Catalejo

EE. UU., hoy: peligro para el periodismo

Mario Antonio Sandoval

Los adversarios de la Sociedad Interamericana de Prensa tradicionalmente la han acusado de ser vocera de los propietarios de medios, no de la prensa en sí. No comparto esas críticas y por eso, el duro reporte de esa entidad a la situación de la prensa en Estados Unidos durante la “era Trump” nadie puede señalarlos como de gente deseosa de destruir sociedades, acusación sí tradicionalmente aplicable a muchos de los gobiernos de los países interamericanos donde las dictaduras no sólo han existido, sino además su posibilidad se mantiene firme. Ese informe es particularmente duro porque está basado en hechos, uno de los cuales es el asesinato de periodistas así como los ataques para eliminar la credibilidad de las instituciones y de los profesionales de la prensa.

Hablar de esto hoy es importante debido a las elecciones de mañana en Estados Unidos, donde Trump y los republicanos se juegan el control de la Cámara de Representantes. No sé hasta donde están enterados los votantes estadounidenses no sólo del segundo lugar de su país en cuanto al número de periodistas asesinados en el continente americano este año, ni de los posibles efectos trágicos de la constante diatriba presidencial. No ha sido vista antes en la Unión Americana, y entre ellos se cuenta la alarma suscitada por el envío de cartas bomba a medios de importancia foránea, por lo cual la prensa en algunos casos ha otorgado seguridad a los reporteros cuando cubren presentaciones presidenciales, por el posible riesgo a su integridad física.

Estados Unidos, con siete periodistas asesinados, tiene el segundo lugar en estos crímenes. México el primero, con 11; Brasil, 4; Colombia 2; Nicaragua, 1 y Guatemala, 1. A mi juicio, sólo es cuestión de tiempo el asesinato de periodistas de medios nacionales estadounidenses, sobre todo por la facilidad en ese país de adquisición de armas de fuego, incluyendo rifles de asalto. Aunque no tiene relación directa con este tema, la amenaza presidencial de permitir a las tropas estadounidenses a disparar contra los inmigrantes centroamericanos si éstos les lanzan piedras o palos, es imposible de creer: me tiras una piedra, yo te respondo con balas del ejército más fuerte del mundo. Por favor…

Espero la pronta calificación de “fake news” a este documento institucional de la prensa del continente americano, incluyendo a Estados Unidos. Incluso las críticas a esta ya muy peligrosa situación, recibirán acusaciones de mala intención, deseo de destruir el país. A una reportera del New York Times le fueron confiscados sus archivos, luego de haber publicado un reporte sobre los vínculos del asesor de campaña electoral en 2016, Carter Page, con el Kremlin, cuyo presidente es ahora objeto de virtual admiración presidencial estadounidense. Y la mayor preocupación de todo la provoca el aumento de los ataques —demonizar a la prensa junto con los inmigrantes centroamericanos— como arma de campaña para lograr una victoria en las elecciones de mañana.

Así como los ataques a periodistas son más comunes en los pequeñas ciudades latinoamericanas, en Estados Unidos es en los estados pequeños donde éstos ocurren. Trump de hecho felicitó a un senador republicano estatal por agredir a un reportero. En realidad me parece subrealista, porque lo es, escribir este artículo en referencia a Estados Unidos. La convicción de la impunidad es uno de los peores alicientes para los crímenes. No entender el absurdo de eliminar a los mensajeros porque luego quienes lo promulgan no tendrán posibilidad de defenderse ante una ola de mentiras propaladas por anónimas redes sociales, incontrolables. Un cambio en la composición del congreso estadounidense nunca ha tenido tanta importancia para la libertad mundial de expresión.