Opinión

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¿Cómo se ven a sí mismos, los militares?

Antonio Mosquera Aguilar

Antonio Mosquera Aguilar

La concepción estratégica de las fuerzas armadas nutre la cultura organizativa de la administración pública. Es una subcultura profesional que enriquece la dirección ejecutiva del Estado. En nuestro país, se ha convertido en un área incomprensible.

Mientras la revolución de octubre de 1944 manifestó su aprecio por la profesionalización de la milicia. Décadas de represión en la segunda mitad del siglo XX, expresadas en la política contrainsurgente, generaron la falta de direccionalidad militar. Después de la firma de la paz, se nota desorientación.

Sin planificación, se ha engrosado el número de generales y almirantes. Solo falta que se reforme la ley constitutiva para crear los grados de mariscales y almirantes generales. Se sigue considerando que una tropa numerosa es la única manera de aumentar la potencia de fuego. No se consideran los medios automatizados como robots terrestres, drones y torpedos dirigidos a distancia; los estrategas locales consideran que se trata de ciencia ficción. La situación es tan calamitosa que la fuerza aérea carece de aviones y sólo tiene dos helicópteros en funcionamiento; la fuerza naval está por el estilo. La seguridad del ciberespacio se considera cosa de lunáticos.

El 25 de abril del corriente, en la Conferencia de Seguridad de Centroamérica conocida como Centsec 2017, ocurrida en la isla de Cozumel, se convocó a las secretarías mexicanas de la defensa, General Salvador Cienfuegos, y de la marina, Vidal Soberón, así como a los comandos de EE. UU. sur, Almirante Kurt W. Tidd y norte Generala Lori J. Robinson, para dialogar con los ejércitos de Centroamérica.

La reunión busco el intercambio de información para fomentar la confianza entre las partes. De la misma manera, se acordó trabajar para establecer protocolos que atiendan a la coordinación de las acciones llevadas a cabo por parte de los ejércitos centroamericanos, dado la concurrencia operativa en el abatimiento del crimen internacional relativo al narcotráfico.

En ese marco, el General Juan Manuel Pérez Ramírez, Jefe del Estado Mayor de la Defensa Nacional, expresó que se harán patrullajes aéreos y terrestres conjuntos con México. Lo obvio es como piensa volar: ¿en barriletes o parapentes? O como Ícaro con plumas unidas con cera; porque no hay de otra. Informó que se harán compatibles los procedimientos para operaciones de interdicción con el ejército y la armada mexicana. Hizo caso omiso que la fuerza naval solo cuenta con lanchones pues no se consigue combustible para las patrulleras nacionales. Lo más estrafalario fue anunciar el intercambio de inteligencia por medios informáticos con el Comando Sur. ¿Existe una red digital militar segura, o se refiere a internet? Y, lo más elemental, ¿se organizó un equipo humano de ciberseguridad en el Ejército de Guatemala?

En el vecino país, un dicho reza: de tacos de lengua, como mil. Dada la invitación a un nuevo banquete del 14 al 16 de junio en Miami, de la Conferencia de alto nivel sobre seguridad y economía para México y Centroamérica, habrá un nuevo espacio para alucinaciones.

En suma, cuando se analiza a los militares nacionales, especialmente a quienes detentan el mando, no se puede exponer la lógica de su discurso. Se les insiste en la necesidad de profesionalización, incremento de la potencia de fuego, innovación de equipo militar, investigación científica militar y probidad. No obstante, se reitera: la inercia que invita al aprovechamiento, la mala dirección, el gusto por el pleito con los civiles y la prepotencia del zafio que ignora a la ciencia.

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