EDITORIAL

El espejismo del supuesto respaldo

Un presidente denunciado por corrupción y agobiado porque su hijo y su hermano enfrentan a la vez cargos por fraude se convierte en una presa fácil para la manipulación por parte de mentes perversas que lo orillan a una mayor confrontación con otros sectores, a los que califica de vivir en otra realidad o de ser incoherentes en sus funciones.

Ayer, durante la manifestación de supuesto apoyo al mandatario, miles de vendedores de La Terminal fueron movilizados hacia el Palacio Nacional de la Cultura, donde Jimmy Morales les dirigió un mensaje para el cual la mayoría de ellos no estaba preparado, pues nuevamente aprovechó los micrófonos para arremeter contra quienes dirigen la persecución penal, el procurador de Derechos Humanos y los medios de comunicación.

Esa movilización evidenció ser parte de una preparación previa, por gente cercana al fallecido alcalde Arzú, porque algunas de las pancartas, muy bien elaboradas, incluso hacían referencia a él, ignorando su reciente deceso, con lo que se demuestra que esa manifestación corrió con las influencias de contactos ediles en favor de una presidencia acorralada.

Resulta obvio que Morales ha sido uno de los mandatarios más fáciles de manipular, pues sin el menor rubor tomó esa marcha como un auténtico apoyo a su gestión, cuando desde el día anterior se sabía que muchos de los comerciantes movilizados habían sido amenazados con represalias si no asistían a la caminata, pero que en todo caso no tienen vínculos con el Ejecutivo.

Triste espectáculo dan los funcionarios que organizan ese tipo de manifestaciones en favor de políticos en apuros, como se ha observado con los últimos presidentes, que frente a las críticas y protestas masivas en su contra buscan contraatacar con expresiones similares, como ha ocurrido con el magisterio, que históricamente ha chantajeado a los gobernantes a cambio de apoyo en las calles en momentos de apuros, y en ese sentido también está anunciada para hoy otra protesta de ese gremio.

El error o la desesperación de Morales, como han hecho sus antecesores, es creer que esos respaldos son genuinos y por eso se atreven a tomarlos como muestra de poderío, cuando basta ver cuál ha sido el destino de los dos últimos exmandatarios, que tampoco evitaron su cita con la justicia al organizar episodios similares con miles de personas lanzadas a las calles para supuestamente expresarles apoyo.

Quizá ese espejismo que deslumbra a los gobernantes ha hecho una vez más que el actual presidente se sienta fortalecido con esos baños de multitudes y arremeta con imprudencia en contra de sectores que cuentan con el respaldo de grandes segmentos de la población, pero además queda muy mal parado cuando, encima, se presenta como el representante de la unidad nacional y al mismo tiempo reparte insultos.

El mandatario debe reflexionar sobre el rumbo que está tomando su administración, de cara a acontecimientos extraordinarios que demandan madurez y sabiduría. Esto pasa por separarse de los cerebros perversos que le hacen creer en un férreo control de un poder ilimitado, lo cual no es cierto y le resultará muy doloroso cuando compruebe que no existía tal paraíso.