Catalejo

Periodismo independiente: Enorme dolor de cabeza

Mario Antonio Sandoval

Hoy se celebra en Guatemala el Día del Periodista, en recuerdo a esa fecha de 1729 cuando nació La Gazeta de Goathemala, el tercer periódico del territorio del imperio español, 92 años antes de la independencia guatemalteca, en la cual la prensa política era el instrumento para la de difusión de ideas. Hay un antecedente: en 1541, hace 477 años, la “relación del espantable terremoto ocurrido en Indias en una ciudad llamada Goathemala” de Juan Rodríguez, tiene todos los elementos de la información noticiosa actual, escrita con el estilo de esa época, cercana a la llegada de los españoles, y por eso se le considera un valioso antecedente hispanoamericano. Lo considero lectura obligada para cualquier periodista de este país.

En este 2018, el ejercicio del periodismo independiente está sujeto a un feroz ataque nacional e internacional, proveniente de grupos políticos y económicos descontentos con la tarea de informar de hechos, para ellos considerados incómodos, así como de recoger opiniones y de manifestar posiciones respecto a la realidad nacional, con el agregado de dirigirse ahora a la meta de destruir a los medios, con lo cual toda la sociedad, incluidas estas personas, quedarán a merced de mensajes anónimos instantáneamente divulgados, gracias a la tecnología actual. Hacer eso equivale a pegarse un tiro en el pie. En pocas palabras, ser periodista independiente ahora es injusta y absurdamente visto como ser alguien dispuesto incluso a “destruir el país”.

Todos los sectores se benefician, directa o indirectamente, del periodismo con independencia. Todos los sectores, sin excepción, serán afectados con su desaparición, porque hacerlo renacer es imposible en la práctica. No querer verlo es inexplicable con razones valederas. Los intolerantes tienen en sí mismos, y están plenamente conscientes, a un tirano en ciernes o de alguna manera pertenecen en forma también directa o indirecta, a organizaciones mafiosas en el sentido lato o figurado de ese término. Son quienes tienen algo oculto, en tinieblas. Por eso se les debe enfrentar haciendo periodismo independiente, lo cual beneficia a la corta y a la larga a todos los grupos sociales en cualquier país, pero sobre todo a la generalidad de cada uno de los individuos.

La creación del concepto “fake news” (noticias falsas) a todo aquello contrario a un gobierno (grupo de poder) además de perverso, tiene la particularidad del convencimiento de la incapacidad ciudadana de tomar sus propias decisiones y establecer sus propios criterios. Los ataques de estos grupos no les permiten después criticar a los países totalitarios de cualquier signo ideológico, en especial quienes jocosamente se autodenominan apoyadores de la democracia, concepto sujeto desde hace tiempo a las más variadas interpretaciones y definiciones. La defensa de la sociedad y de la profesión ante este rosario de ataques es simple de decir y difícil de llevar a la práctica: tener en claro con quién de los grupos sociales existentes debe haber una política de servicio.

El camino hacia la libertad de expresión hoy, ha sido largo y peligroso. A su vera han quedado muchos hombres y mujeres de prensa, cuyas viudas, huérfanos y demás familiares son en realidad las verdaderas víctimas del ejercicio independiente de la prensa, reglamentada por normas legales específicas. Prensa Libre y yo hemos llorado la sangre derramada de nuestros colegas y de otros periodistas y columnistas. Saludo a todos aquellos cuya vida se afectó por esa ausencia definitiva: precisamente por respeto a ese sacrificio, a las personas directamente afectadas, a sus viudas y a la sociedad guatemalteca, la labor debe seguir. La idea aplicada hoy proviene del líder comunista Mao: quitarle el agua al pez. O quemar el bosque para matar al tigre. Fracasarán.