CATALEJO

Ataque mañoso a la Constitución

Mario Antonio Sandoval

DURANTE LOS ÚLTIMOS DÍAS han arreciado las presiones de todo tipo para hacer cambios a la Constitución. Me asusta, por muchas razones, pero la primera y principal es mi convencimiento del resultado nefasto de dichos cambios, muchos de ellos seguramente necesarios, pero indemnes ante la acción de un Congreso de hecho convertido en una asamblea constituyente. Se habla de alterar algunos artículos de la Carta Magna referentes al sistema de justicia, pero sería una mezcla de puerilidad y desconocimiento de la historia, así como de una negación absurda de la realidad actual del parlamento, imposible de comparar con el grupo de ciudadanos a cuyo trabajo se debe el texto constitucional ahora víctima de las malas y las buenas intenciones.

HACE ALGUNOS AÑOS, con motivo de la firma de los acuerdos de paz, se acordó realizar unos pocos cambios a la Constitución, con el objetivo de hacer efectivo en la realidad nacional lo decidido por los representantes de las partes. Era un riesgo necesario de correr por el bien del futuro del país. Pero nadie contó con la intención de quienes decidieron aprovechar la oportunidad para alterar arteramente a la Carta Magna. Se multiplicaron los cambios, reunidos en grupos para impedir a quienes participaran en el referéndum para poder expresar su voluntad. El resultado ya todos lo sabemos: apenas participó el 14 por ciento de los electores, y un poco más de la mitad de ellos votó en contra. Resultado: los acuerdos mencionados en la práctica se hundieron.

AHORA OCURRIRÁ ALGO muy similar. Al tema jurídico serán agregados numerosos otros, cuyas motivaciones son oscuras o al menos desconocidas para la mayoría de ciudadanos, por otra parte desinteresados en el tema, porque no ha sido posible convencerlos de la necesidad de hacerlos, pero también porque es generalizado el convencimiento de la inutilidad de un texto distinto. Esto se debe a la forma como el sistema legal del país es pisoteado por quienes están relacionados con él, y a la configuración de un Congreso donde están representados partidos de opereta, carentes de ideología y convertidos en simples vehículos para permitirles a sus organizadores y dueños asaltar el poder. Son partidos desideologizados, de opereta.

OTRO FACTOR CAUSANTE de extrañeza, es la insistencia de la aprobación inmediata de cambios constitucionales en el tema jurídico, y también la decisión de atrasar una semana, para analizarlos, el debate previo, cuyas consecuencias solo pueden ser negativas. Es conveniente repetir la razón: los interesados de convertir a la Carta Magna en un documento de adorno, ya de forma clara e indudable, no dudarán un momento en hacer tropelías. El resultado tendrá efectos terribles, porque la integración humana de la mayoría de este congreso no tiene relación alguna con aquella del lejano 1984. Es el criterio de cambiar la ley para dar a todas las acciones incorrectas y malintencionadas, un marco de supuesta legalidad, por hipocresía de primer orden.

POR ÚLTIMO, ES NECESARIO señalar otro aspecto fundamental: de nada sirven los textos legales correctamente redactados para lograr el beneficio general de la sociedad, si se mantiene una mayoría de personas sin valores realizando la tarea de aplicar e interpretar los textos, y si la corrupción y el enriquecimiento ilícito es en la realidad práctica la meta principal. Es un problema de seres humanos, no de constituciones ni leyes. Claro está, estas deben tener bases teóricas tendientes a la justicia, no solo a la simple legalidad. Por todas esas causas, solo puedo sentir pesadumbre y decepción cuando veo venir el entierro de una Constitución cuyos principios eran sólidos, pero no efectiva por no haber sido desarrollada y porque ha sido ignorada.