Contaminación lumínica

El brillo del cielo por la noche, que es opacado por la mala calidad del alumbrado de las ciudades, se conoce como contaminación lumínica, un problema del que se habla poco, no obstante, altera la producción de melatonina, puede incidir en ciertos cánceres, en el ciclo del sueño, y cambiar los hábitos y evolución normal de varias especies.

Los usuarios del servicio eléctrico aumentaron en  una década y el cielo en  las urbes es cada vez  más opaco. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)
Los usuarios del servicio eléctrico aumentaron en  una década y el cielo en  las urbes es cada vez  más opaco. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

Este tipo de polución se produce porque las luminarias envían luz en todas dirección, en vez de apuntar hacia el suelo, en donde es necesaria.

Las imágenes tomadas por la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA, en inglés) demuestran que la contaminación lumínica aumentó en el continente americano.

Ciudades como Madrid, París, Londres, Ámsterdam, Tokyo y Chicago están entre las que más son aquejadas por este problema, según las investigaciones relacionadas con este tema por Gabriela Alfaro y Gabriela Fuentes, del Centro de Estudios Ambientales y de Biodiversidad de la Universidad del Valle de Guatemala (UVG).

“Guatemala, en comparación con los países mencionados, presenta muy poca contaminación lumínica. Sin embargo, ya se hace evidente, sobre todo en la capital y otras ciudades del país, como Quetzaltenango y Cobán. La disminución de la visibilidad de las estrellas y otros cuerpos celestes, en comparación con las áreas rurales, en donde el nivel de desarrollo y densidad poblacional es mucho menor”, afirman las investigadoras.

La demanda de la cartera de la Empresa Eléctrica de Guatemala, S.A. (EEGSA), que presta servicio en los departamentos de Guatemala, Escuintla y Sacatepéquez, creció de 809 mil 294 usuarios en el 2006 a un millón 154 mil 692 hasta febrero del 2016.

Las estadísticas de Energuate, que cubre 294 municipios, muestran que los usuarios aumentaron en esa misma década de un millón 265 mil a un millón 635 mil, hasta finales de 2015.

Cielo opaco

Un cielo sin estrellas, sin nebulosas, como si fuera un marcador vacío, probablemente es la pesadilla de cualquier astrónomo o fotógrafo que se dedique a documentar paisajes nocturnos.

Iván Castro se dedica desde hace nueve años a capturar tormentas eléctricas, arcoíris de luna, auroras boreales y estrellas. Cuenta su experiencia por medio de un correo electrónico enviado desde Indonesia, a donde viajó para fotografiar el único eclipse total de sol del 2016.

“Estando en Bolivia descubrí por primera vez que se podían capturar fotografías de estrellas, tenía unas manchas amarillas en las imágenes debido a la contaminación lumínica y aprendí que debía estar lo más lejos de las ciudades para lograr imágenes más limpias”, comenta.

“En Guatemala, la mayor parte de la población tiene acceso a la energía eléctrica, pero no ha sido enseñada para optimizar su consumo. Las autoridades cumplen con su función de iluminar las calles, pero no le dan importancia a la contaminación lumínica”, refiere.

La contaminación lumínica es una amenaza también para la observación de las estrellas, no solo como un pasatiempo, también para la ciencia.

Para los científicos es cada vez más difícil observar el cielo profundo, nebulosas y galaxias, refiere el Instituto de Astronomía de la Universidad Galileo.

En el país, quienes se dedican a la observación del universo deben alejarse cada vez más a Petén, Sierra de las Minas, en el oriente del país, o Los Cuchumatanes, en Huehuetenango.

“La luz que se enfoca hacia arriba no ayuda a nadie, como es el caso de las lámparas de mercurio. Las municipalidades no tienen ningún cuidado, ni cultura de evitar la polución”, comentan expertos de la entidad.

De hecho, en los mapas de contaminación lumínica, Guatemala se muestra literalmente como una gran mancha amarilla.

Algunas de las razones por las que el país empieza a verse de la forma como lo describe el fotógrafo, es porque más del 80 por ciento de las lámparas son de vapor de mercurio, detalla Maynor Amézquita, vocero de Energuate.

Estas luminarias son usadas para iluminar avenidas principales, carreteras, autopistas, parques, naves industriales y lugares poco accesibles, ya que el período de mantenimiento es muy largo.

Leyes poco exigentes

La legislación es escasa en cuanto al tema. El artículo 253 de la Constitución establece que entre las funciones de las municipalidades están las de ordenamiento territorial y por ende la colocación de anuncios que eviten la contaminación visual.

La tesis Contaminación Ambiental, del abogado Andrés Matzdorf, reúne la normativa existente en el país, relacionada con el medioambiente.

La legislación guatemalteca contempla la Ley de Fomento a la Difusión de Conciencia Ambiental.

Además, la Ley Protección y Mejoramiento del Medio Ambiente y la Ley de Anuncios en Vías Urbanas, Vías Extraurbanas y Similares.

Esta última norma establece los principios fundamentales para mejorar el ornato, evitar toda clase de peligros, facilitar la libre circulación de vehículos y peatones, así como disminuir la contaminación ambiental y visual.

La legislación, cita Matzdorf, establece que todo rótulo debe presentarse de manera artística. Cuando haya sufrido deterioro, o produzca ruido, vibraciones, contaminación ambiental, o constituyan peligro para el tránsito o las personas, previa comprobación, deberán repararse o retirarse de inmediato.

En las vías urbanas no deben proyectarse en la perspectiva de una calle, plaza, edificio o monumento, ni alterar el valor arquitectónico, tampoco colocarse en donde alteren el paisaje.