EDITORIAL

Crisis humanitaria mueve a gobiernos

La despiadada política de tolerancia cero impulsada por Donald Trump ha estremecido los cimientos de varios gobiernos porque desnudó la más inhumana faceta a la que puede llegar la tozudez de funcionarios y políticos capaces de emprender las acciones más repudiables para castigar a quienes huyen de la violencia y la pobreza.

Las medidas tomadas por Trump y su secretaria de Seguridad Nacional, Kirstjen Nielsen, han dejado al menos cinco mil inmigrantes detenidos desde los primeros días de mayo, y de ellos casi la mitad son menores que buscaban reunirse con alguno de sus padres en Estados Unidos y que fueron brutalmente separados de parientes o tratados como delincuentes y encerrados en jaulas para iniciarles un proceso de deportación.

Las represivas acciones causaron una inusitada ola de indignación en Estados Unidos y en varios países que mantienen algún nexo con los menores detenidos, como es el caso de las naciones del Triángulo Norte de Centroamérica. Pero en la Unión Americana se dieron las mayores muestras de repudio contra el Gobierno y los funcionarios responsables de haber aplicado esas medidas impopulares porque una característica del verdadero pueblo estadounidense, no de ciertos políticos, es su espíritu solidario.

Ante la oleada de indignación, ayer congresistas de ambos partidos iniciaron acercamientos para revisar la política de Trump e implementar nuevas normas que frenen de inmediato la brutal e inhumana separación familiar, por considerar que no refleja el espíritu ni los valores estadounidenses.

Ayer, Washington también anunció su retiro del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, supuestamente por ser una plataforma al servicio de países como China, Venezuela y Cuba, y por considerar que es una fuente de ataques contra la política de Israel en territorios ocupados, aunque esto ocurre precisamente un día después de que dicha instancia criticara la separación de familias.

Guatemala también dio ayer un tardío giro de 180 grados al emitir un comunicado en el que pide a Estados Unidos reconsiderar su política y garantizar los derechos de los migrantes y la unidad familiar. Luego, el Gobierno también anunció la destitución del vocero presidencial Heinz Harold Hiemann, por supuestamente haberse expresado de manera incorrecta respecto del drama migratorio que sacude a Washington y a sus cuatro vecinos más cercanos.

Aunque no hubo la menor alusión a los términos en los que en la mañana se había expresado la canciller Sandra Jovel, quien declaró que los menores están en albergues donde se les está “dando el mejor trato”, sin siquiera informarse de los deplorables procesos que afrontan muchos indocumentados ante las autoridades migratorias. Esto significa que la salida del vocero gubernamental estaría fundamentada en la recomendación de la Contraloría General de Cuentas de eliminar esa plaza, por innecesaria.

Ninguna crisis había hecho reaccionar al unísono a los gobiernos de estos países, cuya actitud pusilánime ha sido el principal ingrediente para la falta de respeto de gobernantes como el que ahora ocupa la Casa Blanca, que no parece tener el menor rasgo de humanidad.