Ventana

El ejemplo de Tak’alik Ab’aj

Rita María Roesch clarinerormr@hotmail.com

Es increíble  la similitud que existe entre la situación que vive  Guatemala hoy en día    y  lo que ocurrió en Tak’alik Ab’aj (TA) hace 2,500 años.  Me refiero a la etapa de transición  que estamos viviendo actualmente  y que,   me imagino, vivieron los antiguos habitantes en TA durante el Preclásico Medio, 350 antes de Cristo (a.C), cuando ocurrió el cambio  de un  sistema social  a otro: el tránsito de  la visión  olmeca a la maya.   Los arqueólogos, Christa Schieber de Lavarreda y Miguel Orrego Corzo llevan  tres décadas de  investigar  el sitio,  pieza por  pieza,  con paciencia infinita,  armando su  inédito rompecabezas. Les ha sorprendido cómo,  en  esta ciudad sagrada,  sus antiguos habitantes integraron los elementos de la cultura olmeca  para darle paso a la maya.  Para comprender este cambio trascendental,  el reciente hallazgo de una estela lisa de cinco toneladas y de dos fragmentos de piedra exquisitamente tallados, clasificados como monumento 253 a y 253 b, son la  clave.

El monumento 253 “a” es una cabeza olmeca finamente tallada y colocada viendo hacia abajo. En la parte posterior lleva el símbolo Pop, representado por un diseño de cuerdas cruzadas, que significa petate, trono o asiento del poder. Aún conserva restos de pigmento rojo de hematita, que es muy raro encontrar en un período temprano. Este diseño de bandas cruzadas permaneció en el tiempo sin variar su significado. Se encuentra en diversos sitios arqueológicos como en el monumento 15 de San Lorenzo, Tenochtitlán, al sureste mexicano. También en las tierras bajas de Petén, en el mural oeste de San Bartolo. Aquí se observa a un personaje que está siendo coronado y está sentado sobre un trono con el símbolo del Pop. Christa me comentó que fue intencional haber colocado la cabeza viendo hacia abajo. Era una práctica común en el período Preclásico. Denota que es un ancestro invocado que baja del cielo. Otro ejemplo está en el Altar 13, por el Ave Principal en su descenso, con los pies para arriba y cabeza hacia abajo. “Esta ave tiene un promontorio sobre el pico, que es característico del “buitre”, el mensajero entre la vida y la muerte. Esta es la posición que describe al “ancestro”. Por eso, a este monumento le pusimos El Abuelo. Queremos ampliar el concepto y trabajar la hipótesis de los “ancestros” en su descenso”, concluyó Christa.

Ahora vamos al fragmento 253 “b”, que presenta un cosmograma, o sea la representación del universo. Es el símbolo de la cruz K’an. Es un emblema ritual que precede al concepto “kin” o “ajaw” que significa “sol” o “estrella olmeca”, que precedió al signo de Venus o Lamat en la cultura maya. La Cruz K’an sintetiza el concepto del espacio y el tiempo. Su diseño describe los cuatro costados cardinales y el movimiento del sol cada día, como también su tránsito anual, con los solsticios y los equinoccios. El punto del centro es el quinto punto, el eje vertical, o axis mundi. El poderoso símbolo de la cruz K’an se encuentra representado en diversas piezas, entre ellas la magnífica Ofrenda de “Las Muñecas” en el entierro real del gobernante K’utz Chman”, que pertenece a esta fase de transición entre lo olmeca y lo maya. De acuerdo a los arqueólogos, los fragmentos del “Abuelo” y de la “cruz K’an” tuvieron vigencia como un solo monumento en los siglos anteriores al 350 a. C., pero fueron mutilados para señalar el fin de una era y el principio de otra. Una de las reflexiones de Christa sobre este hallazgo es la evidencia de que sí es posible que la historia cambie sin interrupción y lo mejor de todo es que esta decisión de cambio provino de la misma población.

“Lo mismo, como si la historia se repitiera, puede ocurrir ahora en el 2018?”, preguntó el Clarinero.

clarinerormr@hotmail.com