EDITORIAL

Nuevo bandazo de diplomacia nacional

La diplomacia guatemalteca vuelve a dar una vergonzosa muestra de inconsistencia e incoherencia ante una problemática sobre la cual no deben existir posturas dubitativas, ni argumentos absurdos, como la afirmación de la Cancillería de que es una acción injerencista integrar una comisión para evaluar la grave situación actual en Nicaragua.

Cuando el pasado jueves Guatemala se abstuvo en la Organización de Estados Americanos de apoyar tal grupo para que evalúe y proponga inmediatas vías de solución, le dio la espalda a la mayor masacre que gobierno alguno de ese país haya cometido contra su propio pueblo. Si el Gobierno está tan convencido de dicha injerencia, debió en todo caso votar en contra. Pero no se atrevió, y al optar por una abstención lo que en realidad hizo fue otorgar un espaldarazo a la sanguinaria pareja gobernante de Nicaragua.

Frenar el brutal uso de la fuerza ejercido por Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo, es la prioridad de cualquier gobierno que se precie de aspirar a supremos valores universales. Por eso los impulsados desde la OEA debieron recibir apoyo, como el que dio la mayoría de las democracias latinoamericanas, salvo los países que dependen del suministro de petróleo venezolano, por lo cual asumen una actitud pusilánime.

La situación en Nicaragua es insostenible. Los excesos gubernamentales han ido demasiado lejos, con una cantidad inconcebible de nicaragüenses muertos bajo el fuego de las armas de policías, paramilitares y pandilleros que han sembrado el terror en varias ciudades de ese país donde se escuchan las voces de protesta.

Ayer, el cantautor nicaragüense Carlos Mejía Godoy anunció que había abandonado su país porque su vida estaba en peligro a causa de los indiscriminados ataques de las fuerzas gubernamentales ante cualquier expresión de protesta. Le fue sugerido salir cuanto antes, por lo que de manera secreta se trasladó a Costa Rica, al considerar que desde el exilio su voz seguirá siendo muy importante en esta lucha.

Quienes defienden a Ortega deben recordar que su permanencia en el poder ha sido el producto de una continuada cadena de abusos, manipulación de instituciones y de la Constitución. Se resiste a dejar el poder, aunque para ello masacre a su pueblo, y lo más lamentable es que sobre esa tragedia existen gobiernos dispuestos a tenderle la mano de la neutralidad, mientras a sangre y fuego trata de aferrarse a la Presidencia, de manera por demás patética.

Desde que se produjo el último cambio de mando en el Ministerio de Relaciones Exteriores, cuando el anterior canciller renunció antes de continuar la decisión presidencial de expulsar al jefe de la Cicig, Iván Velásquez, la diplomacia guatemalteca ha dado pasos hacia atrás, como el abandono de los migrantes, el intento de manipulación al presidente Donald Trump y al Gobierno de Israel, con el traslado de la embajada guatemalteca a Jerusalén, o también el fallido intento de expulsar al embajador sueco Anders Kompass.

El gobierno guatemalteco asume una de las actitudes más incoherentes, cuando días antes había condenado la violencia en Nicaragua, y mientras el Congreso emite un punto resolutivo en el que se repudia la represión gubernamental, lo cual vuelve a dejar mal parados a los máximos representantes de la diplomacia nacional y, con ellos, al país.