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Optimismo no debe excluir cautela

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Es comprensible que exista entre la población el deseo, la aspiración, el anhelo de superar el duro capítulo nacional de la pandemia de covid-19, pero es necesario asumir con madurez una realidad concreta: el peligro aún no ha pasado, el repunte de contagios está latente y prueba de ello son las medidas de retorno parcial al confinamiento que se han dictado en países como Israel. Ello no quiere decir que tales acciones sean inminentes en Guatemala, pero sí vale señalar que depende en buena medida de la conducta responsable y cauta de la ciudadanía.

El sexto estudio de actitudes de los guatemaltecos frente al coronavirus, efectuado por la firma ProDatos, presenta una tendencia general a la disminución del temor al contagio, incluyendo a grupos vulnerables como los adultos mayores. En un sentido puede ser positivo que no exista un espíritu de miedo, puesto que el estado emocional de zozobra o impotencia resulta dañino para el mismo sistema inmunológico. Por otra parte, a diferencia de meses anteriores, las personas entrevistadas reconocen que han disminuido prácticas preventivas, como el uso de mascarilla y lavado de manos, que han probado su efectividad.

Uno de cada 10 guatemaltecos acepta que no utiliza mascarilla, a diferencia de estudios anteriores en los cuales el cien por ciento afirmaba esa práctica, cuya importancia no solo radica en el resguardo personal de una potencial infección, sino para evitar convertirse en un difusor del virus, sobre todo en el caso de pacientes asintomáticos. En otras palabras, no usar la mascarilla o no utilizarla correctamente sobre nariz y boca puede convertir al individuo en un foco de riesgo. En algunas localidades es cada vez más usual ver su mal uso o, peor aún, su ausencia.

La reactivación económica debe continuar, porque están a la vista sus resultados en el crecimiento paulatino del comercio, la recuperación de empleos suspendidos y en general sobre la actitud de confianza ante el porvenir; la puesta en marcha de sistemas de transporte urbano, interurbano y extraurbano también ha comenzado, entre tropiezos y controversias, pero el énfasis es mantenerse sobre las medidas de distanciamiento y desinfección, a fin de evitar bruscos rebrotes.

A seis meses de declarada la emergencia, las cifras del estudio muestran que gana terreno la percepción de que lo peor de la pandemia ya ha pasado: prácticamente 50% de ciudadanos entrevistados así lo considera, y la proporción aumenta en el área metropolitana. Esta puede ser la explicación para el descenso en las precauciones, pese a que el país se aproxima a la cifra de tres mil defunciones por covid-19. Es cierto que de los 81 mil 909 casos, hay 70 mil 927 recuperados, pero el comportamiento de este virus aún presenta aristas que desafían a la ciencia médica, al punto que la ruta hacia una vacuna totalmente segura y garantizada no tiene todavía un punto de llegada bien definido, lo cual quiere decir que la cautela sigue siendo todavía la mejor barrera contra este azote.

Los ciudadanos adultos tienen un importante papel en el abordaje prudente de sus actividades cotidianas. Esto no resta un ápice de importancia a la necesidad de una comunicación clara, asertiva y detallada por parte de las autoridades. El contrasentido generado la semana anterior al anunciar variantes a las restricciones no debe repetirse y los autores de crear tal enredo deben afrontar consecuencias por generar psicosis colectiva y un innecesario desgaste para el Ejecutivo.