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Persiste el sello de la vieja política

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Editorial Jimmy Morales

Se cumplen los primeros dos años de uno de los gobiernos más inciertos, menos productivos y, lamentablemente, quizá el segundo desde la reinstauración de la democracia, percibido como de los más corruptos. Esta faceta es alimentada por la integración de un partido oficialista nutrido de figuras polémicas, tránsfugas, diputados en la mira de la justicia y con señalamientos de corrupción contra el mismo presidente Jimmy Morales.

Apenas se cumplían ocho meses de gestión cuando la persecución criminal alcanzaba al hermano y al hijo del mandatario, un hecho que para muchos desencadenó una abierta aversión de Morales contra los entes encargados del combate de la corrupción, aunque meses después también él se colocaría en el ojo de la justicia, al ser señalado de haber recibido financiamiento ilícito en su campaña electoral.

Luego llegaría el bochorno, cuando tras haber sido acusado por el Ministerio Público y la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala, en una acción hepática, alejada de todo razonamiento y en contra del consejo de varias personas, intentó expulsar del país al comisionado Iván Velásquez, en un hecho que le resultó contraproducente, tanto interna como externamente.

Fueron factores que indudablemente modificaron el panorama para el mandatario y cualquier compromiso de reforzar la lucha contra la corrupción, si alguna vez pasó por su mente, se fue al cesto de la basura, aunque también era algo difícil, por el cúmulo de figuras oscuras a su alrededor.

El más contundente motivo para la decepción es que Morales fue electo como relevo de uno de los gobiernos más corruptos, extremo que se ratifica con el encarcelamiento de las principales figuras del partido patriotista, y lejos de darle cumplimiento a su demagógico lema de campaña se resistió a emprender el rumbo de las reformas. Eso marcó en definitiva la ruta de una gestión que en apenas dos años se ha convertido en una de las mayores desilusiones para los guatemaltecos, salvo para su círculo de politiqueros cercanos.

Respecto del vicepresidente Jafeth Cabrera corrieron persistentes versiones sobre un aporte de un narcotraficante extraditado a Estados Unidos a la campaña de FCN-Nación. El vicemandatario se rehusó a dar marcha atrás incluso a la remodelación y ocupación de una ostentosa vivienda ubicada en la zona 14 que difícilmente podrían pagar muchos funcionarios con los ingresos que se perciben en el servicio público.

Jimmy Morales se ha convertido en el más vivo ejemplo de que la Presidencia no debe ser el resultado de la total improvisación, que se necesita un mínimo de preparación en el servicio público, mucha voluntad y coraje para resistirse al abrumador peso de la corrupción y para darle batalla a estructuras enquistadas en todos los estamentos del Estado.

Se trata de una tarea compleja, pero que se hacía propicia con el relevo gubernamental, pero para infortunio nacional nada de eso ocurrió y más bien durante su gestión se han profundizado los intentos por desbaratar los esfuerzos contra la corrupción, y el mismo mandatario ha dado suficientes muestras de inmadurez, de ineptitud y de falta de escrúpulos, como recibir, sin inmutarse, un oculto sobresueldo del Ejército.