Opinión

EDITORIAL

Incertidumbre en elección atípica

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Nunca en la historia las elecciones presidenciales estadounidenses habían alcanzado tal nivel de interés internacional derivado de la preocupación por las consecuencias en todo el mundo de la llegada a Washington de Donald Trump, alguien que representa la antipolítica, o que lo haga Hillary Clinton, lo que llevaría al poder por primera vez a una mujer, además con larga experiencia en la política tradicional, que la llevó a ser secretaria de Estado.

Se trata de una elección en la que los estadounidenses en muchos casos votarán por quien consideren menos malo o ejercerán el sufragio no a favor de uno de los aspirantes sino contra el otro, en una situación parecida a la de muchos comicios latinoamericanos. La larga y a veces vomitiva campaña se convirtió en una sarta de insultos y descalificaciones mutuas de los contendientes, y de ruptura de normas mínimas de corrección política. Incluso la afirmación de no aceptar el resultado desfavorable abrió la puerta a lo que sería una nueva crisis en ese país.

Es imposible no señalar que por primera vez en la historia estadounidense el FBI fue usado con propósitos electoreros. Desde la suspicacia latinoamericana, no es posible creer que la actitud que el director James Comey calificó de independiente no era tal por provenir de un republicano contribuyente al partido, quien pocas horas antes de la elección retiró las acusaciones, después del inicio de las votaciones adelantadas, cuando el daño ya estaba hecho.

Por aparte, las revelaciones de que la aspirante demócrata Hillary Clinton haya sido investigada porque utilizó su correo electrónico privado para tratar temas gubernativos y estatales la coloca en la incómoda posición de haber cometido un error casi increíble para una persona de su experiencia.

La Prensa no quedó indemne. Si bien en anteriores elecciones importantes medios informativos editorializaron sobre su preferencia hacia un candidato, nunca antes había habido una identificación contra uno de ellos, como es el caso ahora de Trump, lo cual no siempre implica ser anti Partido Republicano, lo cual ha despertado dudas acerca del balance de la información. Al respecto, la cadena Fox News se caracterizó por lo contrario.

Hasta las elecciones anteriores, hubiera sido imposible pensar que un aspirante presidencial tuviera abierta oposición de la dirigencia de su propio partido. Este parece reaccionar tardíamente a no haber considerado las consecuencias internas para la misma agrupación y para el país, de concretarse el triunfo de ese candidato, merecedor de los más duros calificativos a causa de su personalidad y sobre todo por su arrogante rudeza y simplicidad conceptual.

Estos comicios estadounidenses han sembrado una incertidumbre mundial, lo que a la vez puede provocar un similar desasosiego por las consecuencias. Los análisis del proceso serán numerosísimos y podrían tomar años. Incluso se puede llegar a pensar, con toda seriedad, en analizar algunos criterios básicos de la idea de democracia como forma de gobierno. Todo esto debe esperar los resultados de las elecciones, cuando se despejen algunos temores u otros nuevos tomen su lugar.