Opinión

pluma invitada

Centenario del voto de la mujer

Carolyn Davidson

Hace cien años, el 6 de febrero de 1918, una ley histórica fue aprobada en el Parlamento Británico, otorgando el voto a (algunas) mujeres —aquellas mayores de 30 años con propiedad privada— y permitiéndoles postularse como candidatas a elecciones y ser elegidas como miembros del Parlamento.

Ello marcó un importante hito en la ardua y disputada campaña que alcanzó su objetivo diez años después, en 1928, cuando las mujeres tuvieron exactamente los mismos derechos para votar que los hombres. Hoy, el Reino Unido tiene el parlamento más diverso de la historia británica, con 208 diputadas (32% del total) y a nivel municipal las mujeres ocupan en 33% de las posiciones electas. Todavía falta mucho para alcanzar el 50% de representación necesaria para reflejar la realidad de la población británica, pero estamos progresando.

Desafortunadamente, este no es el caso para todos los países. Por eso el Reino Unido quiere que el centenario del voto para las mujeres proporcione un enfoque renovado a nuestro cometido para apoyar la participación política de las mujeres alrededor del mundo. Nuestro compromiso es empujado no solo por el hecho de que es algo moralmente correcto, pero también porque tiene un fundamento político y económico. Sabemos que cuando las mujeres y las niñas están involucradas en procesos políticos, resolución de conflictos y mediación, sus contribuciones ayudan a construir una paz más sostenible. He visto por mí misma en proyectos que apoyamos en la Zona de Adyacencia el rol transformador de las mujeres cuando se les dan oportunidades económicas que ayuden al sostenimiento de sus familias.

El secretario de Relaciones Exteriores británico ha dejado clara su visión personal para asegurarse que las niñas tengan acceso y completen hasta 12 años de educación de calidad. Recientemente, hemos lanzado un Plan de Acción Nacional donde la educación de las niñas como medio para promover la estabilidad global se convertirá en el corazón de la política exterior, de desarrollo y seguridad de Gran Bretaña.

Aquí en Guatemala las mujeres todavía sufren de discriminación y falta de oportunidades económicas. El voto parcial fue otorgado en 1945 (para mujeres que supieran leer y escribir), mientras que el sufragio universal no fue concedido en otros 20 años, en 1965. Hoy, las mujeres solo ocupan el 17% de las posiciones en el Congreso, un número muy alejado del 51% de la población que representan. El número de niñas que completan 12 años de educación es alarmantemente bajo. Esto no solo resulta vergonzoso, sino también indica una seria falta de inversión en el futuro de Guatemala.

En los últimos dos años, el Reino Unido ha apoyado a grupos de niñas a través de un proyecto con la organización Glasswing, en la Ciudad de Guatemala y Mixco, para incentivarlas a que se mantengan en la escuela y alejadas de las pandillas, de tal forma que ambicionen por un futuro mejor y su voz sea escuchada.

Ha sido sumamente alentador ver el crecimiento en la confianza de estas niñas y el cambio de su visión sobre el futuro. Espero que todas ellas alcancen sus sueños y que algunas puedan incluso llegar al Congreso, para que den forma al futuro de un país en el que deberían estar jugando un papel mucho más importante.

*Embajadora del Reino Unido