Opinión

Catalejo

Se cumplieron las predicciones

Mario Antonio Sandoval

Mario Antonio Sandoval

Aunque aún no puedo saber el resultado de la Consulta, porque escribo cuando las urnas no se han cerrado, sí creo posible llegar a algunas conclusiones, sin duda no concluyentes, pero relacionadas con temas cercanos a ese hecho político. El primero es la escasa participación. En una brevísima medición mía en algunos centros capitalinos de votación, hecha al medio día, me pude dar cuenta de lo escuálido de la presencia de ciudadanos. Habían más personas participando como delegados en las mesas, y a esa sensación de vacío ayudaba el escaso tiempo necesario para el proceso. Creo interesante relatar mi experiencia personal en dos centros de votación situados en la zona 1 capitalina, sólo con el ánimo de indicar un ejemplo.

Mis conclusiones fueron: buscar estacionamiento me tomó seis minutos, porque no había tráfico. Votar representó cinco, porque por una de esas casualidades difíciles de creer, coincidí con otro ciudadano deseoso de manifestar su criterio y además les expliqué a mis dos nietos de ocho y diez años de qué se trataba el asunto. Por piedad de abuelo no les leí el texto de la pregunta. Luego, durante ocho minutos conversé con uno de los representantes del Tribunal Supremo Electoral y me enteré de otra clase de geografía de don Jimmy, quien señaló la necesidad de votar “para arreglar el diferendo con México”. Media hora después, al llegar a casa, ya tenía el video respectivo. A los pocos minutos me llegó por Whatsapp, como a todos los lugares del mundo donde haya chapines.

Para no quedarse atrás, Jorge Serrano se había agregado al trío iniciado por el diputado oficialista Estuardo Galdámez, exmiembro de la institución castrense, quien demostró haber recibido clases con Joviel Acevedo, según uno de las literalmente docenas de memes relativos a la curiosa geografía de los políticos guatemaltecos. Fue también parte del Macondo chapín la admisión de la fiscal general, Thelma Aldana, cuya decisión fue abstenerse, y expuso sus argumentos por medio de un breve comunicado a los periodistas, el cual los medios de comunicación cumplieron con el deber de transmitirlo. A este respecto, es válido señalar no sólo la importancia de la libertad de emisión del pensamiento, sino la protección de cada ciudadano de expresarlo sin temor a castigos.

Vale la pena hacerse la pregunta si valió el enorme gasto de 300 millones de quetzales en este ejercicio democrático, ciertamente, pero con una participación tan exigua y una validez tan simbólica. Un video circulado el sábado mostraba las respuestas de un ciudadano sin duda originario de algún lugar lejano y por ello sin una idea clara del tema. Le preguntaron sobre Belice y respondió en referencia a Gualán, Zacapa. No sé si quería imitar a los políticos antes mencionados, pero pensándolo bien, posiblemente no. Y a la mitad de la tarde llegó la foto de un perro callejero, viendo fijamente a las cinco mesas en un local vacío. El texto: “Nadie vino a votar, sólo Firulais, pero no tiene DPI.”

A causa de no saber el resultado, sólo queda pensar, si triunfa el Sí, en la satisfacción de cumplir con un deber cumplido por una orden constitucional producto del patrio ardimiento de quienes la redactaron. Ahora queda sentarse en una silla muy cómoda para esperar el cumplimento de los beliceños. Si triunfa el No, termina para siempre un pretexto para levantar la llama de un patriotismo sin producto posible. Un presidente, un expresidente y un diputado se volvieron súbitamente populares por las carcajadas o las lágrimas de quienes escucharon sus confusiones geográficas, con las cuales sin duda más de algún observador internacional se habrá sonreído, como mínimo. La sonrisa de los guatemaltecos es amarga, porque en realidad el país no tiene posibilidades.