Opinión

Pluma invitada

¿Arbitraje?

José Miguel Argueta

José Miguel Argueta

Si la Corte Penal Internacional requiriera candidatos para jueces, debería buscar en Guatemala.

En los últimos cinco años, estudiantes de Derecho de universidades del país han competido en los más prestigiosos concursos y ganado alegatos simulados, incluso a universidades con larga trayectoria jurídica.

Sin embargo, el arbitraje internacional, cuya práctica ha cobrado vigencia en las facultades de Derecho de Guatemala, no se hace en la defensa del Estado de Guatemala, pues a sí mismo se deteriora, ya que la intencionalidad de las acciones está manifiestamente dirigida a intereses no nacionales.

El empleo de la negación en todo caso jurídico juzga a contrario dentro de la racionalidad de la intencionalidad y no dentro de la acción social que deba legitimarse.

Para manifestarlo con palabras claras, la racionalidad nunca dará ventaja a la decrepitud e ineptitud.

Las acciones internacionales funcionan cuando la comisión mixta entre las partes, en este caso Belice y Guatemala, tiene conocimiento y puede recrear la acción que en 1942 fijó los límites entre Guatemala y El Salvador, participando en su dirección y ejecución el ingeniero Florencio Santizo, en representación de Guatemala, y el ingeniero Jacinto Castellanos, como delegado de El Salvador.

Con todo el respeto que se merece la profesión jurídica, ese asunto se ventiló el 31 de octubre de 1940, sin que tal negociación rompiera la paz y armonía entre los dos países, que son los socios comerciales más importantes de Centroamérica.

Guatemala y El Salvador, cuyos presidentes eran para ese entonces don Jorge Ubico Castañeda y don Maximiliano Martínez, consiguieron resolver las diferencias por sus límites territoriales.

Guatemala y El Salvador pactaron en noviembre de 1935, sin que hubiera necesidad de llevar a cabo una consulta popular, la Comisión Mixta de Límites que supuso la celebración del Tratado de Límites Territoriales entre ambos países y que fue suscrito en la ciudad de Guatemala, el 9 de abril de 1938, acto en el cual intervinieron únicamente don Jacinto Castellanos y don Florencio Santizo, y fue aprobado por las asambleas legislativas el 27 de abril de 1938.

Luego de amojonar el confín, se verificó la posición geográfica, lo cual requiere un trabajo científico, ubicando de ambos lados de la línea fronteriza aldeas, caseríos, vías de comunicación, orografía, realizada en cuatro años y diez meses desde los últimos días de noviembre de 1935 hasta el 30 de septiembre de 1940.

Ambos ingenieros llevaron a cabo su trabajo con el salario ordinario obtenido por sus actividades cotidianas en sus respectivos Estados y mostrando la mayor muestra de civismo.

El trabajo de dos personas constó de tres partes: la primera fueron los antecedentes históricos; la segunda consistió en los estudios topográficos iniciados el 4 de febrero de 1936, para concluir con la tercera, que fue el amojonamiento de las fronteras e impresión de los mapas actuales.

Los límites territoriales entre Guatemala y Belice no deben ser un problema político ni jurídico, sino de mutua conveniencia económica.

jomiarbo@gmail.com