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EDITORIAL

Colosal amenaza al Triángulo Norte

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Guatemala es uno de los tres países de Centroamérica que enfrentan los más altos índices de criminalidad, y si bien algunos de estos indicadores han venido a la baja, eso resulta insuficiente para los desafíos que deben superarse y que no dependen solo de las autoridades guatemaltecas.

Esta semana quedó registrado un episodio que enciende las alarmas sobre la seriedad de una amenaza a la que en nuestro país quizá todavía no se le ha dado la atención debida.

El pasado miércoles se dio una de las más grandes batidas contra grupos de extorsionistas que lideran mareros que están en las cárceles y otros que coordinan acciones desde el exterior. Durante los allanamientos en varios municipios también fueron capturados seis pandilleros salvadoreños buscados por la justicia de su país por los delitos de homicidio y extorsiones.

Lo más relevante de estas capturas es que esos pandilleros habían huido e ingresado ilegalmente a Guatemala porque están clasificados en El Salvador como delincuentes de alto peligro, debido a que recientemente ese país aprobó una ley que cataloga a los integrantes de maras como terroristas, y eso ha desatado una fuga de mareros hacia otros territorios.

El caso es que el intercambio de información entre pandilleros hace vislumbrar a criminales que ponen en riesgo a miles de personas que lidian con el mismo problema en El Salvador, Honduras y Guatemala, región en la que han consolidado un poder descomunal.

El caso salvadoreño ilustra mejor el problema que afrontan las autoridades del Triángulo Norte, que se ha convertido en una de las regiones más violentas del mundo, cuyo número de homicidios oscila en cada país entre 14 y 16 por día.

Pocos meses después de que El Salvador promulgó una ley más represiva en contra de los pandilleros se implementan planes de seguridad que llevan a numerosas capturas, y en una operación conocida como Jaque, las autoridades logran desarticular una red financiera de la MS13, un entramado de negocios que puso en su justa dimensión el problema, y es que las ganancias de sus actividades criminales se han diversificado en distintas inversiones.

Por ello es que en el operativo del miércoles se involucraron fuerzas de seguridad de los tres países y muy probablemente con el acompañamiento de fuerzas externas, porque el problema está adquiriendo matices que pueden poner en riesgo muchos otros factores de seguridad.

Las pandillas no solo están obteniendo ganancias con dinero proveniente de las extorsiones, sino también están incursionando en el negocio de las drogas y del tráfico de armas, por lo que se supone que uno de los cabecillas salvadoreños estaba en Guatemala.

Cuando se atienden los elevados números de homicidios registrados cada día en el Triángulo Norte se ve la gravedad de una situación que ahora, con la mezcla de otras actividades criminales, agrega riesgos para la región y eso es lo que debe ser desarticulado de manera acelerada, antes de que se convierta en un problema de seguridad nacional para varios países.