Opinión

Mirador

Entre pitos y flautas

Pedro Trujillo

Pedro Trujillo

La heterogénea composición del Ejecutivo —ministros dimitidos, unos fieles al presidente y otros a saber a quién— la diversidad del Legislativo -diputados huidos de la justicia, algunos honestos y muchos más procesados- y la tardanza del Judicial —partitura legal con más largos que adagios— son los pilares que soportarán otra vez el embate del año nuevo.

Dicen que la elección del nuevo fiscal general es el tema más importante de 2018. Sin contravenir lo anterior, creo que hay otros de mayor trascendencia que nos mantienen en esa reflexión permanente sobre lo “urgente” y lo “importante”, algo que aflora en momentos en que convergen situaciones complejas como ocurre a menudo. El año próximo será de elecciones y sin una ley electoral y de partidos políticos que flexibilice el sistema actual, permita la votación directa de representantes y rompa el monopolio de partidos políticos, otra ley de contrataciones del estado que haga viable y agilice el gasto público eficiente y una tercera de servicio civil que termine de una vez con el favoritismo y pago político a amigos y familiares, es muy difícil definir un horizonte medianamente decoroso.

Las previsiones sobre crecimiento económico terminan a la baja al final de cada año y no permiten despegar siquiera mínimamente porque, además, son absorbidas por el alto crecimiento demográfico. El 6% anual de incremento del PIB —contemplado en los acuerdos de paz como el mínimo necesario— nunca se ha logrado y el desarrollo está estancado. Las empresas siguen produciendo e incluso en algunos sectores ha habido crecimiento, pero es insuficiente y está sometido a vientos impredecibles.

Muchos son los factores que afectan al estancamiento y es preciso desatorar el congestionamiento si no queremos caer en algo peor que el subdesarrollo: la rebelión y el desorden, producto del descontento social y la incapacidad de dar respuesta a problemas perfectamente definidos. No es posible continuar con grupos delincuenciales como Codeca que colapsan el país, hurtan fluidos —forma elegante de denominar al robo— o accionan con presión, amenazas y fuerza. Tampoco es de recibo la tardanza judicial que impide aclarar situaciones y casos que deberían resolverse más ágilmente para avanzar o cambiar el rumbo, según proceda, tanto en el ámbito penal como administrativo, fiscal y civil. No se puede seguir con pasividad sin definir un rumbo político que defina los objetivos a alcanzar y promueva y proyecte seguridad para atraer inversiones, muchos menos con un Congreso capaz de tomar decisiones de un día para otro —con total impunidad y descaro— que benefician a colectivos o personas señalados por la justicia. No hablemos de la reticencia de algunos a mejorar la formación magisterial y elevar el capital humano tan cualitativamente escaso. Imposible que maestros-bachilleres puedan generar ese cambio —no ocurre en ningún lugar del mundo— y la experiencia debería ser suficiente para promover inmediata y contundentemente la reforma. Finalmente, las arcas públicas no pueden seguir soportando el desfalco sistemático de depredadores que hacen piñatas, consentidos por políticos mediocres mientras aúpan a chantajistas profesionales refugiados en el sindicalismo.

Atraer inversiones pasa por generar espacio de seguridad y certeza, y un clima de tranquilidad del que carecemos. Este año 2018 es la oportunidad antes de entrar en otro torbellino electoral que nos lleve a lo mismo de siempre. No hacerlo deja sin sentido todo el esfuerzo iniciado en 2015. Eso parece ser lo importante y lo que debe absorber la mayor parte de energía del ciudadano responsable, especialmente cuando se es joven y no se acepta un deficiente legado sociopolítico.