
Los niños muy pequeños, ancianos y adultos podrían ser más susceptibles a infecciones, debido a los defectos del sistema inmunológico. Cuando se vacuna a un gran porcentaje de la población, se limita la propagación de afecciones.
Según el Ministerio de Salud, gracias a la vacunación no se han reportado en el país desde 1991 casos de poliomielitis, así como de sarampión, desde 1998. La rubéola y el síndrome de rubéola congénita quedaron erradicados desde el 2008.
Las diarreas, neumonías e infecciones respiratorias son las principales causas de morbilidad y mortalidad en la niñez guatemalteca, pero su incidencia ha disminuido, luego de la introducción de las vacunas contra estos padecimientos. En el 2013 no se registraron casos de difteria, paperas ni meningitis —por haemophilus influenzae tipo B—.
Aunque no exista incidencia de rubéola, poliomielitis y sarampión, es necesario continuar la inmunización mientras persistan en otras partes del mundo, porque hay riesgo de que reaparezcan, ya sea por migración o por turismo, explica el médico Mario Martínez, consultor de inmunizaciones de la Organización Panamericana de la Salud y Organización Mundial de la Salud Guatemala.
Las vacunas son seguras, efectivas y gratuitas en el sistema público de salud. Es importante que los padres de niños menores de 6 años, así como mujeres de 15 a 49 años —embarazadas o no— se vacunen.
Ojo
Uno de los principales riesgos es la transmisión materno-fetal de la rubéola congénita, que deja graves secuelas o muerte, refiere Rebeca Méndez, del Instituto de Investigaciones Químicas, Biológicas, Biomédicas y Biofísicas de la Universidad Mariano Gálvez.
Debido a que la cepa estacionaria de la influenza o gripe muta de manera frecuente al producir resistencia, es recomendable la inmunización anual, añade.
También previenen contra algunos tipos de cáncer como la vacuna contra el virus de la hepatitis B (cáncer del hígado) y contra el virus del papiloma humano (cáncer cervicouterino), señala Martínez.
El médico geriatra Josué Avendaño explica que las vacunaciones no están destinadas únicamente a los niños, ya que los adultos mayores son propensos a las infecciones de las vías respiratorias, lo que incide en mayor riesgo de complicaciones. De ahí la importancia de insistir en la pronta y adecuada inmunización contra la influenza, neumonía neumocócica y tétanos, las cuales se complican en la tercera edad.