EDITORIAL

Plan de gastos con aroma politiquero

Al final, el descaro y la desesperación por incidir en el próximo proceso electoral hicieron que el Congreso le diera luz verde a uno de los presupuestos más clientelares y desfinanciados de las últimas décadas. Esto difícilmente se traducirá en votos para las agrupaciones identificadas con la corrupción, pero sí acentuará el endeudamiento de los guatemaltecos.

El mayor fiasco del nuevo presupuesto es que apuesta por el clientelismo. Solo para plazas temporales, en época electoral, se asignaron más de 20 millones de quetzales, lo cual, al igual que ha ocurrido con los últimos gobiernos, será un gasto inútil. Por lo menos en las últimas dos administraciones así ha sido, pero los aspirantes oficialistas han fracasado en convertir ese dispendio en votos a favor de sus candidatos.

La aprobación de un presupuesto de casi 88 mil millones de quetzales es una irresponsabilidad del oficialismo y de sus adláteres, quienes ven el derroche de recursos como una oportunidad para su propio beneficio, sobre lo cual no tienen la más mínima garantía y es más probable que sean otros, muy alejados del oportunismo politiquero, quienes hereden la problemática y sus discutibles beneficios.

Una vez más, el desarrollo de sectores marginados ha quedado relegado y, tal y como ocurre con los comedores sociales, el principal objetivo es beneficiar a unos cuantos miles de personas, que tampoco serán suficientes para contrarrestar el enorme desencanto con los mercaderes de la política.

Para el último año de gobierno de Jimmy Morales se pretende sorprender a los guatemaltecos con un derroche de obras y de asignaciones clientelares, pero eso no representa ninguna novedad con lo que han hecho las últimas administraciones, que con la misma tónica de proyectos populistas han intentado embaucar a los potenciales votantes, pero todos han fracasado.

El enorme daño causado a la institucionalidad y a los esfuerzos por combatir la corrupción le cobrarán una cara factura a los herederos de este régimen o cualquier aspirante que cargue con el tufo del jimmy-efecenismo, el cual ha provocado un profundo repudio entre grandes sectores por haberse convertido en uno de los peores gobiernos y, además, ser el que intentó frenar la lucha contra la corrupción.

También será uno de los presupuestos en los que con mayor descaro se dejaron bolsones para la corrupción, como la asignación de 120 millones de quetzales al Ministerio de Desarrollo Social para la construcción de plantas de tratamiento de aguas residuales. Este tipo de obras compite en inmoralidad con las obras de dragado, que nadie puede verificar sobre su cumplimiento, pues dichos trabajos desaparecen con demasiada facilidad.

Bastar ver también el nivel de endeudamiento aprobado, el cual asciende a Q19 mil 167 millones, para comprender la enorme irresponsabilidad con la que han procedido autoridades de Finanzas y el Congreso, con el único propósito de mantener con vida la vieja política, que se desmorona a pasos acelerados.

En cuestión de meses se sabrá cuál ha sido el impacto de este obtuso proceder del oficialismo y sus aliados, cuando en las urnas toque el momento de evaluar a sus protagonistas.