglas sociales que suelen dictaminar qué es lo correcto dentro de las dinámicas interpersonales.

Cara a este panorama, la pregunta restante sería, ¿cuáles son los límites que comprende la prudencia?

De acuerdo con Luisa, es necesario antes definir la prudencia. Esta consiste en la habilidad de actuar correctamente en algún momento determinado, y saber guardar información que podría perjudicar a otra persona, sostiene la psicóloga.

“También es un valor que está relacionado con el trato justo que se les da a otras personas”, comparte la psicóloga Muñoz, quien enfatiza en la justicia hacia los demás como determinación de los límites.

Es necesario que desde la paciencia, los padres comenten a sus hijos qué puede ser una imprudencia. (Foto Prensa Libre: Shutterstock)

A partir de ello, la especialista señala que los padres o adultos encargados de niños deben establecer los límites que consideran pertinentes y que puedan ser aplicables dentro del hogar, pero también considerables fuera de ese espacio.

Dichas reglas pueden cambiar y estar adaptadas a ciertas circunstancias. No obstante, los padres deben considerar que, respecto a la prudencia, uno de esos límites tiene que ver en cómo se manejará la información que se dialogue por parte de los miembros de la familia, apunta Helen.

“Los límites de prudencia pueden variar entre hogares: lo que para unas familias puede ser gracioso o aceptable, para otras familias puede ser una ofensa”, expresa.

Desde los límites se puede inferir una línea divisora que establece cuáles cosas pueden o no hacerse, dice Muñoz.

Y es así donde entra la virtud: poniendo en práctica la capacidad de limitar las acciones o comentarios de algo que pueda perjudicar a otras personas, establece Luisa Vidal.

Trabajarla con los niños

De acuerdo con Vidal, la prudencia en los niños puede provocar que estos sean vistos como buenos amigos, o como personas confiables.

Poner en práctica la prudencia conlleva la aparición de la empatía, el respeto y la asertividad cuando los niños estos expresan sus ideas o sentimientos.

Para que se lleve a cabo lo anterior es necesario que los padres tomen en cuenta los límites y les enseñen a estos la manera en que pueden abordar ciertas cosas respecto a otras personas, agrega Muñoz.

La psicóloga subraya que, de lo contrario, el exceso de imprudencia en un pequeño podría provocarle un rechazo por quienes le rodean. El ser una persona muy imprudente podría hacer que también cometa acciones que arriesguen su seguridad.

Entre las pautas sugeridas por las psicólogas entrevistadas para abordar y trabajar la prudencia con los niños destacan:

  • Practicar con el ejemplo: Los niños están atentos a todo lo que ven a diario y suelen replicar las conductas de quienes les rodean. Por ello, si conviven en una familia que hace comentarios impertinentes y no constructivos, los pequeños se acostumbrarán a ello. Se debe evitar estas conversaciones y fomentar diálogos constructivos.
  • Hablar de las diferencias de las personas: En caso los niños digan una imprudencia referente a la identidad o apariencia de otra persona, es importante hacerles ver que todas son distintas y que deben respetarse. Esto ayudará a que sean más empáticos.
  • Cuando comenten o dicen una imprudencia: Accionar diciéndoles que lo que cometieron fue una imprudencia y hablarles de los limites que existen, de los riesgos que supone incumplirlos y cuáles son las pautas para accionar mejor. Aunque se trata de una situación inmediata que puede ameritar molestia en los padres no se aconseja el regaño ni el reproche.
La cercanía y el diálogo de los padres con sus hijos son cruciales para que estos fomenten sanas relaciones interpersonales. (Foto Prensa Libre: Shutterstock)
  • Contarles historias y cuentos con reflexiones: Historias en las que se aborden temas donde los personajes dijeron o cometieron imprudencias pueden encausar a la reflexión de los pequeños. Es pertinente preguntarles qué hubieran hecho en esa circunstancia.
  • Presentarles otros escenarios posibles: Así como en los cuentos, podría abordarse en conversaciones cotidianas ejemplos de qué harían los niños respecto a un escenario donde alguien haya hecho una imprudencia.
  • Establecer el diálogo: Las especialistas comentan que debe primar un diálogo directo y constante con los niños, ya que estos, al preguntarlo todo, tienen una gran oportunidad para recibir las pautas y recomendaciones de los encargados adultos respecto a la prudencia y otras virtudes. Es importante que los diálogos sean asertivos y pacientes.