Quetzaltenango

Crimen organizado acecha a niños migrantes

Cada año, miles de niños de diferentes departamentos del país, principalmente del occidente, intentan llegar de forma ilegal a EE. UU., en un viaje en el que algunos  son  víctimas de  explotación  sexual y  laboral,  y otros son obligados  por narcotraficantes a trasladar drogas a  ese país del norte, según activistas.

Por César Pérez, Édgar Girón y Mike Castillo / Provincia

Niños guatemaltecos que no logran llegar a EE. UU. de forma ilegal son obligados a trabajar como lustradores en Tapachula, Chiapas, México, en donde opera una banda de explotadores infantiles. (Foto Prensa Libre: Édgar Octavio Girón)
Niños guatemaltecos que no logran llegar a EE. UU. de forma ilegal son obligados a trabajar como lustradores en Tapachula, Chiapas, México, en donde opera una banda de explotadores infantiles. (Foto Prensa Libre: Édgar Octavio Girón)

De acuerdo con organizaciones humanitarias, gran parte de los niños y adolescentes de entre 8 y 17 años que migran a EE. UU.,  provienen de comunidades indígenas de  San Marcos, Quetzaltenango, Quiché, Sololá, Totonicapán y Huehuetenango, aunque también hay  registros de la capital, Jalapa, Jutiapa, Izabal  y Petén.

Rosa Posadas, de la Unión de Guatemaltecos Emigrantes en Los Ángeles, indicó que en las zonas  fronterizas entre México  y EE. UU.  opera el crimen organizado y que sus integrantes obligan a los niños a transportar drogas a cambio de permitirles continuar  la travesía.

Explicó que a criterio de su organización, la totalidad de menores que llegan a Tijuana y  Nogales, México,   son obligados por criminales a trasegar droga,  a cambio de que les faciliten el tránsito  por los denominados pasos ciegos. En el caso de las  niñas la situación se agrava, porque algunas  son prostituidas.

Según Posadas, el peligro al que se exponen  los niños  que viajan de forma irregular a EE. UU.  es extremo durante todo el tránsito —Guatemala, México y EE. UU.—, porque son víctimas de tortura y  violaciones,  por lo que insta a los padres de familia a que  eviten exponer a sus hijos a tratos inhumanos.

Sin oportunidades

Carol Girón, coordinadora del Proyecto Niñez no Acompañada, de la Pastoral Social de Movilidad Humana, dio a conocer que miles de niños y jóvenes se ven forzados a migrar a EE. UU. debido a la falta de oportunidades, difícil accesos a derechos básicos, aumento de la violencia o reunificación familiar.

“Lo preocupante es que México impulsa una política de detención frente a la migración irregular, que concluye  con la deportación  automática, sin analizar por qué es que los niños deciden dejar  el país”, refirió.

Añadió que cuando los menores van de manera no acompañada se exponen a todo tipo de peligros en una  frontera  considerada hostil, como la de Guatemala-México.





“Es difícil identificar puntos rojos para los niños migrantes, porque todo el viaje es violento  y complejo, pero  las rutas a Veracruz y  Tamaulipas, México,  son zonas  álgidas,  en donde  secuestran, violan y ocurren  desapariciones”, indicó.

Fernando Castro, del   Consejo Nacional de Atención al Migrante (Conamigua),  informó   que de enero al 7 de septiembre último, México deportó  vía terrestre a 51 mil 460 migrantes, de los cuales ocho mil 685 eran menores, lo que preocupa a activistas porque muchos de ellos huían de la violencia.

Desde el comienzo del año fiscal en Estados Unidos,  en octubre del 2014,  la Patrulla Fronteriza ha  detenido en ese país  a más de 35  mil  menores que viajaban sin compañía, de ellos un alto porcentaje son guatemaltecos.

Banda de explotadores

De acuerdo con información de connacionales residentes en Tapachula, Chiapas, México, en esa  ciudad  opera  una  banda dedicada  a la explotación infantil, la  cual  recluta  a  niños  guatemaltecos que no logran llegar a EE. UU.  y quedan abandonados en ese lugar.

Alfonso Echeverría, un guatemalteco que trabaja en esa ciudad, indicó que  es común  ver a niños y adolescentes que venden   frutas y golosinas o limpian vidrios de automóviles.

Añadió que los más pequeños  son obligados a trabajar como lustradores de zapatos y malabaristas, a cambio de obtener   un lugar en dónde dormir  y un poco de comida.

Echeverría señaló que en los casos más  dramáticos se puede observar cómo niñas  con trajes típicos de Guatemala  piden limosna o son  obligadas a ejercer la prostitución.



Niños guatemaltecos caen en manos de una banda de explotadores, en Tapachula, Chiapas, México. (Foto Prensa Libre: Édgar Octavio Girón)
Niños guatemaltecos caen en manos de una banda de explotadores, en Tapachula, Chiapas, México. (Foto Prensa Libre: Édgar Octavio Girón)


Ademar Barilli, director de la Casa del Migrante en Tecún Umán, San Marcos, indicó que las  bandas de trata de personas se aprovechan de la  situación precaria por la que pasan decenas de niños y jóvenes migrantes,  a quienes obligan a efectuar tareas inhumanas.

Indicó que el problema se ha intensificado debido a las políticas de deportación que ha implementado México,  lo que a la  vez  ha  favorecido el surgimiento de grupos  que se dedican a la explotación infantil.

Gemayel Fuentes, de la oficina de derechos humanos de la Casa del Migrante, refirió  que de enero a junio últimos atendieron  a 252 menores, lo que demuestra  que el problema  tiene   grandes dimensiones y que va en aumento, por lo que se coordina con autoridades   y organizaciones de Tapachula para que se garantice la  integridad de los  niños  guatemaltecos que llegan a ese lugar.

Testimonios

Mario Gómez Salvador, un guatemalteco originario de Puerto Barrios, Izabal, viajó a EE. UU. en el 2004  debido a la  violencia y la falta de oportunidades, pero dejó a su esposa y su hija, de 2 meses.

Gómez indicó que en el 2006 su esposa, Miriam, decidió viajar para reunirse con él, en Reno, Nevada, pero sin su hija, a quien llevaron de forma ilegal  en el 2010, cuando  tenía 6 años.





Agregó que la travesía de la niña duró más de un mes, tiempo que se convirtió en un calvario, porque   en oportunidades perdían comunicación, hasta por cinco días, con la mujer que la llevó a EE. UU.

Lucas, 13, de la aldea San Marcos Huista, Jacaltenango, Huehuetenango, viajó a EE. UU.  de forma ilegal debido a la  pobreza  que padece  su familia, pero a través de préstamos lograron reunir Q50 mil para  el pago del coyote que lo llevaría a ese país; sin embargo, ya tiene 51 días de estar retenido,  debido a que fue abandonado por el traficante.

Lea nota completa  en la edición impresa de Mi Pueblo, incerto en Prensa Libre