Opinión

Economía para todos

Sobornos, pan para hoy

José Molina Calderón

José Molina Calderón

Con motivo del bicentenario de la Independencia de Guatemala 1821-2021, se examina la experiencia de la transparencia en la  lucha contra la corrupción. La Lección Inaugural 2018 en la Universidad del Istmo de Guatemala, por la Dra. Reyes Calderón Cuadrado  lleva por título La Experiencia de la Transparencia.  El Rol de las Empresas y la Industria en la Lucha contra la Corrupción. Seguidamente un extracto de la misma.

El corto plazo. Algunas empresas, incluso procedentes de países desarrollados que han suscrito acuerdos internacionales anticorrupción y poseen legislación específica, pagan sobornos; ocultan actos corruptos detrás de subsidiarias y asociaciones secretas; intentan influir ilícitamente en la toma de decisiones políticas; explotan las leyes fiscales, construyen cárteles o abusan de las lagunas legales porque ese beneficio a corto plazo resulta, en ocasiones, demasiado suculento para resistir la tentación. Otras empresas se resisten a adoptar una estrategia de transparencia porque creen que su competencia empleará las “condiciones del país” como reserva para pagar sobornos y quedarse con el negocio.

Una encuesta realizada a directores globales de márquetin expresa bien esta dicotomía: el 39% eran partidarios de rechazar el soborno por considerar la práctica falta de ética y perjudicial, mientras que el 41% lo considera aceptable en aquellos países donde la corrupción estaba extendida. Estos últimos insistieron en que su código de conducta no era otro que ajustarse al código penal, por otro lado, un códice de mínimos, de lenta, cara e incierta aplicación en la mayoría de los casos. Los primeros advirtieron que pagar sobornos era inaceptable, pan para hoy y hambre para mañana.

El dilema entre el corto y el largo plazo es un dilema clásico en la empresa, que debe decantarse y reafirmarse una y otra vez ante cada nueva tentación.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE), reconoce la imperiosa necesidad de que la empresa se implique. Muchas compañías, cada vez más, empujadas por sus grupos de interés, y sabiéndose en un escenario más transparente y responsable socialmente, han internalizado ese dilema y están comprometiendo tiempo y recursos para mejorar su gobierno y sus estándares éticos, diseñando e implantando concretas herramientas preventivas y métricas capaces de comunicarse a todas las partes interesadas, desde publicitar donaciones políticas o despidos disciplinarios hasta limitar el valor de los regalos. En suma, las compañías se están preparando para rendir cuentas en un escenario que deja poco margen para la incoherencia.

Ante ese nuevo camino de esperanza, muchos académicos pensamos que aún es posible dar un paso adelante, avanzar con mayor eficiencia si imitamos la propia forma de proceder de la corrupción. Es una realidad empíricamente constatada que la corrupción sólo prospera en red, ¿por qué no reproducir su método para fomentar la transparencia?

Permítanme que me explique: por la propia naturaleza del fenómeno, los agentes corruptos se ven impelidos a interactuar con otros individuos corruptos en la misma sociedad u organización, creando una red de corrupción, que puede llegar a ser tan extensa y tupida que es capaz de dominar el sistema…. Como indicaba, algunos académicos entendemos que es un buen sistema para un mal propósito que podemos aprovechar dándole la vuelta.

Resumo mi larga intervención. La corrupción es un problema antiguo, perverso, extremadamente dañino para nuestras sociedades, de nada fácil solución. Contra él, la cuarta revolución industrial nos ofrece noticias alentadoras en término de un escenario propicio. Pero no es suficiente: sin la concurrencia y el liderazgo del sector privado, no servirá de nada y perderemos la oportunidad.