Opinión

Liberal sin neo

Los para mientras son eternos

Fritz Thomas

Fritz Thomas

Reza un dicho que los para mientras son eternos. Cicig es una mutación de la otrora Minugua; instalada por diez inútiles años, sin cumplir su propósito de lograr la paz firme y duradera y fortalecer las instituciones. Los beneficiados fueron muchos burócratas y oenegeros de Argentina, Brasil, Uruguay, España, Australia y Nueva Zelanda, entre otros. Minugua condujo pronto a la Cicig, de manera que la ONU lleva más de 20 años de intervención en el país, usando a Guatemala como especie de “laboratorio”.

El mandato y acuerdo de la Cicig tiene la finalidad de “apoyar al Ministerio Público, Policía Nacional Civil y a otras instituciones del Estado tanto en la investigación de los delitos cometidos por integrantes de los cuerpos ilegales de seguridad y aparatos clandestinos de seguridad, como en general en las acciones que tiendan al desmantelamiento de estos grupos”. ¿Esto es lo que hace la Cicig? Su misión implicaría desmantelar grupos como Codeca, Cuc y otros “cuerpos ilegales de seguridad” y “aparatos clandestinos”, que con violencia y terror atacan e intimidan a la población y especialmente a la actividad productiva. Si fuera fiel a su misión, la Cicig estaría investigando y desmantelando a las maras y grupos delincuenciales, aparatos clandestinos, que viven de la extorsión, el terror y el crimen. Estos claros aparatos clandestinos no están en el radar de la Cicig ni son de su interés.

La percepción de la misión de la Cicig en Guatemala ha tenido una metamorfosis y ahora se le identifica con “la lucha contra la corrupción”, tanto en Guatemala como en los países “amigos”. Esta no es su función original y cabe preguntar si su lucha es contra la corrupción o en favor de su propia visión política para Guatemala. Nadie discute que en su momento la Cicig, junto con el MP, brindaron golpes certeros a la aparatosa corrupción incrustada en las más altas esferas del gobierno. La población aplaudió el destape de La Línea y otros casos emblemáticos, así como la caída de Otto Pérez y Roxana Baldetti. Pero eso fue hace más de tres años y, como ya se ha dicho muchas veces, no hay condenas. En el camino, la Cicig se ha convertido en un actor político determinante.

Ya no está tan clara la brújula. Luego de 11 años ¿ha disminuido sensiblemente la corrupción? ¿Se han fortalecido o debilitado las instituciones? ¿Ha disminuido o aumentado la conflictividad? ¿Hasta cuándo Cicig? Rechazo ser calificado de estar “a favor de los corruptos”, solo por hacer preguntas sensatas o, peor aún, creer que Velásquez está desenfocado, tiene agenda propia y últimamente hace más daño que bien. Claro que hay que combatir y erradicar la corrupción, simplemente no creo que eso es lo que esté haciendo Velásquez.

Hay una especie de histeria colectiva contra la clase política y con razón. Desarmarlos le gana simpatía a Velásquez, aun si no está claro cómo decide a quien persigue y a quien ignora. Mientras le tira carne mediática al pueblo, no es descabellado sospechar que prepara un terreno político a su gusto. Mucha de la población está decepcionada con Jimmy Morales; ha dado pocas muestras de tener visión, programa y carácter. Pero cuando declara que la Cicig se ha dedicado a la persecución política selectiva y tiene sesgo ideológico ¿esta es una completa tontería? Justo cuando Iván se disponía a traer a un ex guerrillero colombiano a ayudarlo a “construir” las instituciones de Guatemala, Jimmy le prohibió regresar al país. El presidente no ha querido esperar que Iván le dé el guillotinazo. Ya veremos.

fritzmthomas@gmail.com