Alumnos regresan entusiasmados a clases presenciales

La presencialidad en la educación para todos los niveles ayuda a mejorar el aprendizaje y la salud emocional, que se vieron afectados por el encierro a causa de la pandemia.

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Cada vez más alumnos regresan a clases presenciales, lo cual ha contribuido a mejorar el proceso educativo y de socialización, sin dejar a un lado los protocolos de bioseguridad. (Foto: Hemeroteca PL)

El retraimiento, timidez, desgano, fatiga, inseguridad y acomodamiento de alumnos que regresan a las aulas físicas de sus instituciones educativas se han ido disipando poco a poco, pues la convivencia con sus maestros y compañeros despierta en ellos la motivación, ánimo y alegría que quedaron dormidos a causa del encierro, derivado de la pandemia, que los obligó a continuar su formación en casa.

Cada nivel enfrenta nuevos retos, pero la comunidad educativa dirige sus esfuerzos en recuperar los conocimientos que, por diversas razones, no fueron adquiridos en la virtualidad, en un entorno que les permita disfrutar de la experiencia normal formativa y en el que la socialización física juega un papel fundamental para su salud emocional.

Preprimaria

Mildred Carrillo, directora del colegio ABC Preschool, donde se imparten grados de preprimaria, indica que a partir de este año decidieron aceptar a alumnos de manera presencial, en horarios alternos, aforo permitido y protocolos de bioseguridad. “Cuando estaban en casa, algunos niños, inteligentes y capaces, se distraían mucho o no tenían los materiales listos por la falta de apoyo y organización”, dice.

En realidad, la educación no se detuvo, pues muchos niños han logrado aprender a leer, escribir y destrezas matemáticas en modalidad virtual; un 5% no lo logra, asevera, pero “no porque no sean capaces, sino por su entorno”. Cuando los niños regresaron a las aulas físicas, las maestras notaron que estaban acostumbrados a ser dependientes y ahora se les enseña a ser autónomos. Así mismo, están felices y emocionados de compartir con su maestra y compañeros y potencializar ese vínculo, agrega Carrillo.

Maritza Silva, directora del colegio La Preparatoria, zona 16, indica que adoptaron la modalidad híbrida —virtual y presencial— en enero de este año, respetando los protocolos de bioseguridad, en burbujas de alumnos y en días alternos. A partir del 30 de mayo, decidieron aceptar más alumnos en la presencialidad, todos los días, según el criterio de los padres de familia.

Al regresar a clases presenciales, los alumnos de preprimaria han desarrollado mejor sus habilidades y destrezas, especialmente, en el proceso de lectoescritura, lo que contribuye a que el aprendizaje sea más eficiente. Se tuvo que reforzar la motricidad fina y gruesa. En el aspecto emocional, los niños están más felices, activos y atentos.

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Primaria

Maritza Silva expone que en primaria, el problema era que se distraían y se cansaban con facilidad en casa, pero ahora se ha logrado captar de mejor manera su atención en clase. Así mismo, los recreos y la actividad física les invitan a ejercitarse y a no estar sentados todo el día inmersos en la pantalla, como ocurría en la virtualidad.

María Reneé Hernández, psicóloga y orientadora de primaria del colegio Sagrado Corazón de Jesús, expone que en la medida en que los niños se integran a la realidad, les ayuda a mantener su estabilidad emocional y se les facilita enfrentarse a retos. Entre ellos está reforzar la lectoescritura, motricidad y organización y estructura de los textos que escriben, así como ordenar su mochila y materiales escolares, habilidades que se quedaron estancadas al no ponerlas en práctica.

Hernández destaca el apoyo de los padres a sus hijas para que aprendieran a leer en la virtualidad. Muchos niños, por la rutina monótona de casa, estaban estresados, tristes, aburridos, desinteresados, irritables y extrañaban la interacción, lo cual impacta en su comportamiento.

Ahora, al retomar sus experiencias en el colegio, que les hacían falta, se empieza a ver un cambio en su conducta al jugar, reírse y convivir con sus compañeros. Hay menores más resilientes que otros, pues encuentran lo positivo en cada situación, y aprenden de nuevo a participar, formular preguntas, hacer elogios, pedir ayuda, disculparse y hacer contacto visual.

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Sonia Hernández, coordinadora de primaria del Colegio San José de los Infantes, indica que poco a poco se han ido incorporando más alumnos a la modalidad presencial. El principal reto del regreso, indica, es enseñarles la manera correcta de tomar el lápiz y escribir dictados, sin errores ortográficos y con buena caligrafía, pues estaban acostumbrados al teclado.

“Son cosas sencillas que asumimos que sabían, pero no era así, pero hay que considerar que cada niño es un mundo diferente. Hay alumnos a los que les funciona lo virtual y otros, necesitan que alguien les acompañe”, asevera. En relación a su comportamiento actual, sienten emoción de conocer a su maestra físicamente.

“Es importante reconocer cómo cambió el entorno de cada alumno durante estos dos años. Algunos se han mostrado temerosos, ansiosos, agresivos y poco sociables, por lo que es importante observarlos, escucharlos y entender la forma distinta en como afrontaron la pandemia”, señala Ana Ruth Ramírez, coordinadora de primaria del colegio Católico Mixto San Benito, en Esquipulas, Chiquimula.

“Es notorio que querían regresar a clases y se ve esa emoción e ilusión de volver compartir con sus compañeros”, dice. Cada docente reconoce los avances que han tenido sus alumnos e identifica quiénes son los que han estado más conectados que otros, quiénes han sido independientes y a quiénes les han ayudado a hacer sus actividades en casa, refiere. Tener clases presenciales les ayuda a mejorar la atención, autonomía y creatividad, y a recuperar habilidades que a distancia fue un poco difícil de desarrollar.

Nivel básico

Josué Macz, docente del nivel básico del Centro Educativo San Martín de Porres, de la aldea Telemán, Panzós, Alta Verapaz, indica que al encontrarse en el área rural, trabajaban principalmente en modalidad a distancia, mediante guías de estudio y acompañamiento de WhatsApp, lo cual es complicado por la débil señal de internet de las comunidades, lo cual afectaba su rendimiento académico.

Ahora que la mayoría de alumnos asisten a clases presenciales, en burbujas, los docentes se percataron de que sus estudios se vieron perjudicados en estos dos últimos años, especialmente, en matemática, lenguaje y lectura, pero que ahora “han podido avanzar y recuperarse”. Macz refiere que adquieren más conocimientos mediante la convivencia con compañeros, por discusiones que se generan sobre temas específicos, lecturas que realizan en clase y acompañamiento de los maestros.

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“El encierro los volvió solitarios, por tanto tiempo que pasaron sin contacto con niños de su edad, y se perdió la confianza. Pero ahora se ha ido avivando esa llama. Socializan y tienen una rutina más normal. Estaban impacientes por regresar a clases”, dice.

La directora Maritza Silva indica que cuando alumnos de nivel básico comenzaron a regresar a clases presenciales, se les notaba un semblante de letargo, aburrimiento y decaimiento, pero poco a poco están emocionalmente más motivados. “Se les ha cambiado el panorama y su actitud, pues ahora juegan, conversan y se ríen”, dice.

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Sofía Eskenasy, psicóloga y orientadora de básicos del Colegio Sagrado Corazón de Jesús, expone que el retorno al colegio ha beneficiado significativamente a las alumnas, quienes le han comentado que en casa les era muy difícil concentrarse frente a la computadora. Sin distractores, ahora trabajan más rápido en clase. Han reanudado la interacción, lo cual les ha dado seguridad para formular sus dudas, sin temor a ser juzgadas.

“Nadie nos preparó para enfrentar la pandemia y estudiar tanto tiempo en casa, así que hay que trabajar en la resiliencia, así como en la organización, buena comunicación y adecuación a las rutinas del colegio. Las veo más contentas y anuentes a los desafíos”, añade. La clave es que las alumnas se sientan en un lugar seguro, en un ambiente de aprendizaje donde mejorarán sus potencialidades y habilidades. El pensamiento general que le han expresado las adolescentes a Eskenasy es: “Nunca pensé decir ¡qué bueno es venir al colegio!”.

Nivel diversificado

En este nivel, el gran temor, dice Silva, “era no cubrir las expectativas académicas de las universidades, porque hay una brecha que se debe atender, pues no es lo mismo cursar clases virtuales que presenciales, pero el proceso ha ido mejorando y puliendo, pues a todos los colegios les fue difícil”.

Ricardo Ortiz, coordinador de diversificado del colegio San José de los Infantes, indica que entre un 10% o 15% de los alumnos reciben clases presenciales todos los días; el resto, híbridas.

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Entre los retos que ha detectado en los alumnos es la dificultad de trabajar en equipo, pues estaban acostumbrados al trabajo individual, así como al acomodamiento. Entre las ventajas, afirma, es que la mayoría se adaptó muy bien a la enseñanza digital y se disciplinaron. El aspecto emocional es el que se vio más afectado, pues al regresar a clases presenciales manifiestaban timidez e incomodidad de estar con sus compañeros, “pero es cuestión de habituarse de nuevo a socializar”, indica Ortiz, quien añade que se les privó de las experiencias de la transición de básicos a diversificado.

Karol Recinos, coordinadora de nivel básico y de diversificado del referido colegio San Benito, explica que hace ocho semanas comenzaron las clases presenciales en el establecimiento, pero el regreso es voluntario. Añade que la enseñanza-aprendizaje es más satisfactoria, pues los alumnos tienen más acercamiento con los docentes y compañeros.

En materias como matemáticas han ido mejorando su desempeño, pues en casa les daba pena preguntarle al profesor sus dudas, por lo que ahora las clases son más participativas. En relación a su salud física, regresaron con sobrepeso, por lo que les ayudan las clases de educación física y los campeonatos de futbol.

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Recinos ha notado que los adolescentes regresaron más sensibles y susceptibles y no les gusta que los corrijan, pues fueron dos años que trabajaron de manera individual. Sin embargo, se ha percatado que son autodidactas, trabajan de forma creativa y utilizan herramientas como aplicaciones.

Según el entorno familiar, así se han comportado en la presencialidad, pues hay jóvenes inestables, introvertidos y otros, más receptivos, como si nunca hubiera habido encierro. “A algunos los frustra tener que trabajar con otros o hacer más trabajos de análisis”, indica. En general, están contentos de regresar, se le nota el brillo en sus ojos y la emoción de jugar campeonatos los motiva a estudiar.

Universitario

Patricia Rodas de Ruiz, Anabela Molina y Regina Fanjul, consejeras de la Unidad de Bienestar Estudiantil de la Universidad del Valle de Guatemala (UVG), refieren que aunque en el 2020 llegaban a clases estudiantes de los últimos años para hacer uso de laboratorio, desde el 2021 comenzaron a llegar en semanas alternas para cursos téoricos y prácticos, respetando aforos.

Agregan que muchos han mejorado de manera significativa su desempeño y se sienten motivados, pues estar en aulas presenciales les ayuda a concentrarse mejor, a sentirse más cómodos para hacer consultas, a compartir con sus compañeros y a vivir una experiencia universitaria más completa, como conversar en la cafetería y participar en actividades culturales y deportivas, de las cuales se vieron privados durante el encierro.

Mónica Stein, vicerrectora de Investigación y Vinculación de la UVG, refiere que en el desempeño académico no ha habido mayor variación entre la modalidad virtual y presencial, pero hay cierto nivel de apatía hacia las clases virtuales, pues es cansado para los estudiantes, quienes se han emocionado al regresar a las aulas. “Venían muy desgastados y estresados. Estaban contentos y felices de regresar. Con la interacción social, tienen mejor actitud, se ha facilitado el trabajo en equipo, y el interés y motivación se ha incrementado, lo cual mejora el aprendizaje”, indica.

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Martha Pérez de Chen, vicerrectora académica de la Universidad Rafael Landívar, afirma que hace cinco semanas iniciaron las clases presenciales en un 70%; el resto, continúa virtual. En agosto esperan llegar casi en su totalidad en la presencialidad. “Hemos podido notar mucho más entusiasmo en los estudiantes, luego de su retorno a los campus, al reencontrarse con sus profesores y compañeros o hacer debates en clase”, afirma.

“La mayoría están muy contentos de regresar a la vida universitaria, que no solo implica la actividad académica, sino de formación integral”, apunta.