Editorial

Prueba epidemiológica nacional y global

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Es innegable que el coronavirus de Wuhan concentra la atención de los sistemas de salud de todo el mundo, primero porque China es un país con amplias relaciones comerciales, con una enorme población multinacional residente en su territorio y porque las cifras de casos confirmados y decesos mantiene una curva creciente cuya progresión de contagio se intenta atajar. Si bien es evidente que existe un esfuerzo gubernamental de grandes dimensiones para evitar la expansión de este mal, persiste la incertidumbre sobre todo a causa del hermetismo previo de las autoridades y la posibilidad de subregistros.

Hace una semana, la Organización Mundial de la Salud descartó declarar una alerta mundial, pero debido al número de pacientes y al surgimiento de casos sospechosos en una veintena de países se retomó la discusión y se lanzó el jueves una llamada de emergencia a los sistemas de salud de todos los países. Quizá la demora provino de un criterio de prudencia, con el afán de evitar pánico; sin embargo, también cabe la posibilidad de que se haya perdido tiempo valioso.

Aunque desde la semana anterior se instaló un puesto de monitoreo digital de temperatura en el aeropuerto La Aurora, fue ayer que se oficializó la medida precautoria de restringir el acceso al territorio nacional de toda persona que haya visitado China en las últimas dos semanas. Esto aplica no solo para esa terminal aérea, sino también para los puertos en el Atlántico y el Pacífico, así como en las fronteras terrestres, al menos en las áreas donde hay controles migratorios.

Es en este aspecto donde radica un riesgo evidente: el de los pasos ciegos utilizados para el contrabando de mercancías y trata de personas. Guatemala es un corredor migratorio, no solo para centroamericanos sino también para ciudadanos de otras latitudes que buscan con denuedo llegar a Estados Unidos. Si bien hasta ahora no hay casos reportados en el país, la porosidad fronteriza es un factor por considerar.

Por otra parte, la alerta decretada en el sistema nacional de salud debe estar constituida por medidas de monitoreo, manejo seguro de casos sospechosos, zonas de aislamiento hospitalario y equipamiento protector para el personal médico y paramédico, con la esperanza de que no lleguen a ser necesarios. No obstante, la confirmación de algunos pacientes del coronavirus en Canadá y Estados Unidos hace imposible no contemplar la posibilidad de que pueda llegar a más naciones.

Cabe mencionar también que las condiciones de los sistemas de salud de los países latinoamericanos no siempre son las óptimas. De hecho, según el Índice Global de Seguridad Sanitaria elaborado por la Universidad Johns Hopkins y publicado en octubre de 2019, Brasil es el país latinoamericano con la mayor capacidad de responder eficientemente a epidemias o pandemias, con un puntaje de casi 60 sobre 100. Según este monitoreo, Guatemala se encuentra en el puesto 125 de la calificación general de 195 países evaluados, con una nota de 50 sobre 100.

La comunicación constante, clara y asertiva es clave para la prevención no solo de la gripe de Wuhan, sino de diversas enfermedades que golpean ya a la población guatemalteca, como ocurrió con el dengue, que tuvo más de ocho mil casos reportados en el 2019 y dejó más de 30 muertos. La neumonía común ocasionó 385 decesos en el año anterior, en Guatemala, según datos del Inacif, lo cual no hace sino subrayar la necesidad de fortalecer los controles de ingreso al país durante la emergencia internacional.