Opinión

Liberal sin neo

Las trampas del poder absoluto

Fritz Thomas

Fritz Thomas

Si había duda sobre quién tiene el poder en Guatemala, ya no la hay y es un poder absoluto. En una democracia republicana, como lo es Guatemala, detenta el poder sin haber sido electo, sin pesos y contrapesos, no le rinde cuentas a nadie, tiene una agenda escondida y basta que señale con dedo acusador para que se rindan a sus pies. Uno por uno, ha estado desarmando a cualquier foco de poder que pudiera hacerle contrapeso; los que quedan le aplauden y representan su base de simpatía, confiados en que no se volteará eventualmente contra ellos también. Hace meses publicó un artículo el Sholón Porras aludiendo al “gobierno de los jueces” y muchos estuvimos de acuerdo en su momento, pero estaba equivocado. Es el gobierno de Cicig, ante quien todos tiemblan y se apresuran a obedecer.

Todos saben cuándo, dónde y cómo empezó a tomar el poder la Cicig; nadie sabe cómo pueda terminar. ¿O sí? Quizás Iván Velásquez tiene idea del objetivo que persigue, el “estado final”. Si no vislumbra este estado final, el resultado buscado, esto tendría serias implicaciones, ya que destruye sin construir. Simplemente va cercenando dedos, manos, pies y piernas, sin idea de cómo va a quedar o sobrevivir el cuerpo; “agudizando las contradicciones”. No bastaría una visión abstracta como “erradicar la corrupción” o transformar las instituciones, sin saber a qué podría conducir. Si sabe lo que quiere y a dónde va, también esto tiene implicaciones delicadas; significa la construcción de un Estado a gusto y semejanza de don Iván y habría que confiar en que él sabe cómo debe ser Guatemala.

En días recientes ha circulado un provocativo artículo de Jonatán Lemus, “Cicig: Creado para desaparecer, diseñado para durar”. El autor señala que “los efectos no intencionados del diseño institucional de Cicig plantean una paradoja interesante; una institución internacional creada para eventualmente desaparecer, una vez inmersa en un sistema político polarizado, enfrentará incentivos para comportarse como cualquier burocracia doméstica, tratando de maximizar su poder y recursos para poder sobrevivir”. Al crear vacíos y concentrar tanto poder, la Cicig va cayendo en las trampas que esto implica; la convicción de omnisciencia e infalibilidad, el abuso, la arrogancia, intolerancia, intimidación y finalmente, hacer cualquier cosa con tal de conservar el poder. Quien cuestione, será señalado de corrupto. De seguir las cosas como van, este será el escenario, seguro.

Hace meses, Velásquez sentenció que los empresarios deberían pedir perdón y ya lo hicieron. El poder Ejecutivo, el Judicial y el Legislativo, el Ejército, el sector privado organizado y los partidos políticos, están todos en jaque. Cicig es el poder indiscutible. Cuidado se oponen o corren el riesgo de ir a parar a la cárcel, donde, si bien les va, pasarán por lo menos cuatro o cinco años en lo que se dilucida su situación. Será confiscado —extinguido— su patrimonio y el Estado no tendrá que demostrar que son culpables, ellos tendrán la carga de demostrar su inocencia. La Cicig quita y pone a su antojo mientras maneja la opinión pública. Desde el día que Jimmy asumió la Presidencia decidió que era culpable y se puso a buscar el delito que cometió. ¿Y si derrocan a Jimmy, qué? ¿Cuánto tiempo duraría Jafeth Cabrera, o bastaría con que se pusiera firmes para sobrevivir? ¿Cuando caiga Jafeth, qué? Con tanta destrucción, ¿qué se construirá? Responder a estas preguntas es importante, porque es saber a dónde vamos. Si la Cicig y Velásquez saben a dónde vamos, sería saludable que compartieran esta visión con la población.

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