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Innovación es crucial

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El combate de la pobreza y el subdesarrollo tiene enfoques que siguen siendo poco o nada explorados, a pesar de los avances de la tecnología. Desafortunadamente, en la pelea de mediocridades, intermediadores y grupos fácticos que suele caracterizar al panorama político guatemalteco, suelen privar más los arreglos miopes y la conveniencia del grupo a cargo del poder momentáneo, hasta que venga otro a vigilar nuevos intereses cortoplacistas y así, sucesivamente.

Aunque existe un incipiente sector tecnológico y un enorme potencial humano, educativo y comercial, demostrado a través de varias iniciativas, la inversión real de capital en este campo sigue siendo marginal, a pesar de la ruptura de fronteras y de la posible clientela global para este tipo de productos. Así tampoco la infraestructura nacional digital llena los estándares mundiales como para poder generar polos tecnológicos más allá de la capital y los centros urbanos.

Recién esta semana fue presentado el Proyecto para la Prosperidad Centroamericana (CAPP, en inglés), desarrollado con los auspicios del instituto George Bush, de Washington, con la participación de jóvenes emprendedores de Guatemala, El Salvador y Honduras, el cual plantea la necesidad de que más pobladores de la región tengan acceso a conectividad 4G, a fin de facilitar nuevas modalidades de educación, comercio, bancarización, salud e integración comunitaria. Desafortunadamente, apunta el CAPP, hay serias limitaciones en la implementación de esa forma de conexión, desde legales hasta energéticas.

Esto representa un reto que ningún candidato presidencial ha abordado y que resulta crucial en cualquier proyecto de gobierno. La razón es muy simple: los partidos políticos les siguen apostando a los discursos trillados y a las promesas cajoneras, que prácticamente constituyen un insulto a la inteligencia de los ciudadanos, ya que solo exhiben sus limitaciones conceptuales, la falta de un equipo de trabajo verdaderamente multidisciplinario y su autismo tecnológico, puesto que ninguno de los partidos ha mostrado una campaña consistente, eficiente o al menos inteligente en redes sociales, con lo cual poco se puede esperar en cuanto a políticas tecnológicas de desarrollo. Recién se suspendió la subasta de la frecuencia 4G en el país, debido a vacíos legales que se les heredarán al próximo Ejecutivo y Legislativo, un ejemplo triste de atraso cuando ya el mundo gira sobre la Cuarta Revolución Industrial, la digital. Otro ejemplo: la actual Ley de Telecomunicaciones data de 1996 y no ha sido actualizada, ya sea por dejadez o por incapacidad.

Los diputados actuales han mostrado su desconocimiento en materia de legislación para la industria digital, protección de derechos de autor sobre códigos informáticos, propiedad intelectual de programas y desarrollos virtuales. No han discutido ni aprobado una sola iniciativa en tal sentido. Decenas de candidatos exhiben sus caras en las vallas, pero se ignora su formación académica, su trayectoria laboral o si traen planes para incluir la tecnología dentro de las vías para impulsar desarrollo en todo el país. Y no nos referimos solo a colocar tabletas o computadoras en las aulas, sino a una estrategia nacional de desarrollo humano que genere procesos innovadores para obtener resultados diferentes.