CATALEJO

Kelly conoce el área y tiene papel crucial

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LA VISITA DEL GENERAL John Kelly, recientemente nombrado por Donald Trump como Secretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos, no permite dejar duda alguna sobre la importancia otorgada por el nuevo gobierno estadounidense al tema del denominado Triángulo Norte, ni tampoco a la anunciada política del tener mano dura contra los inmigrantes. Aunque no está específicamente indicado en los textos de las disposiciones, de hecho y en la práctica se agrega la posibilidad de capturas derivadas de la apariencia física de las personas. Esto, aunque en teoría se pueda explicar como un simple cumplimiento de promesas electorales, tiene consecuencias cuyos alcances sociales son, en realidad, imposibles de prever.

EL MIEDO ES, SIN DUDA, el primer efecto. Antes, los indocumentados tenían la posibilidad de no verse relacionados en problemas si ellos se comportaban de manera normal. Aun así, muchos de ellos reducían sus salidas a lo mínimo necesario. A partir de ahora, las casas o apartamentos donde viven o malviven, muchas veces hacinados, se convertirán de hecho en celdas o incluso en bartolinas. El temor es irracional, sobre todo cuando la persona está segura de poder ser víctima de registros por agentes policiales o de cualquier otro tipo. No se puede olvidar a quienes emigraron hace años y hoy se encuentran en situación regular. Ellos también tendrán temor y en la práctica no hay garantía de no ser víctimas de desmanes de cualquier tipo.

NO ES EL TEMA DE ESTA COLUMNA analizar las consecuencias económicas para las familias estadounidenses con rasgos físicos anglos —ojos azules, pelo rubio, tez blanca— por la disminución de los servicios prestados por los inmigrantes, legales o no. Pero habrá. Tampoco es momento de hablar de los efectos para el movimiento de la economía nacional derivado de las empresas de anglos cuyos negocios se centran en quienes tienen la piel morena, sin por ello poseer sangre de los llamados ahora afrodescendientes. Solo los menciono porque la compuerta ha quedado abierta para efectos inesperados, pues todo problema tiene una solución teórica muy fácil, pero se complica conforme se aplica en la realidad de la vida de los seres humanos.

A ESTE RESPECTO es importante la carta enviada ayer a Kelly por la congresista Norma Torres —la primera guatemalteca en serlo—, quien habla de la fragilidad de los países del área, y señala: “…deportaciones a gran escala… debilitarán la estabilidad de la región. En vez de aumentar las deportaciones, Estados Unidos debe poner un foco renovado en las causas de la migración…”, por lo cual espera “que su viaje a Guatemala lo lleve a reconsiderar las políticas de deportación indicadas en los Memorándums de Implementación del 20 de febrero. Además, espero que cuando se reúna con funcionarios guatemaltecos, les comente el apoyo estadounidense a los esfuerzos de reforma en el país incluyendo la lucha contra la corrupción”.

A CAUSA DEL CONOCIMIENTO de la región logrado por el general Kelly cuando dirigía el Comando Sur, los criterios expresados por la congresista Torres pueden caer en terreno fértil, y a causa de ser un hombre calificado por conocedores como perteneciente a la línea dura, se puede esperar una definición aún más clara, lo cual no significa apoyarla cuando se analiza desde la perspectiva de los grupos de poder de los países del Triángulo Norte. La diplomacia guatemalteca debe tomar muy en cuenta lo expresado por el secretario visitante, porque resulta ser una oportunidad para permitirle comprender la inter-relación de los problemas, entre cuyos elementos sobresalen las causas reales de esa necesidad de emprender un viaje hacia lo desconocido.

ESCRITO POR:

Mario Antonio Sandoval

Periodista desde 1966. Presidente de Guatevisión. Catedrático de Ética y de Redacción Periodística en las universidades Landívar, San Carlos de Guatemala y Francisco Marroquín. Exdirector de la Academia Guatemalteca de la Lengua.

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