Opinión

EDITORIAL

Reivindicaciones mal encaminadas

Editorial

Editorial

Archivado en:

Bloqueos Editorial

El Comité de Desarrollo Campesino (Codeca) anuncia bloqueos para hoy en 22 puntos del territorio nacional, con el propósito de exigir la renuncia del presidente Jimmy Morales, de su gabinete y también de los 158 diputados que integran el Congreso de la República. Entre las demandas se incluye la convocatoria a elecciones anticipadas, de donde debería surgir una “Asamblea Constituyente Popular”, para redactar una nueva constitución.

Es una lástima que la desafortunada pretensión de quienes encabezan este conglomerado se pierda en la utopía, pues hasta ahora sus exigencias han sido poco atendidas por las autoridades gubernamentales. Lejos de encontrar eco en una ciudadanía frustrada por la mediocre conducción del Estado, encuentran rechazo y repudio generalizado de la población porque las censurables acciones de Codeca entorpecen la movilidad y se traducen en enormes pérdidas económicas.

Algunos de sus autonombrados dirigentes han llegado a los imperdonables extremos de bloquear trayectos donde transitan miles de personas y bienes de consumo, lo que solo perjudica a la población de a pie y ningún impacto tienen en el cumplimiento de sus exigencias, que denotan la existencia de un plan oculto de desestabilización. En vez de afinar la dirección de sus demandas, las cuales podrían ser comprensibles, con esos bloqueos inútiles terminan haciendo un enorme daño a la economía nacional y a los muchos guatemaltecos que ven limitada su locomoción.

Si sus demandas tuvieran un genuino interés reivindicativo, a fin de cerrar el paso a la mediocridad gubernamental, hasta podrían eventualmente lograr el respaldo de otros sectores, porque la depuración del aparato público es tarea impostergable y sobre eso sí se deben redoblar esfuerzos para sacudir al sistema político.

Pero para eso no se necesita interferir en la libre locomoción de miles de personas, ni mucho menos afectarlas en sus labores, ni en la de pequeños comerciantes que ven reducido su caudal ante irreflexivas medidas que incluso han llegado al extremo de causar la muerte de personas urgidas de recibir atención médica y que quedan atrapadas en los absurdos bloqueos.

Tal desperdicio de recursos, de esfuerzos y de una mala concepción de la protesta podría reorientarse y concentrarse en los escenarios en los que se asienta el poder y plantear de manera frontal esas y muchas otras inquietudes a quienes se señala de incapacidad y hasta de irresponsabilidad, por el desenfreno de la corrupción.

En el caso del Congreso, por ejemplo, podría haber una presión que busque una reforma política que apunte a la transformación del sistema, que se muestra ya desfasado, proclive a convivir con la corrupción y ser la base sobre la que se sostiene un modelo en franco deterioro.

Para plantear esas demandas, la dirigencia y los cabecillas de las manifestaciones de Codeca deben buscar primero no entorpecer las labores de miles de guatemaltecos que son víctimas de un sistema fallido, y no unirse a aquellos oportunistas que por intenciones ocultas aprovechan la debilidad del Estado para un chantaje mal planteado, mal dirigido, mal ejecutado y de nulos resultados en la práctica.