“Los pobres pagan hoy la factura de tantos años de corrupción, impunidad e injusticias”: Mauro Verzeletti

El sacerdote Mauro Verzeletti se marchó este 29 de diciembre del país, dejando 23 años de trabajo en favor de los migrantes, lo que fue poco reconocido por el Gobierno.

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El sacerdote Mauro Verzeletti en una de las últimas misas que ofició en Guatemala. (Foto Prensa Libre: AFP)
El sacerdote Mauro Verzeletti en una de las últimas misas que ofició en Guatemala. (Foto Prensa Libre: AFP)

Una carta firmada por el canciller Pedro Brolo fue el reconocimiento que el Gobierno hizo al sacerdote Mauro Verzeletti por 23 años de trabajo al frente de la Casa del Migrante.

No hubo ceremonia ni reconocimiento público oficial, pero sí un torrente de agradecimientos por parte de múltiples sectores sociales, columnistas y grupos promigrantes que, incluso, sugerían que le fuera otorgada la Orden del Quetzal, por haber hecho durante mucho tiempo una labor que le corresponde al Gobierno.

Con evidente emoción y por momentos al borde de las lágrimas, el sacerdote perteneciente a la orden de Misioneros de San Carlos Scalabrinianos habló con Prensa Libre, antes de abandonar el país al que, dijo, “llevo en mi corazón”.

¿Cómo se va de Guatemala? ¿Qué sentimientos lleva?

 

Son sentimientos encontrados porque justamente he vivido 23 años en Guatemala trabajando para el bien d

e cada guatemalteco y de cada migrante que ha regresado deportado al país. En estos 23 años he procurado dar un testimonio de amor y servicio por la causa de las personas más necesitadas. A pesar de muchos inconvenientes que he encontrado en el camino, siempre hice mi trabajo con alegría y la esperanza de que un día este país sea un lugar donde todos los guatemaltecos puedan vivir en paz, armonía y desarrollarse de una forma integral.

¿Qué diferencias ve usted en la Guatemala que encontró hace 23 años y la que deja ahora?

Yo llegué en 1998, en un contexto en el cual el país acababa de firmar los Acuerdos de Paz, en 1996. Había una gran esperanza en aquel entonces, ya que los guatemaltecos esperaban que las propuestas que fueron sancionadas en los Acuerdos constituyeran una Guatemala distinta. Lo más positivo en estos años ha sido el sueño de las personas de querer salir adelante a pesar de las dificultades, pero lo que realmente se ha incrementado en estos 23 años fue la corrupción y la impunidad.

O sea, el pueblo tiene un sueño, esperanza y utopía de transformar el país, pero también existe un sector que quiere ver a un pueblo más abandonado y aislado. Ojalá que esa gente se ponga la mano en la conciencia y empiece a trabajar de forma distinta para que Guatemala sea un país más inclusivo para los pobres y necesitados que se ven forzados a migrar.

A la vez que ha aumentado la corrupción lo ha hecho al pobreza y desigualdad ¿Hay una relación entre estos factores?

Por supuesto que hay una relación íntima entre corrupción, impunidad, pobreza, pobreza extrema, violencia y migración en el país. Cuando logremos superar las migraciones forzadas y todos los problemas estructurales que las provocan y tengamos un estado de derecho democrático y al servicio de todos los ciudadanos, podremos cantar victoria.

Mauro Verzeletti, director de la Casa del Migrante, durante 23 años, se marchó del país porque estudiará política. (Foto: Byron García)

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Sin embargo, tenemos un gran camino que recorrer, ojalá que tanto el Gobierno, los ministerios de este país, el Congreso y el sector justicia, piensen realmente en el país y en cada guatemalteco, que sepan que pueden hacer algo distinto que puede ser la diferencia a partir del momento en que van a impartir justicia.

Se va en un año en que casi un cuarto de millón de guatemaltecos fueron detenidos en el sur de EE. UU., pero ¿cuál es el camino que se debe forjar para darle vuelta a esta realidad?

El Estado de Guatemala tiene que estar al servicio de los más pobres con políticas públicas enfocadas en aquellos que viven en la exclusión y marginalidad social. El empresariado tiene que hacer inversiones en el país no afuera, eso es fundamental. La visión de la clase empresarial debe estar volcada hacia el bien común y hacia lo que establece la Constitución Política de la República. El Estado es el guardián de todos los guatemaltecos; sin embargo, el sector empresarial tiene que cambiar radicalmente de visión a una estratégica, de inversión y de construcción de país. Si no lo hace, no vamos a salir adelante.

¿Cuál es la satisfacción y la deuda más grande que se lleva?

Primeramente, yo me llevo el cariño, la amistad y la solidaridad de todos los guatemaltecos. Es gente que nos dio esfuerzos en estos 23 años para atender a los migrantes en las caravanas y todo. También me llevo que Guatemala ha demostrado ser un pueblo que quiere prosperar y que tiene la cabeza levantada, que sueña y no tiene miedo de ser feliz; sin embargo, las estructuras que gobiernan a esta nación no quieren que este pueblo pueda un día soñar libremente.

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La deuda más grande, creo yo, es del Estado y su estructura socioeconómica y política con los pobres. Realmente, ellos son los que hoy pagan la factura de tantos años de corrupción, impunidad e injusticias.

Pero me llevo en el corazón a toda esa gente que sueña que es emprendedora, que sabe amar,  construir y quiere prosperar.