Opinión

EDITORIAL

Comprometido con la justicia

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En reconocimiento a la trayectoria del juez Miguel Ángel Gálvez, el Consejo de Editores de Prensa Libre ha decidido otorgarle la designación de Personaje del Año 2016, por su enorme aporte en la construcción de un sistema de justicia independiente y por contribuir al renacimiento de un ideal en el que prevalezca el estado de Derecho, donde el imperio de la ley esté por encima de cualquier tipo de presión o tráfico de influencias.

La sencillez es uno de los distintivos en su modelo de vida y esto se refleja en su entorno laboral y familiar, pero resalta más cuando se le observa a través de las cámaras, gesticulando y removiendo papeles, para que a nadie le quede duda sobre la solidez de sus argumentos al momento de ejercer como uno de los jueces más probos de Guatemala.

Varios de los casos de mayor resonancia en la historia criminal del país han pasado por sus manos, algunos de ellos relacionados con ataques peliculescos entre bandas de narcotraficantes. También se le conoce como el juzgador que tomó la decisión de enviar a juicio, por genocidio, al general Efraín Ríos Montt, uno de los procesos más polémicos en la reciente historia de la justicia nacional.

Aunque, sin duda, por lo que más ha sido conocido en los últimos meses Miguel Ángel Gálvez es por haber tenido en sus manos, como juez de Mayor Riesgo, la decisión de enviar a prisión al expresidente Otto Pérez Molina y a su compañera política, la ex vicepresidenta Roxana Baldetti, así como a varios de los funcionarios de ese gobierno, en su mayoría, señalados de corrupción por las autoridades del Ministerio Público y de la Cicig.

Su compromiso con la impartición de justicia independiente y libre de toda presión sectorial han caracterizado los procesos en los que Gálvez ha debido emitir sentencias, en numerosos casos y con la mayor objetividad.

Se trata de uno de los pocos juzgadores que reúnen las cualidades necesarias para pensar que es posible el efectivo restablecimiento de un estado de Derecho pleno. Ha sido un paladín de la justicia y encarna valores deseables en todo funcionario público, sobre todo en un país donde es mucho más común que estos abusen de sus cargos y busquen llegar al poder para profundizar un modelo cuya moneda de curso ha sido la corrupción.

Su enorme servicio a la patria es invaluable, y adquiere una mayor dimensión cuando su proceder contrasta con el de muchos otros que tienen en sus manos retos similares pero les ha resultado más cómodo y rentable operar al servicio de los inescrupulosos, en lugar de contribuir al rescate de sus propias instituciones.

La trayectoria de Gálvez en el sistema de justicia es intachable y en una coyuntura como la que atraviesa Guatemala esto puede ser crucial para fortalecer el combate de la corrupción, que hasta ahora está en manos de la fiscal general, Thelma Aldana, del comisionado Iván Velásquez y de un reducido número de jueces que también merecen reconocimiento, porque no es una tarea fácil la que llevan sobre sus hombros y porque a causa de las circunstancias del país su labor requiere tanto valentía como responsabilidad histórica.