Deportaciones por El Ceibo seguirán a pesar de la pobre infraestructura para recibir a migrantes

Remota localidad fronteriza con México padece de la ausencia casi total del Estado lo que favorece a la criminalidad.

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Migrantes hondureños suben al bus que los traslada hasta El Corinto, frontera con Honduras, a casi 450 kilómetros de distancia. (Foto Prensa Libre)
Migrantes hondureños suben al bus que los traslada hasta El Corinto, frontera con Honduras, a casi 450 kilómetros de distancia. (Foto Prensa Libre)

Las deportaciones que EE. UU. hace vía México a El Ceibo, Petén, podrían prolongarse por tiempo indefinido, auguran organizaciones humanitarias y los mismos trabajadores de entidades estatales quienes no han recibido una información oficial que detalle una fecha exacta de cuándo dejarán de recibirse a migrantes en esa frontera.

Al parecer no existe un acuerdo o documento que garantice que los migrantes de cualquier nacionalidad ya no serán enviados hacia ese recóndito lugar, en medio de la nada a un costado de la Sierra del Lacandón.

El Ministerio de Relaciones Exteriores (Minex) anunció el pasado 13 de septiembre que había alcanzado un acuerdo con EE. UU. para una repatriación digna, producto de ello ya no hay devoluciones de guatemaltecos a El Ceibo, al menos de manera oficial.

El Instituto Guatemalteco de Migración (IGM) informó el pasado 3 de septiembre que las deportaciones se mantendrían por 30 días más. Por el momento, continúan llegando decenas de migrantes centroamericanos, hombres mujeres y niños, a un lugar que carece de la infraestructura óptima para recibirlos.

Solo el jueves pasado ingresaron siete buses desde México que transportaban a 260 personas, entre ellas 58 mujeres y 68 niños y niñas. Estos procedimientos son calificados como “expulsiones” por las organizaciones humanitarias y no deportaciones porque se hacen sin ningún procedimiento ni regulación, según cuentan los propios migrantes.

Después de descender de los buses mexicanos para el conteo, los migrantes vuelven a abordarlos para seguir de largo hasta la frontera El Corinto, con Honduras, pero es deficiente la atención que hay para recibir a aquellos que pidan quedarse en Guatemala, porque se sienten perseguidos y necesitan protección internacional. Tampoco para aquellos que lleguen enfermos y requieran cuidados médicos.

El cónsul de Guatemala en Tenosique, Luis Montenegro, dijo a diputados que el jueves pasado llegaron a El Ceibo que no ha recibido ninguna información oficial del Minex. “Sabemos que se hicieron los arreglos”, explicó a los legisladores, aunque dijo desconocer si hay algún acuerdo suscrito entre los dos países.

Ausencia del Estado

Las organizaciones defensoras de los migrantes esperan que la crisis surgida desde mediados de agosto con el envío —sin ningún aviso previo a Guatemala— de miles de migrantes sea el punto de partida para fortalecer la presencia de Estado en la frontera de El Ceibo y en toda esa región petenera, asediada por el narcotráfico y agobiada por la pobreza.

Hombres, mujeres y niños son deportados a diario por EE. UU. vía México. (Foto Prensa Libre)

“Aquí es tierra de nadie, con eso le digo todo”, refirió un trabajador de una institución de Gobierno que pidió no ser citado. En El Ceibo está instalado un puesto del Ministerio de Salud para atender a los migrantes, pero en la mayoría de los días no pueden recibirlos porque los buses ingresan por la tarde y noche, y su horario de atención termina a las 17 horas.

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Por aparte, según testimonios de personas que trabajan en esa frontera, la seguridad es escasa, y solo dos o tres agentes policiales suelen hacer rondas esporádicas. Tampoco hay presencia permanente del Consejo de Atención al Migrante de Guatemala (Conamigua) que legalmente tiene el mandato de asistir al migrante en tránsito sin importar su nacionalidad.

Un día después de la visita de los legisladores, al mediodía, la frontera estaba desolada.

Las deportaciones por El Ceibo van a seguir en los próximos años, considera Leonel Dubón, director de la organización no gubernamental Refugio de la Niñez. “De acuerdo con la lógica esto no va a terminar ni en el corto ni mediano plazo porque hay presas de migrantes en Tapachula y Villahermosa, y las presiones que reciba México pueden derivar en más expulsiones”, añade.

El oasis en medio del desierto lo constituye la Casa del Migrante Belén de la Pastoral de Movilidad Humana que se preocupa por dar albergue a los guatemaltecos que lo necesitan o a aquellos centroamericanos que requieren asilo y que optan quedarse en Guatemala.

Cuando llegan los buses se preocupan por darles una refacción porque, asegura los personeros, llevan horas sin probar alimentos, desde que salen en avión del sur de EE. UU., de tres a cinco horas, y luego en bus desde Villahermosa, Tabasco, a El Ceibo, otras cuatro horas.

Voluntarios de la Casa del Migrante Belén ayudan a preparar raciones de alimentos para los migrantes. (Foto Prensa Libre)

“Necesitamos un puesto permanente de Salud —actualmente solo hay una carpa—, mejorar el desempeño de la Policía Nacional Civil, que Conamigua responda, no se trata de venir una vez y hacer el show y ya nos fuimos”, reclamó Pascual Pérez, subcoordinador regional de la Pastoral de Movilidad Humana, en una reunión que sostuvo con los diputados y trabajadores de instituciones del Gobierno.

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“¿Qué ha hecho el Congreso? ¿Qué está haciendo el Parlacén? Aquí se necesitan recursos e insumos para garantizar que los migrantes tengan apoyo”, cuestionó, “hay gente que viene con hambre, sin ropa con dos o tres hijos en los brazos y aquí ni hay servicios”.

Andrés Tizol, encargado de la Casa del Migrante Belén añadió que siempre han esperado ayuda del Gobierno, “pero nos han dejado solos”, no solo a los migrantes, sino a la población de El Ceibo, muchos de los cuales son parte de los voluntarios que se involucran en el apoyo a los migrantes.

De 7 a 10 buses diarios con migrantes centroamericanos ingresan a diario por El Ceibo. (Foto Prensa Libre)

Atropellos

Las organizaciones también reprochan al Gobierno de México el trato que se le da a los migrantes.

Aunque ahora al menos ya no se les deja abandonados a su suerte en esa frontera, señalan que, de acuerdo con testimonios de migrantes, sufren constantes abusos de agentes mexicanos de Inmigración y de la Guardia Nacional. Otros dicen que los han expulsado, incluso cuando ya tienen estatus de refugiado.

Dubón calificó de “perversa” la forma cómo han actuado las autoridades mexicanas que, afirma, no comunican oportunamente cuándo van a enviar a migrantes deportados porque “no quieren presencia de instituciones humanitarias ni medios de comunicación”. Asegura que muchas veces los deportan de noche, no solo a El Ceibo, sino también a Tecún Umán, San Marcos.

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El director del Refugio de la Niñez criticó la actitud “excesivamente política” del Gobierno de Guatemala ante las múltiples denuncias de migrantes y considera que la postura debería “ser más firma y elevarse a otro tipo de sistema”. “Hemos notificado a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para que haga una visita porque la información que les llega dice que todo está bien”, expuso Dubón.

César Fion, diputado de Petén y quien visitó El Ceibo, reprochó el actuar de México y EE. UU. que “hacen lo que les da la gana” y teme que al dejar de ser mediático el tema todo se olvide. “La presión internacional y mediática hizo que aceptaran el manejo inhumando que hacían” pero en cualquier momento pueden retomarlo, precisó.

Casi 10 mil migrantes han sido deportados por El Ceibo, en poco más de un mes. (Foto Prensa Libre)

El dilema de bajarse del bus o no

Al llegar a El Ceibo, después de cuatro horas de viaje, los migrantes hondureños saben que están en suelo guatemalteco y es cuando aprovechan para bajarse del bus, algo que tienen prohibido hacer en México.

Ya en Petén, los oficiales mexicanos saben que no pueden obligarlos a que suban de vuelta al autobús y los migrantes, hondureños, salvadoreños o nicaragüenses saben que están amparados por el acuerdo de libre movilidad CA-4 y que pueden transitar por Guatemala.

Es entonces cuando se ve a hombres mujeres y niños, cuando se bajan de los buses, se enfrentan al dilema de si regresar hasta su país de origen o quedarse en Guatemala, bien sea para tramitar asilo o para quedarse e intentar cruzar de nuevo a México por puntos ciegos, ya que es menos complicado que reintentarlo desde su país de origen.

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“Necesito asilo”, dijo brevemente uno joven hondureño de unos 25 años que había descendido del bus durante los minutos que estos aguardan en El Ceibo a que pasen por la inspección de la PNC y del Ministerio de Agricultura, luego parece que lo piensa mejor y vuelve a abordar.

De esa forma se cumple el objetivo que se trazó EE. UU. en el sentido de que, entre más recóndito sea el lugar de deportación será más difícil intentar el reingreso irregular a sus fronteras. Si un migrante decide quedarse en El Ceibo, tiene todo más lejos y si por cualquier motivo necesita regresar a su país será mucho más complicado.

Uno de los migrantes que optó por recoger sus pertenencias y quedarse en Guatemala. (Foto Prensa Libre)

Se aprovechan

Pascual Pérez, subcoordinador de la Pastoral de Movilidad Humana dijo que criminales se aprovechan de las necesidades de los migrantes y les cobran hasta Q2 mil por una noche de hospedaje y por trasladarlos a la frontera con Honduras.

Ruiz dijo que si no se construye la infraestructura necesaria para atender a los migrantes y si no hay una mejor coordinación los beneficiarios serán los coyotes, los cambistas que se aprovechan de ellos o transportistas que triplican o quintuplican el valor del pasaje.

“La frontera El Ceibo le queda bien a EE. UU. y México porque es muy lejana y los migrantes tienen que invertir demasiado si es que piensan intentar el regreso”, comenta López.

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Para este artículo se hizo una solicitud de comentarios al Ministerio de Relaciones Exteriores y a la Embajada de México en Guatemala, pero no habían respondido hasta el cierre de la nota.

En una carpa, el Ministerio de Salud atiende a migrantes, pero solo hasta las 5 de la tarde. (Foto Prensa Libre)